miércoles, 21 de mayo de 2014

Estación Playa Caribe

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?
En sueños, la marejada me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar. Padre, 
¿por qué me trajiste acá?
Rafael Alberti. 

Perecieron mis ojos al encontrarse con este paraíso en el medio dela nada. Llegamos al mediodía acompañados de un calor que nos corroía la piel. Al bajar del taxi abonamos los veinte bolos que costó el traslado y el chofer muy despreocupadamente nos indicó:- “Esto es playa Caribe” 
-Nos miramos desconcertados. No había mercado, no había kiosco, ninguna señal de urbanización exceptuando el inmenso mar caribeño vestido de un turqueza tan claro que encandilaba, tres paradores con carpas y reposeras y un grupo de turistas con sombreros raros.
-“¿Qué hacemos acá?” Nos miramos y reímos a carcajadas. Dejamos las mochilas bajo un toldo abandonado y Pechu, cuan comandante a cargo del ejército, salió a buscar refugio.
Nos recibió un muchachón de 27 años, Alexander, nos indicó una posada cerca de allí donde podríamos dormir.
Entonces este caribeño de piel tostada por el sol le prestó a Gonza su bicicleta. La suerte le dio la espalda al yiramundi que clavó una espina considerable sobre la cubierta del rodado y lo dejó a pie de regreso a la playa y a Alexander sin el único móvil para trasladarse del pueblo al trabajo. Nobleza obliga, repusimos la cubierta rota dándole cien bolos equivalentes al arreglo del rodado.
El hostal costaba unos 2500 bolos ($450) por noche. Suma imposible de pagar para dos yiramundis que viajan por la carretera. Asi que, con la mejor buena vibra, Ale nos ofreció poner la carpa en un parador de la playa sin abonar ni un solo bolo.
¡No lo podíamos creer! De este modo se fueron dando las cosas y armamos la carpa a diez pasos de este mar maravilloso.
Conocimos a Jose, otro caribeño muy agradable, dueño del parador “La Sirena” quien nos brindó una muy buena bienvenida dejándonos un sabrozo plato (pescado con arroz y vegetales) por 200 bolos el equivalente a $32.
El mediodía rajaba la piel y almorzamos refrescándonos con unas birritas heladas a 15 bolos c/u ($3). Luego Jose nos invitó unas cervezas más y bajamos al mar un poquito mareados a darnos un chapuzón.
Alrededor de las seis de la tarde un mágico atardecer nos invitó al encuentro. Allí estaban la luna y el sol. Uno, partiendo. Regalando besos de amor. La amada contemplándolo sin poder tocarlo, llenándolo de estrellas. Entonces el sol, apesadumbrado por no poder besarla, se escondió tras el mar que lo arropaba dándole el consuelo que la noche le quitaba. Las estrellas salieron a danzar y nosotros, acompañamos la melodía tomando unos mates.
Nos presentamos ante Edgar, el guardia del lugar quien nos indicó algunas  normas sobre el funcionamiento del lugar.
Cenamos unos fideos con atún y nos fuimos a dormir a las diez de la noche.
La carpa estaba tibia, la cama dura pero éramos felices.
Así como el sol y la luna esperaban el encuentro armonioso con la bendición del mar, así nos abrazamos, recostados sobre la brisa caribeña que, danzando sobre las olas, nos daba la bienvenida.
El segundo amanecer nos sorprendió con la presencia de Araceli, una hermosa isleña de cuarenta años cuya hospitalidad y armonía nos enamoró tanto como la isla misma.
Trabajaba en el balneario que en realidad era la casona de un español llamado Antonio. Ella era la casera del lugar y se encontraba viviendo allí hasta el regreso del patrón. Fuimos a saludarla. Como todas las mañanas en la isla, esa mañana brillaba el sol con incandescencia. Hacía mucho calor y Araceli junto a su hijita  Javieris de seis años y su sobrina, limpiaban la casona blanca.
Nos contaba de su vida en la isla. Que hacía tiempo vivía allí pero que era oriunda de un pueblito llamado Cumanacoa. Que su familia era humilde. Que su papá había fallecido. Que era la única mujer entre cinco hermanos. Tenía cuatro hijos: dos varones y dos mujeres. Los dos mayores estudiando en la universidad. También tenía un nieto de cinco meses y era feliz.
Araceli nunca paraba de sonreír. Se sorprendía con nuestros relatos. Todo en ella era una inmensa admiración. El año entrante viajaría con los dólares que el gobierno chavista les daba: tres mil dólares de los cuales sólo debería devolver cincuenta mil bolos, un equivalente a ochocientos dólares. Quería conocer Panamá. Argentina, decía, quedaba muy lejos.
Soñaba la isleña, tenía sueños atrapados en un llamador. Sus ojos brillaban, su sonrisa era tan limpia como el mar que nos abrazaba.
Esa tarde nos limpió el baño del balneario y lo dejó disponible para nosotros.
Caía la tarde en playa Caribe y después de un chapuzón refrescante, nos sentamos a contemplar el amanecer enredados en palabras con nuestra amiga y su niña.
Entre palabra y palabra, le hablamos de nuestro país, de la realidad que percibíamos y de la que nos querían hacer percibir. Le hablamos de lo enamorados que nos tenía Venezuela y de nuestra admiración por Chávez. Nos miró y sus ojos se nublaron en lágrimas que no se animaban a escapar. Se conmovió al recordar al hombre que, para ella y para tantos otros venezolanos, fue capaz de devolverles la esperanza y los sueños. –“A Chávez lo matamos nosotros”- dijo.-“él murió  por nuestra culpa. Estaba recién operado y sin embargo salió a hacer campaña por su pueblo. No lo cuidamos. Yo lo extraño”- También algunas lágrimas cayeron de nuestros ojos y recordamos el cuartel de la montaña, las casitas de colores, el recuerdo de Hugo en cada pared.
Al otro día desayunamos en la casona: cocotoa y arepas que Araceli cocinó. A las ocho de la mañana partimos para Juan Griego a recorrer sus calles y conocer a su gente.
Paramos un carro (taxi) que nos cobró 40 bolos ($6). El chofer nos enriqueció con una copla dedicada a su pueblito Altagracia. Copla que gravamos para tenerla en la posteridad.
Nos encontramos con un hermoso pueblo: lanchitas de pescadores bordeaban la costa del lugar, en ella cientos de pelícanos miraban a la gente pasar. Casitas coloniales vestidas de muchos colores adornan sus calles, una plaza que enaltece el nombre del libertador Bolívar, como casi todas las plazas en Venezuela, constituye el centro del lugar, rodeada de puestos de diferentes tipos.
Caminamos hacia la terminal y fuimos testigos de un velorio en plena calle, cortada por los familiares y amigos del fallecido que moraba dentro del hogar.
Regresamos a Playa Caribe a las ocho de la noche y cenamos junto a Araceli quien nos preparó un arroz con pollo y mazorca (choclo).
La noche estaba tempestuosa. Un viento muy fuerte soplaba en la isla. Estaba triste la luna que nos despedía. Tan triste como nosotros de despedirla.
Como un regalo del cielo, Araceli nos ofreció dormir la última noche en la casona así que armamos las mochilas y descansamos serenos.
Partimos muy temprano al otro día y al despedirnos nuestra amiga nos obsequió una virgencita de la isla:- “Para que los cuide en el camino”- nos dijo y la abrazamos muy fuerte para no soltarla nunca.
Con el corazón lleno de nostalgia nos despedimos de playa Caribe. Dejamos allí a tres amigos increíbles. Regresamos a paso lento hasta Juan Griego y llegando al pueblo, un taxi se apiadó de nosotros y nos transportó hasta la terminal. Allí subimos a un bus con destino a Porlamar para luego tomar otro camino a Punta de Piedras.
Al subir al ferri nos despedimos definitivamente de la isla, de la luna, de su mar cálido y cristalino y de su gente humilde, noble y curtida por el calor del sol.
Cargados de nostalgia llenamos la memoria. Ahora ellos también viajan en nuestras mochilas.

