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lunes, 11 de agosto de 2014
Estación Oruro
Partimos de La Paz rumbo a Oruro para hacer una escala antes
de llegar a Potosí sabiendo que era una ciudad “aburrida” en arquitectura e
historia pero nos acobijó por dos noches.
Fue muy difícil conseguir un alojamiento acorde a nuestro
presupuesto y después de casi una hora de recorrido, abonamos un hospedaje por
100 bolivianos los tres. Allí, utilizamos nuestro anafe para cocinarnos ya que
la comida boliviana se basa en el aceite y en el pollo broaster.
Oruro, está a una altitud de 3.735 msnm y es considerada
entre las ciudades más altas del mundo. El nombre, es una derivación de Uru Uru
(ururu). Los urus son un pueblo establecido en el actual territorio boliviano
antes del Incario
La ciudad fue fundada el 1 de noviembre de 1606, por el
oidor de la Real Audiencia de Charcas, Manuel de Castro del Castillo y Padilla,
como un centro minero de plata en la región de los Urus.
Para el día de su fundación, Oruro ya contaba con 15.000 habitantes
entre mineros españoles, criollos, negros e indígenas de las etnias "Uru",
"quechuas" y "aymaras". Hoy, tiene más de 260 mil
habitantes y su principal economía sigue siendo la minería y el ingreso
turístico por los carnavales.
Revolución:
El 10 de febrero de 1781 en la Villa Real de San Felipe de
Austria (Oruro) se dio uno de los gritos libertarios de América Latina,
continuando con las rebeliones contra la corona española. En aquella
oportunidad la revuelta libertaria dirigida por Sebastián Pagador y otros
caudillos emite la solemne proclama: "Amigos paisanos y compañeros: en
ninguna ocasión podemos dar mejores pruebas de nuestro amor a la patria, sino
en ésta, no estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémosla gustosos en
defensa de la libertad".
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jueves, 7 de agosto de 2014
Estación La Paz
Cerca del mediodía el bus desde Copacabana nos dejaba sobre
la avenida Sucre, sobre la cual se estaciona la estación principal del
teleférico boliviano. De allí caminamos unas tres cuadras hasta la terminal
terrestres de la capital del Estado Plurinacional de Bolivia.
Nuestro hogar de destino, hostal “El Carretero”, se
encontraba ubicado a unas diez cuadras del terminal, recto por la calle
Catacora. Allí moramos tres noches a treinta bolivianos cada uno ($50). El
mismo cuenta con cocina, un patio común, baño compartido con agua caliente. En
él se hospedan mochileros de todas partes del mundo, especialmente de
Sudamérica.-
La Paz nos sorprendió con una plaza de armas poblada por
palomas que sitian el asfalto y las veredas de cemento. A la izquierda de la
casa de gobierno, un reloj rebelde marca el paso del tiempo a contra mundo:-“El
reloj marca el tiempo que precede a la conquista”- nos cuenta Carlos, un joven
de veinte años que trabaja medio tiempo lustrando los zapatos de los transeúntes
e invierte la otra mitad del tiempo estudiando ingeniería agrónoma.
En el 2005 el querido Evo torció el destino de las cuerdas
de un reloj que, sentenciado a las cadenas de la opresión, marcaban las horas
de sometimiento del pueblo boliviano. Desafiando el relato oficial de la
historia “camba”, este humilde coya aimara rompió las cadenas opresoras y,
torciendo el tiempo de la derrota, dio vueltas las cuerdas del reloj que hoy
marcan, de izquierda a derecha, el paso de la historia de un pueblo libre y
consciente de su poder libertario.
La ciudad descansa sobre la planicie en el centro de un vale
rodeada de montañas nevadas en sus cumbres. En “el alto” habita el mayor
porcentaje de la población paceña: hacia allí nos dirigimos el segundo día a través del teleférico, inaugurado en el año
2013.
El sábado, ultimo día
de estadía en la ciudad, encaminamos nuestros pasos hacia el Valle de la Luna.
Tomamos un bus con destino al parque por catorce bolivianos ($23) ida y vuelta.
La entrada nos costo quince bolivianos cada uno ($24) y transitamos un circuito
de 45 min. Por senderos de piedras blancas con tez de arcilla que emergen de la
superficie en puntas perfectas, reproduciendo el espejo de la diosa Killa
(luna).
Partimos de La Paz con destino a Oruro. Al día siguiente Evo
visitaría la Republica Bolivariana de Venezuela al cumplirse el natalicio del
gran comandante Hugo Chávez Frías.
(…)“Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos,
con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía
y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde
predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica,
social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en
convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda
para todos.
Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y
neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado
Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que integra y articula
los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora
e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre
determinación de los pueblos” (…) – declara el preámbulo de la constitución
boliviana. –“Evo nos devolvió la dignidad como seres humanos, hijos de la
tierra”-nos cuenta emocionado Edilberto a orillas de las Isla del Sol.
Cargamos nuestras mochilas destino al sur con rumbo cierto a
nuestra amada tierra argenta. El camino nos va enseñando que a veces, en
ocasiones sólo es cuestión de animarse a hacer realidad grandes sueños pero
otras tantas, la mayoría, solo se trata de tener el valor de esperar el momento
apropiado y atreverse a torcer las cuerdas del reloj...
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Estación Isla del Sol
“He llegado a la conclusión de que el
Premio Nobel de la Paz jamás va ser para movimientos sociales o personalidades
anticapitalistas y antiimperialistas. De eso estoy convencido” Evo Morales
En periodismo, te enseñan que para escribir
una nota, debes titular al inicio para no perder el hilo conductor de la
redacción.
A veces, no hacemos caso a la regla y el
título lo escribimos al final, cuando la crónica está corregida y visada para
ser publicada.
En esta oportunidad y pensando en
Heriberto, el hombre en cuestión, no tuve dudas en escribir el título pensando
en su persona. Pues, la embarcación que dejo el muelle a las 8.30 horas, iba
calmo por las aguas del majestuoso Titicaca, cuando un hombre vestido con la
camiseta del Club Bolívar, se presentó ante los tripulantes: “mi nombre es
Heriberto y seré el guía de la caminata de la Isla del Sol, de norte a sur”.
Su sonrisa, le cubría el rostro en cada
pausa y su mirada, destilaba, una enseñanza ancestral: “mi lengua es quechua y
hace dos años aprendí hablar en español”. Y continuó “me cuesta decir algunas
palabras así que ustedes me irán corrigiendo y yo estaré aprendiendo, también
de ustedes”.
La nave, llegó al sitio requerido y pagamos
un ticket de ingreso ($5 bolivianos), nosotros, abonamos como bolivianos porque
así lo habíamos charlado con el dueño de la embarcación. Subimos una cuesta e
ingresamos al sitio arqueológico, luego visitamos la mesa sagrada y la piedra
con la cara del jaguar.
Heriberto, hablaba y explicaba la historia
de sus antepasados en cada paso de la isla y remarcaba que él era Tehuanaco y
no de descendencia Inca. En una ocasión, el sendero nos encontró a la par y nos
miramos con admiración:
- Heriberto –le dije- ¿no cree que la isla
está contaminada por el dinero?
- Sí – fue su cortita y rotunda respuesta.
- De esta manera –le pregunté- ¿no tiene
miedo de perder su cultura y sus tradiciones?
- Nosotros –me dijo- ya vestimos como
civilizados y los niños, están más preocupados por el celular que en ayudar a
cultivar la tierra.
Con la voz entrecortada, me afirmó que “el
sistema capitalista todo lo puede y que la misma situación se vive en cada
rincón del mundo”. En tanto, todos seguíamos caminando y él, le explicaba al
grupo, la forma de vida de sus ancestros.
En una pausa, preguntó mi nombre y se echó
a reír con afecto. Entre muchas palabras que mencionó, mientras escribo estas
líneas, aún me siguen retumbando en mi cuerpo la afirmación de que “con Evo
Morales hemos podido ser hombres libres en Bolivia”.
Antes –dijo- no podíamos ir a La Paz y
pisar la Plaza Murillo. Mis ojos, se empaparon de dignidad, de identidad
cultural, de práctica social y de costumbres. Así, el camino hacia e sur, iba
llegando a su final.
La zona sur de la isla, se vestía de
hospedajes y restaurantes y nuestro barco, esperaba en la orilla para zarpar.
Heriberto, se acercó y me pidió (rogó) el
chaleco polar que portaba con el bordado de “Argentina”. Dudé un instante
porque era un obsequio de mi hermano Marcos pero entendí que iba a estar feliz
cuando le cuente la historia de vida de Heriberto.
Finalmente, a casa, me llevo el viento de
la isla, la compañía de Tama y Leo, algunas fotografías, el recuerdo de un gran
hombre y la casaca de Bolívar, que ahorita tengo puesta, que me dio de
agradecimiento por nuestra amistad.
Cerca de las 18 horas, llegamos a
Copacabana y arreglamos las mochilas porque al otro día partíamos hacia La
Paz.
