miércoles, 10 de agosto de 2016

El Viaje - Gabriel Gárcia Márquez

Viajar es marcharse de casa,
es dejar los amigos
es intentar volar
volar conociendo otras ramas 
recorriendo caminos
es intentar cambiar.

Viajar es vestirse de loco
es decir “no me importa”
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco
saboreando una copa,
es desear empezar.


Viajar es sentirse poeta,
es escribir una carta, 
es querer abrazar. 
Abrazar al llegar a una puerta
añorando la calma 
es dejarse besar.

Viajar es volverse mundano 
es conocer otra gente
es volver a empezar. 
Empezar extendiendo la mano,
aprendiendo del fuerte, 
es sentir soledad.


Viajar es marcharse de casa,
es vestirse de loco
diciendo todo y nada con una postal,
Es dormir en otra cama,
sentir que el tiempo es corto,
viajar es regresar.

Gabriel Gárcia Márquez

domingo, 7 de agosto de 2016

Estación Tucumán

Viajamos de Córdoba a Tucumán con el objetivo de pasar la noche en la carretera y desayunar en el “Jardín de la República”. El viaje, por cierto, fue placentero. La noche, alumbrada por una luna creciente, por momentos, fue la única testigo de nuestro andar. 


Un control policial y las periódicas paradas en la carga de combustible, fueron las únicas pausas que intercedieron el avance del golcito.
Con la luz del día, pisamos la ciudad capital y fuimos en búsqueda del hospedaje. Rebotando en 3 oportunidades, encontramos un hostel en la calle Congreso, a metros de la “Casa de Tucumán”.
Allí, descansamos dos noches. Y fuimos a recorrer la ciudad y obviamente, la mencionada “Casa de la Independencia”. Y ahí, en el Jardín de la República, contemplamos y sentimos la historia que no fue y que quiso ser.
Donde los “patriotas” de aquel entonces, firmaron la declaración en 1816, en un manifiesto reluciente y liberador que en la práctica, nada fue resuelto.
También, ir a la plaza de la independencia, donde están los cimientos de la Casa de Gobierno y los frutos de naranjo, que el actual Presidente, mandó a sacar “por precaución hacia su figura presidencial”.

Acta de la declaración de la independencia argentina - 9 de julio de 1816
En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos diez y seis, terminada la sesión ordinaria, el Congreso de la Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto, y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España. Los representantes, sin embargo, consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, la de los pueblos representados y la de toda la posteridad. A su término fueron preguntados si querían que las provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli. Aclamaron primero, llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime voto por la independencia del país, fijando en su virtud la determinación siguiente:


“Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia, que regla nuestros votos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. 


Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación, y en obsequio del respeto que se debe a la naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.”


”Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios. – Francisco Narciso de Laprida, presidente. –Mariano Boedo, vice-presidente, diputado por Salta. –Dr. Antonio Sáenz, diputado por Buenos Aires. – Dr. José Darregueyra, diputado por Buenos Aires. – Dr. Fray Cayetano José Rodríguez, diputado por Buenos Aires. – Dr. Pedro Medrano, diputado por Buenos Aires. – Dr. Manuel Antonio Acevedo, diputado por Catamarca. – Dr. José Ignacio de Gorriti, diputado por Salta. – Dr. José Andrés Pacheco Melo, diputado por Chichas. – Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, diputado por la ciudad y territorio de Jujuy. – Eduardo Pérez Bulnes, diputado por Córdoba. – Tomás Godoy Cruz, diputado por Mendoza. – Dr. Pedro Miguel Aráoz, diputado por la capital del Tucumán. – Dr. Esteban Agustín Gazcón, diputado por Buenos Aires. – Pedro Francisco de Uriarte, diputado por Santiago del Estero. – Pedro León Gallo, diputado por Santiago del Estero. – Pedro Ignacio Ribera, diputado de Mizque. – Dr. Mariano Sánchez de Loria, diputado por Charcas. – Dr. José Severo Malabia, diputado por Charcas. – Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros, diputado por La Rioja. – L. Jerónimo Salguero de Cabrera, diputado por Córdoba. – Dr. José Colombres, diputado por Catamarca. – Dr. José Ignacio Thames, diputado por Tucumán. – Fr. Justo Sta. María de Oro, diputado por San Juan. – José Antonio Cabrera, diputado por Córdoba. – Dr. Juan Agustín Maza, diputado por Mendoza. – Tomás Manuel de Anchorena, diputado de Buenos Aires. – José Mariano Serrano, diputado por Charcas, Secretario. – Juan José Paso, diputado por Buenos Aires, Secretario”.

Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar

miércoles, 3 de agosto de 2016

Estación La Falda (siete cascadas)

Los seres de las cascadas

El agua de las cascadas es un agua repleta de energía por el batir de sus moléculas. Es el agua más oxigenada. Si proviene de lugar impoluto, el agua más sagrada. Filtrada de vertiente o de lluvias. Si es de vertiente, energía en ascensión. Si es de lluvia, energía en descenso. Ambas potencian a diferentes seres.


Los pequeños de las cascadas: No se sabe de dónde se generaron, tal vez de la fusión de almas de duendes y de hadas, mojados por aguas de cascadas en ascensión.
Estos pequeñines con forma humanoide, poseen membranas entre sus dedos. Ojos muy grandes con una membrana transparente sobre ellos que abre y cierra, y, sobre ella, párpados. De cuerpos translúcidos y cráneos opacos. Su desemejanza con las hadas son las alas, que poseen alas más parecidas a plumas. Estos seres poseen alas membranosas, parecidas a las de los murciélagos, aerodinámicas debajo del agua, más largas que las de las hadas, pero plegadas en la espalda la mayor parte del tiempo. La manera de desplegarlas es llenándolas con agua, ya que están hechas de venas y membranas. Se cierran con unas válvulas cuando no las necesitan. Son muy estéticos. Piernas más cortas, en proporción, que los humanos. La cara es oval, con la frente en punta (como una gotita al caer). Poseen una barba larga, bien larga, como saliendo de la perita. Los ojos son como media esferas, saltones y celestes. Cuando están entrando en estado pronto a fallecer se les tornan rosa. El promedio de vida es de un año.
Se destacan por su jolgorio. Viven alegremente. Se alimentan de musgos y mini crustáceos. Tienen su propio lenguaje que, si en la frecuencia humana se oyese, sería como silbiditos. Debido a su elasticidad son prácticamente inmunes a los golpes. Están adaptados para moverse a gran velocidad en el agua. Su mayor diversión es dejarse llevar por las caídas de agua, y chillan, simulando que tienen miedo. En realidad es jolgorio puro. Otra de las actividades que los divierte es tomar de las patas a insectos que flotan en la superficie del agua, en su afán de escapar los llevan como si fuesen esquíes. Una secreción que poseen en su piel impide que queden adheridos a rocas secas y telarañas.
Su mayor enemigo es la trucha, que de vez en cuando devora algún adulto. Eso sucede porque van perdiendo su capacidad de mimetización en edad cercana a dejar su existencia. Otro enemigo con el cual no bromean es la libélula. No la voladora, sino la larval que está bajo el agua. Pero las pueden detectar muy bien y no se les acercan.
Su olfato y gusto tienen desarrollo óptimo, eso los mueve a afincarse en aguas puras. Hay también elementales de aguas podridas que son similares a ellos, también en su actuar, pero de color negro o marrón y más voraces. Las larvas de libélula son el alimento de estos últimos.
Los seres de la cascada transparente aman a los renacuajos. Los utilizan como caballos en el agua, se llevan bien. Pero cuando los renacuajos se transforman en ranas o sapos los desconocen y allí corren peligro.