Estación Aluminé

Partimos de Argentina con la decepción de no poder presenciar el nacimiento de Alu, la primer "mujer" Niggli de la familia.
Sin dudas, todo un acontecimiento, después de ser 4 hermanos varones y más aún, del nacimiento de Nazareno, hasta entonces, el único sobrino.
Luego de unos días en Caracas y de no tener noticia alguna, nos conectamos en Playa El Agua y nuestros ojos se humedecieron de emoción al ver una foto de la beba recién nacida junto a Ceslete.
Con tama, nos abrazamos y reímos al mismo tiempo, ante las miradas curiosas de los demás internautas.
Pues, al comentar una foto, Marcos, que también estaba conectado en Buenos Aires, nos escribió: "Gastón dice que es igual a mí, peludita y negrita".
Seguramente, habrá nacido como dice Shakespeare "el niño llora desconsoladamente por haber abierto los ojos en un mundo lleno de locos".
Pero, sin dudas, ha florecido de felicidad a la abuela Inés, que tanto ansiaba una beba en la familia.
A la distancia, todo se agiganta. por no estar en el lugar indicado o justamente, por estar en el sitio buscado y no poder abarcarlo todo.
Somo tíos, otra vez, y nuestras almas, están llenas de mariposas... Felicidades papis!!!

Estación Playa El Agua

Necesito del mar porque me enseña / no sé si aprendo música o conciencia / no sé si es ola sola o ser profundo / o sólo ronca voz o deslumbrante / suposición de peces y navíos.

Pablo Neruda

Después de una combinaciòn de bondis (Punta Piedras-Porlamar-Playa El Agua) llegamos al destino trazado en el mapa.
El chofer nos dejò en la mismísima playa, en donde la refinada arena blanca y la mar cristalina, nos recibiò a pleno sol.
Tamara, maravillada anta tan imponente esecenografía, no paraba de reírse de emoción: ¡Es lo que siempre soñé! gritaba a viva voz ¿Quién nunca soñó bañarse en el caribe? es imposible no pensarlo.
En tanto, Gonzalo, salió en busca de un hospedaje y consiguió junto a la vía una posada por Bs. 400 la noche ($80 argentinos) con TV, aire y baño privado.
justamente, allí descansaron los días en aquellas hermosas playas. vale recordar la importancia del televisor, ya que el domingo, Boca jugaba con lanús en la Bombonera y quizás, por desgracia del buen fútbol, pudo haber sido el último partido de Juan Román Riquelme en el equipo más popular de América.
Las horas, se fueron gastando en la playa, en las rondas de mate, en caminatas por el pequeño pueblo que a las 7 pm apagaba sus luces y en muchas charlas, que por las noches eran acompañadas por unos besos de cerveza.

