miércoles, 5 de agosto de 2015

Estación Santiago de Cuba

Cuando el fin de los tiempos se aproxime,
Y al orbe desolado
Consuma la vejez, tú, Mar sagrado,
Conservarás tu juventud sublime.
José María Heredia

Por la mañana, caminamos hacia la terminal de Holguín para escoger el bus que nos lleve hasta Santiago de Cuba, la ciudad más caliente de la isla y la segunda en densidad de población.


Después de cinco horas, pisamos suelo santiagueño. Y la plaza de la Revolución, junto al monstruoso monumento a Antonio Maceo, fue sorprendente como el intenso calor de la tarde. Pues, desde el cemento, emergía un calor que hacía sudar hasta al más fanático hincha de River Plate.
Y con nuestras mochilas al hombro, caminamos por la Avenida de Los Libertadores hasta la parada de un camión. Nuestro destino era ir al Parque Céspedes, para ubicar alojamiento en el casco antiguo de la ciudad.
Allí, arrendamos un departamento completo por $15 CUC (dólares) la noche. En donde descansamos de manera privilegiada con vista al mar y a dos cuadras del Parque, corazón de la calurosa ciudad.
Justamente, los habitantes viven con orgullo de su lugar y subrayan las influencias arquitectónicas que componen el Centro Histórico y sobre todo, el imponente Castillo del Morro (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO).
Además, de las reliquias urbanas, Santiago (fundada en 1515) es el lugar de donde partió el por entonces alcalde de la ciudad, Hernán Cortés, hacia la conquista de México y fue la primer capital de la isla por la trascendencia de esclavos africanos para trabajar la tierra.
También, nació el poeta José María Heredia, uno de los precursores del romanticismo en la lengua española, y yacen los restos mortales de José Martí,  el Héroe Nacional y el más grande revolucionario y pensador cubano.


Por su parte, el Parque Céspedes, es eje de reuniones sociales cotidianas, donde todas las noches, cuando la temperatura oscila los 30°, la gente se acerca a compartir la música y el ron. Ya que esta ciudad es sinónimo de celebraciones, sobre todo en épocas del Festival del Caribe.
Pues, su proximidad con Haití y Jamaica y otras islas tropicales ha dotado a la ciudad de un espíritu caribeño distintivo que se aprecia en su arte y vestimenta. Aquí, es donde vimos una gran influencia de Rastafaris, dato que en otras ciudades de la isla, no es anecdótico.
Y siguiendo con la historia de la ciudad y de la isla, es trascendental mencionar el “Cuartel Moncada”, donde hoy es un edificio escolar llamado “26 de julio”. Sin dudas, fue uno de los puntos principales que nos llevó a visitar esta ciudad. Aún, se pueden ver los disparos en las paredes y el fallido intento de tomar del cuartel por Fidel Castro en 1953: “Los muros se salpicaron de sangre: en las paredes las balas quedaron incrustadas con fragmentos de piel, sesos y cabellos humanos, chamuscados por el disparo a boca de jarro, y el césped se cubrió de oscura y pegajosa sangre. ...yo sé que sienten con repugnancia el olor de sangre homicida que impregna hasta la última piedra del cuartel Moncada.” (1)

Fuerte es la imagen de lo que fue y de lo que hoy en día representa para el pueblo cubano. La historia, viva en las paredes y en cada niño que estudia en la primaria de este edificio. Nos fuimos en silencio, interpretando que la historia se puede palpar y sentir, más allá de estudiarla en un libro o en una web.
Finalmente, después de tres noches y de caminar entre el gentío y visitar el cine y la casa de la música y el museo del ron y el puerto, partimos como los caracoles con la casita al hombro. Una noche cerrada, nos despidió de la calurosa ciudad. El ferrocarril, era nuestra próxima estación.

(1) Castro Ruz, Fidel (1981). «La historia me absolverá». La Habana: EDITORIAL: Editorial de Ciencias Sociales. ISBN.  

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