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Estación Copacabana
"Cuando se tapa la taza del baño, ¿qué
es lo que hacemos?, llamar al plomero (...) sin embargo el plomero no puede
arreglar, y nos dice: dame cinco bolivianos, ocho bolivianos, ¿para qué? para
comprar Coca Cola. Compra la Coca Cola y la echa a la taza del baño, pasan
minutos y ya está destapada (...) Imagínense, ¿qué químicos tendrá la Coca
Cola?". Evo Morales
El bus, caminaba de Puno a Copacabana por
los senos de la Pachamama y los rayos de sol, ingresaban por las ventanillas en
la madrugada naciente cuando un grupo de chilenos, luego de pasar el control
migratorio, exclamaban su inconformismo contra el pueblo boliviano por “como
tratan a los europeos” en este país.
Disgustados, afirmaban en grupo la bronca
de que se les cobre un canon por ingresar a Bolivia o que paguen de más por su
condición de gringo. Seguramente, el minúsculo grupo de viajeros trasandinos,
desconoce la historia de los pueblos de América del Sur y su mirada
eurocentrista les prohíbe sentirse parte de la herencia sanmartiniana.
Al escuchar estas afirmaciones, levantamos
la voz para llamarle la atención, diciéndoles si sabían como tratan los
europeos a los latinos que pisan su tierra y aún más, si eran conscientes del
saqueo que produjeron en los años de conquista y luego, en el colonialismo
liberal.
Por lo tanto, el bus, seguía acariciando el
lomo de la Pacha y el Lago Titicaca, nos bañaba en su esplendor. Pasado el
medio día, pisamos Copacabana y nos instalamos en el hostal “Sol de Mayo” por
$15 bolivianos por persona con agua caliente y cocina.
En el camino al hospedaje, nos cruzamos con
dos argentinos, Nahuel y Pablo, con los cuales compartimos las tres noches en
esas latitudes. Allí, decidimos conocer el pueblo y visitar la Isla del Sol
para embarcarnos en el inmenso lago de América.
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sábado, 2 de agosto de 2014
Estación Ollantaytambo
Para la lengua quechua, el nombre proviene
de la palabra Ollanta (que es el nombre de un capitán Inca) y del
término, tambo, una derivación española del vocablo quechua tampu; que
quiere decir, "ciudad que ofrece alojamiento, comida y consuelo a los
viajeros".
Este pequeño pueblo sumergido en la montaña
tiene un encanto particular, más allá de que esté en el Valle Sagrado, sus
callecitas empedradas y sus muros, le dan un sentido ancestral.
Nosotros, llegamos con el cuerpo castigado por las 9 horas de caminata por las vías del tren pero con el alma ensanchada
de felicidad. Por todo lo que habíamos vivido y por lo que aún teníamos que
procesar de lo acontecido. Y este pueblo, fue el lugar ideal para llevar a cabo
nuestros pensamientos.
El frío, se hizo presente por las noches y
el calor, quemó nuestros cuerpos durante el día. La inmensa ruina que viste la
zona norte del pueblo, nos sirvió de escenario para matear junto a unas piedras
y contemplar el viento, que acariciaba nuestro ser.
Allí, conocimos a unos artesanos, padre e
hijo, y fuimos cómplices de una charla que duro horas. Una charla que trató
temas de interés social, cultural y político y por los cuales, casi no nos
ponemos de acuerdo en muchos de ellos.
Así, nos fuimos a almorzar para luego
partir rumbo a Cusco, en donde nos esperaban las mochilas para seguir viaje
hacia Copacabana, Bolivia.
Ollantaytambo - El sector ceremonial
Estaba dedicado principalmente al culto de "Unu" o "Yaku"
(deidades del agua). Por ello, existieron una serie de fuentes que sirvieron
para este fin, como el Baño de la Ñusta, que es una de las fuentes labradas en
una sola pieza de granito, de 1.30 metros de alto por 2.50 metros de ancho. Es
una de las más conocidas y todavía fluye agua de su interior.
Este lugar está constituido por una corta planicie que lleva a un enorme cerro
en cuyos lados se ubican diversos monumentos arqueológicos. El principal de ellos
se ubica en la cima y es conocido como La Fortaleza o Casa Real del Sol.
Las Terrazas de Ollantaytambo
Hacia la derecha se ubican los andenes orientados hacia el lado de la plaza. El
grupo superior de éstos, destaca por el fino labrado de sus piedras y su
excelente ensamblaje. El último andén contiene el recinto con diez hornacinas,
llamado también, el Templo de las diez ventanas, y la Portada Monumental, cuya
función aún se desconoce.
Destaca también el Inca Misana, un acueducto tallado en las piedras de la
montaña, junto a una fuente litúrgica, pequeñas escaleras, y nichos de aperturas
falsas; que servían como lugar donde el Inca hablaba a su gente.
La posición privilegiada de Ollantaytambo, permitió que hubieran otros
edificios pequeños localizados estratégicamente en ángulos altos de las
montañas, para controlar el movimiento de la gente en el valle. (www.cusco-peru.org)
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