Próxima Estación, Playa Caribe... pase lo que pase, sea lo que sea, a nuestra manera (Radio Yiramundi)

martes, 20 de mayo de 2014

Estación Isla de Margarita

Con pocas chances de viajar a Cuba, partimos de Caracas hacia Puerto La Cruz, para bañarnos en las aguas del oriente venezolano.
Pasadas las 17 hs, pisamos la terminal y decidimos tomar el ferry hacia la isla.
Mientras hacíamos la fila para comprar el ticket, nos informan que ya no había pasajes para el ferry de las 18 hs.
Sin dudas, creíamos que la mala suerte nos estaba persiguiendo. Finalmente, habilitaron un barco para la 1 de la madrugada y con boleto en mano, esperamos el horario de la partida en el puerto.
Entendimos, en este viaje de contradicciones y apertura a lo desconocido, que no debemos renunciar a la libertad impuesta porque seria como renunciar a nuestra propia existencia.
Embarcamos en "Navibus" y navegamos mar abierto hacia la turística isla.
Después de 5 horas, llegamos a Punta Piedras y la incertidumbre nos envolvió nuevamente.
La consulta a un kiosquero, nos habilitó para rodar hacia Playa El Agua (ver aparte). Luego de unas noches increíbles, rumbeamos para Playa Caribe (ver aparte), en donde la estadía fue mágica.
Después de una semana, decidimos tomar el ferry hacia Cumaná, para regresar a tierra firme y seguir recorriendo el oriente venezolano.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Estación Comandante Hugo Chávez

“No sería extraño que en Marte haya habido civilización,
pero a lo mejor llegó allá el capitalismo,
llegó el imperialismo y acabó con ese planeta” (2011).
Comandante Chávez

El Cuartel de la Montaña (también conocido como Museo Histórico Militar) es un edificio multiuso que se localiza en el sector de la planicie en la parroquia 23 de enero del Municipio Libertador en el Distrito Capital al centro norte del país sudamericano de Venezuela y al oeste de la ciudad de Caracas.
Tras el fallecimiento de Chávez en marzo de 2013 el gobierno de Nicolás Maduro decidió adecuar el espacio para que funcionara como Mausoleo y museo donde se exhibieran objetos relacionados con la vida del presidente Chávez, conservando su condición de Museo Militar adicionalmente.

Por Gonzalo:
Gregorio, militante chavista de los barrios de caracas, nos invitó ir a visitar el “4 F”, donde reposan los restos del Comandante Chávez. Si dudarlo, fue la primera acción que ejecutamos en la capital bolivariana.
Tempranito, tomamos un bus rojo, que al llegar al cuartel, nos dijeron que el viaje era sin cargo, ya que íbamos a visitar al e presidente.
A primera vista, nos impresionó la arquitectura del destacamento que fue realizado en forma de castillo en 1911.
Además, la atmósfera que lo acobija impresiona. El barrio 23 de Enero, está tatuado por centenares murales con las imagines del Che, Bolívar, Sub Marcos y Chávez.
En el acceso, un guía esperaba por nosotros, que junto  a un puñado de chavistas, empezamos el recorrido. A medida que nos sumergíamos en el cuartel, la presencia de Chávez se agigantaba.
El paso de las banderas, el cañonazo de las 4:25 y la vista  del Palacio de Miraflores, ahogaban nuestro llanto.
Las boinas rojas y los trajes verde oliva, decoraban la escena. Murales de Miranda, Bolívar y de Alí Primera, resguardan el féretro del  Comandante.
Pues, debo confesar, que la energía de este sitio, me hizo recordar a la visita que realicé años atrás en Bolivia, cuando pisamos junto a Marcos, La Higuera y Vallegrande, para seguir la Ruta del Ché.
Porque estos hombres, convertidos en mitos, trascienden fronteras, revolucionan sus vidas y también la de un pueblo.
Un pueblo que lo abraza y lo sufre, que lo enaltece y lo aviva, por su pasado y por su futuro.
Gracias Comandante.

Por Tamara:
Subiendo la sima hacia el cuartel, desciendo de un bus viejo que en cuyo respaldo aguarda Dios para cubrir mi espalda. Allá, a diez pasos de mí, la inscripción en un mural me sorprende y me da la bienvenida: “Chávez somos todos”; y entonces el comandante me saluda con una inmensa sonrisa, en un gesto armonioso me abre las puertas de su hogar.
Alrededor del cuartel, el barrio 23 de Enero protege su lecho, lo adornan casitas bajas, coloridas, populares. En cada una de sus paredes Hugo sonríe, su cara no deja de relucir. En estas calles existe y resiste, en este barro de pueblo que supo abrazar, el comandante sobrevive a la misma muerte y la gente sigue gritando su nombre con una fe que rebalsa los límites de Dios pues Hugo Chávez es otro muerto que no para de nacer.
Me acerco tiesa. Un cañón recuerda cada tarde que a las 16:25 hs de cada día, el revolucionario latinoamericano abandonó la tierra hacia un encuentro con el Che.
¿Quién es éste que vive en cada pared de la ciudad de Carcas? ¿Quién es este hombre que ha sobrepasado los límites inimaginables de la devoción?
Abren las puertas del recinto y veinte renglones tallados en mármol frío reproducen un discurso único, eterno, esperanzador: “Oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo ante el país y antes ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano”. Palabras de un hombre que caminaba rumbo a la muerte. Palabras que recita un hombre que, entregándose al destino inexorable de la finitud del cuerpo, desprende su canto de libertad, de resurrección, de redención.
Me paro frente a su lecho. Una orquídea  sostiene su descanso eterno. Todo es blanco, claro como la claridad que emana de la luz; única luz: la luz del amor, del amor a la revolución. Me descubro allí, en ese pétalo, en esa orquídea. Pues también lo sostengo y apenas acabo de saberlo y lloro. Una inexplicable sensación de desamparo me invade el alma, el cuerpo, la mente y la sangre y lloro. Lloro con desconsuelo por haberlo perdido y por haberlo encontrado. Lloro porque fue mío también y recién lo descubría. Lloro porque en el llanto desgarro tanta impotencia. Lloro porque los muertos resisten en el llanto. Lloro porque en mi llanto llora el barrio 23 de Enero, el barro del pueblo, las casas de colores, la lucha incansable del pobre que nada tiene excepto su dignidad y su esperanza de un futuro mejor. Lloro por la pérdida inexplicable de un combatiente de la vida.
Era yo una mujer insignificante parada ante la inmensidad de un hombre que acababa de descubrir. Reconocí todo el amor que me había dado y sentí bronca por haberlo perdido. Volví a llorar. Porque a pesar del dolor, la idea persiste. La emoción de la soledad en esa orquídea de mármol. Lloré porque sentí esperanza. Porque Chávez no ha muerto. Porque está vivo en mí.

¡Hasta la victoria siempre, mí querido comandante!

lunes, 12 de mayo de 2014

Estación Caracas

“Tenemos que ser creativos continuamente. 
Hay que buscar la teoría; 
no hay revolución sin teoría revolucionaria.”
Hugo Chávez 

Estar en tierra firme, después de muchas horas de vuelo fue gratificante y más, si nuestros pies iban a ser marcados en tierras bolivarianas.

La policía aeroportuaria, luego del visado correspondiente, nos ofreció cambiar dólares. Pues, accedimos, sabiendo de la irresponsabilidad de la ley pero la hora apremiaba ya que el día ya era noche.
Luego, tomamos un bus hacia el metro "gato negro" y bajamos en la estación "ciudad universitaria". Pues, nos restaba caminar unas cuadras para dar con el Ateneo Popular y sinceramente, fue la obra más difícil.
La calle "Vasrgas" era desconocida por los vecinos de Los Guaramos, barrio del hospedaje, y con las mochilas a cuestas, caminamos sin dirección hasta que un chamo, se hizo de su teléfono para colaborar con nosotros y dimos con el destino buscado.
Cerca de las 20 hs encontramos el hospedaje y la buena gente, Gregorio y Juan, que a{un recordaban la estadía de Marcos y Celeste, por 2011. Situación que nos llenó de orgullo, sabiendo que los Yiramundi´s vamos por la carretera dejando nuestras huellas.
En el Ateneo, entre charlas, macramé y mate, nos quedamos tres noches para luego partir hacia Oriente pero antes de visitar esas aguas cálidas del caribe, vivimos intensos momentos que quedarán en nuestras retinas como fotogramas: la plaza Bolívar, el barrio 23 de Enero, el Silencio, el Capitolio, el Palacio Miraflores, la casa del Libertador de América, fueron encantadores para el cuerpo.
Pero como no sólo estamos compuestos de materia, el alma también bailó y se hizo añicos, se retorció de emoción y se bañó de revolución, cuando pisamos el "4 F" Cuartel de la Montaña (ver aparte).
En fin, Caracas, es el reflejo de un país que vive con el "miedo" impuesto por los medios masivos de comunicación y el espejo de los barrios de la clase obrera que con su cuerpo se ha enfrentado a la "guarimba" para defender un Gobierno Socialista en América del Sur.
Chávez Vive y la Lucha Sigue...

Próxima Estación, Puerto La Cruz...

jueves, 8 de mayo de 2014

Estación: “La Previa”

Santa Teresita: Jueves 01 de Mayo
Una vez más nuestro rancho se vistió de fiesta. Nos encontramos en un tierno abrazo fraternal, un abrazo cálido, eterno. Un abrazo de esos de los que cuesta desprenderse, casi desesperadamente reímos como locos: treinta locos riendo en fraternidad. 

Alrededor de las 21:00 hs  se encendió el fuego sagrado de la parrilla del rancho al mando de Nico “el cabeza” Pieroni y Juanchi Machado y el Tano Ricci como ayudantes consagrados. El menú: hamburguesas y lomito a la parrilla. También hubo menú vegetariano para las amigas de siempre.

Entre Fernet con pomelo y música y risas; así casi descuidadamente la noche nos fue acercando hacia el ritual de despedida. Una despedida que comenzó recibiendo el nuevo año y nos encontró desvelados el 1 de mayo.
Cuan trabajadores de la vida, brindamos ininterrumpidamente por los abrazos postergados, por la carne a la parrilla, por la patria fernetera y, especialmente y por sobre todo, por la ruta que nos esperaría el 6 de mayo camino a Caracas.
La noche nos encontró bailando al son de una rola de kapanga, una rola que nos invitaba al insomnio, que nos permitía aletargar por unos minutos más las cuerdas del reloj.
Cantamos, bailamos, volvimos a cantar y a reir a carcajadas. La risa fue la invitada de honor en esta fiesta de locos.
Fuimos gastando las cuerdas de la noche y los amigos fueron partiendo. Nos dejaron deseos de los buenos, nos llevaron el alma de pila para el viaje. Dejaron la parrilla vacía, y algunas manchas de vino tinto desparramadas por el suelo. Y también nos dejaron llenos de nostalgia…
“Esta es una fiesta de locos pero no soy el único que está loco…” treinta locos más nos acompañan, los cargamos en nuestras mochilas rumbo a Venezuela.

Buenos Aires: Viernes 2 de Mayo

Partimos de Santa Teresita a las 16 horas y nos subimos al auto del “pelado” rumbo a la ciudad de Bs As. Con nostalgia y recelos, cerramos la puerta de nuestro hogar y dejamos allí a nuestro mejor amigo: Guevara.
Unas lagrimas salieron de nuestros ojos al verlo ahí, llorando también, sabiendo que pasarían 4 meses para volverlo a ver, teniendo la certeza que muchas tardes como esta, estaríamos deseosos de abarazarlo, apretar sus orejas y dormir pegado a su hocico.
En Babylon nos esperarían más amigos, hermanos y despedidas.
Allí brindamos junto al negro Niggli, Celes, Gamu, Debi, Romi y el negro Pérez. Hubo cervezas, picadas y nuevamente, el domingo nos sorprendió comiendo un asado en el patio de la morada de Gamuza.

Lunes 5 de Mayo

Alrededor de las 20 hs comenzamos a acomodar las mochilas para el viaje. Ingrata sorpresa nos cacheteó en la mejilla cuando nos dimos cuenta que habíamos olvidado los pasaportes en Santa Teresita.
Con un nudo en el estómago, en medio de una escena que nada debe invidiarle a una tragedia clásica, llamamos a la familia para que hurgaran en nuestro rancho con la ilusión de encontrar los documentos.
En tiempo record, sonó el timbre del depto del negro Niggli y el hombre más hermoso del mundo, nos rescató de la tragedia para conducirnos nuevamente a nuestro cuento de fantasías.
Rumbo a ezeiza, los nervios fueron tejiendo la acidez estomacal. Buenos Aires apenas comenzaba a despertar y la noche nos encontraba rodando en la autopista rumbo al aeropuerto.
El auto, nos conducía hacia nuestro sueño. Las mochilas viajaban serenas, pasaporte en mano, partimos rumbo a Lima.   

Lima: 6 de Mayo

En el aeropuerto anduvieron nuestras mochilas mareadas, gastadas, aburridas y cansadas de rodar por el espacio carcelario que significa ingresar en un aeropuerto. Vigilancia absurda, desgastante, agotadora. Una procesadora de tolerancia que espera constante del permiso.
Dadas vueltas hasta el mareo, chequearon mochilas, camperas, y hasta zapatos y cinturones. Pasaportes, pasajes, caras, nombres y nacionalidades.
Durante el vuelo una turbulencia volvió a retorcer nuestros nervios ¿Quién dijo que en el cielo sólo existe la calma?
Y entonces miramos por la ventanilla mientras el avión se elevaba, pasamos el nubarrón que cubría el cielo de la ciudad de Lima y un sol nos abrazó entre las nubes. Volamos alto, donde la claridad descubría la tormenta. Todo existía en ese cielo: estaban allí los colores de nuestra bandera, nuestros ángeles sonriendo, todos los dioses saludando nuestro paso.
Entonces, respiramos profundo y el mareo pasó, sonreímos y nos quedamos dormidos.


Próxima Estación, Caracas…

sábado, 12 de abril de 2014

América Latina y su Cultura Profética

Derrumbar fronteras, besar culturas, envolverse en razas, enamorarse de la carretera y soñar LATINO AMÉRICA...


Por la ruta, nos llevará el viento al misterio de la libertad... 

jueves, 10 de abril de 2014

Caminando las palabras...

“Vivir en monotonía las horas mohosas de lo adocenado, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir la vida, es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa informe de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita de la rebelión del brazo y la mente. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso.”
Quien así pensaba era Severino Di Giovanni (1901-1931), el anarquista italiano que llegó a la Argentina huyendo del hambre y la miseria que asolaban su tierra natal, por entonces convulsionada por la violencia ejercida por las Squadre d'Azione, la canalla fascista que pasó a la historia con el nombre de "camisas negras".




sábado, 14 de septiembre de 2013

Abra del Acay en Bicicleta

El abra del Acay, o también conocido como "nido del viento blanco", se encuentra ubicado en el Departamento La Poma, en la provincia de Salta, en la región noroeste de la Argentina. Por este paso de montaña corre la mítica ruta nacional 40, la que alcanza allí —en el km 4601— su punto de mayor altitud: 5061 msnm (16 604 pies),1 en las coordenadas geográficas: 24°26′″S66°14′″O.


A fin de preservar un ambiente natural representativo de la alta montaña y de gran belleza paisajística, fue declarado como Monumento natural provincial por ley nº 6808.
Se lo considera el paso carretero más alto del mundo sobre una ruta nacional. No existen dudas al considerarse el más alto de los hemisferios Sur y Occidental. En los Himalayas, se han postulado otras carreteras que rivalizan por ese título, aunque aún no hay certezas sobre alguna que supere al Acay.
La pretendida carretera del Karakórum, la cual conecta China con Pakistán a través de las montañas del Karakórum atravesando el paso de Khunjerab al poseer una altitud de 4693 msnm (15 396 pies) es de una altitud inferior al del Acay, aunque, al unir dos países, la hace la más alta carretera internacional.
El abra del Acay es el punto más alto de la mítica Ruta Nacional 40, la más famosa de la República Argentina por recorrer su territorio longitudinalmente, iniciándose en La Quiaca, Provincia de Jujuy hasta el cabo Vírgenes, Provincia de Santa Cruz, con una extensión total de 4874 km
Este paso es un hito de altura; se construyó en la década de 1960, iniciándose los trabajos en el año 1957. Se inauguró el 8 de julio de 1960 luego de tres años de construcción, enlazando las planicies de la puna con los valles Calchaquíes. Para ello se siguió el trazado del antiguo camino inca, el mismo que se recorrió en las expediciones de los conquistadores Diego de Almagro y Juan de Matienzo, faldeando las laderas del Nevado de Acay.

Fuente: wikipedia.org

Se considera como carreteras más altas del mundo a las rutas pavimentadas o caminos consolidados de uso público que se utilizan para la comunicación de dos o más localidades o parajes, y en la que un conductor promedio pueda transitarla con un vehículo normal sin requerimiento de equipos especiales de alta montaña.
La misma debe encontrarse
·         En constante mantenimiento;
·         Correctamente demarcada y señalizada;

·         Habilitada para el tránsito de vehículos livianos y/o pesados.

Ruta 40 en Bicicleta: San Antonio de Los Cobres - La Poma

“ Las únicas cadenas que te dan libertad son las de la bicicleta” 

Después de dos días en San Antonio de Los Cobres, en donde reposamos nuestros huesos y disfrutamos de un asado al costado del río, nos tocó el momento de partir al punto más alto de América.

Sin dudas, nuestro desafío y nuestro anhelo desde que planeamos el viaje a mediados del 2012. La cuesta, el sacrificio, la falta de aire, el cansancio y el viento, nos esperaban en 45 kilómetros hasta la cumbre del Abra del Acay.

Y entre tanto entusiasmo, salimos de la ciudad y equivocamos el camino. En vez de doblar hacia la derecha y orientarnos hacia el sur, continuamos por la carretera y a 10 km. nos percatamos que no era tramo correcto.


Entre risas y abrazos, retrocedimos y pedaleamos hacia la ruta 51 que, millas adelante, retomaba la mítica 40. Por entonces, decidimos ir haciendo paradas cada 10 km para relajar las piernas, despejar la mente e hidratarnos.

La pendiente promedio de la carretera es de aproximadamente 4.5% y la reducción de oxígeno debido a la altura hacen de éste un cruce difícil tanto para vehículos como para las personas que la transitan.

En las pausas, nos alentábamos y conversábamos de lo duro que se iba poniendo el camino. Principalmente, la falta de aire, era el tema en cuestión. El “negro” Luna, picaba en punta. “Pechu” lo secundaba en todas las cuestas. El “negro” Niggli, fue el que más sufría el apunamiento. El “poli” con su jirafa, iba a su ritmo pero siempre mirando el horizonte y el “tero”, nos apoyaba en todo momento.  

Y así fue, en esa escala, que llegamos a la cima del Abra del Acay. Aún, se nos es difícil explicar las sensaciones que de nuestros cuerpos brotaban. Alegría amesurada, puede ser una definición que no abarca todo lo acontecido.

En wikipedia, se puede leer “Si bien son muchos los ciclistas que se animan a realizar esta travesía (cicloraidismo o ciclismo de altura), esta se torna dificultosa debida a sus subidas abruptas y fuertes vientos que se originan durante todo el año”.


Luego, de un descanso, unas cientos de fotografías para archivar el momento para la prosperidad y nos embarcamos al descenso. Dicho tramo, de camino consolidado, este tramo de la Ruta Nacional 40 no se encuentra pavimentado siendo apto sólo para vehículos todo terreno, a excepción de algunos meses del año en que las condiciones meteorológicas y de mantenimiento permiten el tránsito de vehículos normales (4x2).

El tráfico que la atraviesa es prácticamente nulo. Nosotros, cruzamos 3 autos en la cuesta y 2 en la pendiente. En épocas de lluvia existen deslizamientos de tierra que dificultan el paso de los vehículos pudiendo cortar la ruta en varios puntos quedando intransitable temporariamente.

Este camino de montaña de gran altitud es una ruta sinuosa, trazado al borde de precipicios; durante el recorrido, bajamos a unos 65 km/h. Y por tramos,  atravesamos pequeños ríos y, en invierno, el intenso frío y las nevadas hacen su paso algo complicado.


Luego de llevar sobre las piernas 70 km recorridos, nos sentíamos un poco abatidos. Porque la dulce pendiente fue sólo de 20 km y los restantes hasta La Poma, alternaban entre pendientes y descensos. A lo que se sumó el frío y el viento.

Cerca de las 19 horas, rodamos la plaza del nuevo pueblo. Ya que La Poma, sufrió un terremoto y los lugareños, se trasladaron unos kilómetros para dar inicio a una nueva vida.

“Uno de los parajes más conmovedores del Valle Calchaquí superior. La Poma fue destruida por un terremoto en la década del ’30 pero más tarde se reedificó en parte. Para prevenir el efecto de posibles temblores, muchas de las casas de adobe están apuntaladas con sólidos arbotantes. A 2 km se levanta La Poma nueva.

El pueblo está contenido por imponentes cerros y los Volcanes Gemelos, en medio de un gran valle. Los senderos se salpican por rebaños de ovejas y llamas, y en las serranías se alzan enormes y solitarios cardones.


No lejos de La Poma, en el paraje Campo Negro, el río Calchaquí ha horadado una roca y corre por una galería natural (formado seguramente por la lava volcánica de otros tiempos) dentro de la cual se han formado hermosas estalactitas. Este sitio increíble de variadas formas y colores se lo conoce como Puente El Diablo; un cartel sobre la RN40 señala el acceso. Nosotros estuvimos allí y recorrimos casi cien metros con el agua helada hasta el cuello, pasando por fuertes pendientes, cascadas y túneles, con las estalactitas rozando nuestros cascos, de los cuales salían las únicas luces disponibles en semejante oscuridad. Este lugar sagrado no es un simple lugar secreto para realizar turismo de aventura. Se debe tener mucho respeto y tomar las mayores precauciones posibles. Otro de los atractivos principales son los graneros incaicos.”[i]

sábado, 31 de agosto de 2013

Etapa San Antonio de los Cobres - La Poma

90 km. en bicicleta - 45 km. en subida de San Antonio de Los Cobres hasta el Abra del Acay (pico más alto de América en RN) - 45 km. en bajada hasta La Poma.

Route 2.330.557 - powered by www.bikemap.net

miércoles, 24 de julio de 2013

Ruta 40 en Bicicleta: Puesto Sey - San Antonio de Los Cobres

El que sabe dónde vamos, por favor, no me lo diga.
Yo no quiero saber porque no me va a sorprender cuando me pase...
(Y porque voy a estar pensando en todo lo que creía que me pasaría)
Gonzalo Niggli

Después de pasar una helada noche en Puesto Sey y de compartir con los lugareños un día que llevaremos inmersos en nuestros corazones, partimos hacia San Antonio de los Cobres, pensando en el límite Jujuy-Salta y en el imponente Viaducto La Polvorilla.


La carretera, fue más de lo mismo, hasta el cruce provincial. Luego, fue todo más dificultoso pero a la vez, transitándolo en dos ruedas, más excitante. Las grietas, que cruzaban el camino, las piedras y los arroyos de deshielo, hicieron del escenario un mix de adrenalina y de fantadía surrealista.

El “negro” Luna, con cámara en mano mientras montaba la bicicleta, fue filmando el escenario que nos envolvió durante 10 kilómetros: entre cerros color habano, con sus llamas y vicuñas color miel, fueron nuestros únicos amigos en la inmensidad de las imponentes montañas.

Finalmente, llegamos al Viaducto La Polvorilla, en donde nos fotografiamos a más no poder, desde diferentes ángulos y posiciones. Queríamos dejar la impronta de nuestras huellas, para la prosperidad.


Y entre risas y abrazos, posamos un tiempo indeterminado hasta que volvimos a rodar por la increíble Ruta 40. Pues, dicen que es mágica y sinceramente, no están errados en invocar su encanto y su rigidez. Los 4200 msnm del Viaducto, no fueron impedimentos para pedalear sobre su lomo y deslizarnos en su bajada.

Nosotros, pensamos que ya habíamos pasado lo más duro de la jornada, pero no fue así, ya que el mal estado del camino nos invitó a un juego de licuadora humana. Los inminentes serruchos que decoraban la carretera nos complicó más de lo pensado el recorrido.

Hasta el cruce de la ruta 51, en donde la 40 se hace mixta, hasta llegar a San Antonio de Los Cobres, una localidad situada en la puna salteña a aproximadamente 2000 Km. de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a 3750 msnm, siendo el centro urbano más elevado del país tras El Aguilar, de la provincia de Jujuy.


Con la satisfacción de haber llegado a la ciudad y con muchos dolores en el cuerpo, fuimos en busca de un alojamiento para descansar de una agotada jornada y Poli, ansioso por dormir en una cama y por darse un baño caliente, después de unos días, encontró un hospedaje económico y con hermosas condiciones: desayuno, TV, baño caliente y una cama en donde dormir.

Recordamos, que La Puna es una región geográfica, histórica y culturalmente bien definida, caracterizada por sus mesetas a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. En donde,  la aridez de su tierra, sus salares y sus altas cumbres ricas en minerales ofrecen a la vista preciosos colores.

Estos picos, sobrepasan los 5.000 metros de altura y sus temperaturas extremas que oscilan entre los 20ºC durante el día y -25ºC en las frías noches de invierno. Justamente, nuestro próximo camino es hacia El Abra de Acay, el pico más alto de América en ruta nacional.


Para nosotros, la Puna es un ambiente hostil porque la altura es sinónimo de baja presión atmosférica y por tanto, una menor cantidad de oxígeno en el aire. El médico de Santa Catalina, nos había dicho “Los que no son lugareños pueden sufrir lo que se llama apunamiento o soroche, por eso es conveniente tomar algunas precauciones, por ejemplo evitar los movimientos bruscos, el alcohol y la comida en exceso”.

Imposible, no hacer movimientos bruscos en dos ruedas y menos, comer liviano con los platos de guiso y estofado que prepara el “tero” en el disco. Sin dudas, nos movemos con el viento y con el viento, vamos.

Próxima estación, Abra de Acay…

Etapa Puesto Sey - San Antonio de los Cobres

La carretera se encuentra en pésimo estado, particularmente, llegando al Viaducto La Polvorilla, luego, mucho serrucho para casi desarmar las bicicletas y así, llegar a San Antonio de los Cobres.

Bike route 2.250.845 - powered by Www.bikemap.net

viernes, 5 de julio de 2013

Ruta 40 en Bicicleta: Susques - Puesto Sey

Vivir lejos de lo cotidiano te eleva a otra dimensión. Sin dudas, es ahí, cuando piensas que viajar es el placer de la libertad (condicionada). La rutina, queda encerrada en las cuatro paredes de la oficina y sólo, en el horizonte, tienes carretera para rodar.


¿Pero el viajar tiene sus partes negativas? Si claro, tiene la mala noticia de saber que un día tienes que volver al trabajo y dejar a un lado la bohemia de cerros colorados y cielo celeste. Pero ¿si el cielo siempre es celeste? No, en las grandes urbes es gris y con la luna, es azul noche.

En Susques, la ciudad más poblada de la puna, el cielo sigue celeste. Y con esa impresión, cargamos las piernas de energía, los pulmones de aire y nos abrigamos por el intenso frío mañanero. Así, partimos rumbo a Puesto Sey, nuestra próxima estación.

Sin dudas, que el frío, fue nuestra incesante compañía diurna de todos los días. Y como me dijo el “negro” Luna, en plena carretera “hoy, nos acompaña el enemigo oculto” y entre risas y pedaleadas, agregó “el viento de costado, lo leí en una revista”.

Entonces, el cielo celeste, el frío y el viento de costado, fueron los complementos de esta tirada hasta Sey. Marcos, a puro pulmón, llevó su ritmo durante toda la jornada. Poli, con su rodado 29, se escapaba en las rectas y pocas pendientes que presentó el camino. Gonzalo y el “negro” Luna, fueron a la par durante casi toda la carretera.

En tanto, Garay, manejo el vehículo y realizo algunos kilómetros en los rodados de Poli y Marcos. Que nos esperaron en la entrada del pueblo, de sólo 100 habitantes, para sacarnos las fotos “obligadas” de cada parada.


Atrás, habíamos dejado Huancar y Pasto Chico. Y también a un jovencita con una mochila de ramas secas, que nos llamó mucho la atención. Justamente, cuando nos instalamos en el centro vecinal para pasar la noche, fuimos a caminar por el paraje y nos encontramos con Marisa, pero ya sin las ramas y con una fuente de tortas fritas.

Su esfuerzo diario, de caminar 8 kilómetros por día, en busca de ramas para la cocina a leña, nos heló hasta los huesos. Y más aún, los pekes que estaban jugando a la pelota en las áridas tierras de la puna.


Por eso, insistimos, que viajar te eleva a otras dimensiones de lo real. Porque el circo impuesto en las ciudades, no tienen alma ni corazón. Desde Puesto Sey, latitud -23.9167, cerca del límite con Salta, Radio Yiramundi, relató.

Etapa Susques - Puesto Sey

La carretera de Susques a Puesto Sey, es en su totalidad de ripio y en sus 73 km de distancia, ascendemos un promedio de 400 metros. Vale recordar que partimos de los 3600 msnm hasta los 4000 metros. ¿La puerta del cielo? Aún no, falta cada vez menos para el Abra del Acay... salud!!


Bike route