Casi siempre, cuando se los puede ver, se los confunde con camaroncitos blancos. Es una de las propiedades que poseen de mimetización. También la transparencia. Detestan a la gente que grita y que es sucia. Si una persona orina en el agua, ellos se marchan. Y cuando dejaron de estar en un lugar, ya nunca regresan allí.
Si uno se concentra en la cascada, en estado de pureza de alma y de paz, quizás los pudiese ver mezclados con las gotas que rebotan en las piedras....
Pensamiento, Alma, Alegría y Energía.

Mirta Liliana Koch 

Próxima Estación, Tucumán

domingo, 31 de julio de 2016

Estación Córdoba

“Muchas veces se ha dicho que la vida es un sueño,
y no puedo desechar de mí esta idea.” 
Goethe

Salimos de Santa Teresita en auto, por primera vez, los viajes Yiramundi en un móvil propio para ir transitando los espacios de este hermoso país  a medida de nuestras consideraciones, sin ticket y sin horarios.

Y así fue que viajamos por la noche rumbo a Tanti, a encontrarnos con Martín, en donde nos hospedamos durante tres noche en su humilde hogar. La Rusa, descansó en una cama, mientras que con Jeremías, armamos la carpa en la galería de la morada, para resguardarnos de la helada, que se hacía notar y sentir en las sierras cordobesas.
Córdoba, por las mañanas, nos acarició el alma con sus ríos y arroyos, junto al sol, que iluminó nuestros pasos en nuestra breve estadía y por las noches, nos maltrató con su frío que helaba hasta los huesos.
En tanto, nos conectamos con la Mama Pacha en todo su esplendor, descansando en sus piedras y gozando de la compañía de sabrosas comidas y ricos vinos.
En fin, nuestra estadía en el corazón del país, fue un aprendizaje constante de valoración de lo que se tiene y de lo que uno exige, sin ver al otro en la lucha constante de vivir en un imperio de caridad en donde solo hay almas mezquinas.



Pues, sufrimos el abate de la policía caminera al ingreso de Carlos Paz y a su vez, la ayuda mecánica de un humilde hombre ante un pequeño inconveniente en el auto. Entonces, podremos desactivar la bomba en la ciudad y observar como se paran los vertiginosos egoístas de un lado y los solidarios del otro, en un mundo manejado por el capital y el egocentrismo, aún quedan vísperas de que otro mundo es posible.

jueves, 28 de julio de 2016

Estación NOA

¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo 
que la felicidad no es más que uno de los juegos de la ilusión?

Julio Cortázar


Viajar, es la esencia del ser humano, nómadas y aventureros, desde África al Mundo. Caminando y formando asentamientos, para seguir caminando y descubriendo. Hoy, en el siglo XXI, pensamos que seguir ese camino, forjado por los primeros humanos, es vivir.
Aunque es difícil juntar todas las piezas del misterio, el rompecabezas del Globo se sumerge a la imaginación de ensamblar todo lo que nos rodea es formar un idioma nuevo y ver-sentir los encantos del Mundo.
Y en ese encanto, vamos danzando bajo la luz de la luna y el calor del sol, camino a las sierras y a los cerros. Porque en este tránsito rutero, el centro y norte del país, fueron los puntos cardinales elegidos para disentir sobre la rutina y la libertad explícita y concreta:
¿Por que somos ambigüedades caminantes y contrastes encarcelados? ¿O será, que deseamos lo que no tenemos en el presente y vamos por el futuro transformado? ¿Somos individuos únicos o parte de una sociedad que machaca y castiga? Planteándonos hipótesis de existencia ¿Avanzamos o retrocedemos?
En fin, como si la especie velara en el individuo para no dejarlo avanzar demasiado por el camino de la tolerancia, la duda inteligente, el vaivén sentimental. En un punto dado nacía el callo, la esclerosis, la definición: o negro o blanco, radical o peronista, homosexual o heterosexual, figurativo o abstracto, Boca Juniors o Riber Plate, carne o verduras, los negocios o la poesía… y así, sucesivamente.
En eso andamos, viajando, conversando, filosofando y aprendiendo. En eso estamos, sintiendo y razonando. Viajando pues, para aprehender a aprender.

Próxima Estación Cabalango…

miércoles, 22 de junio de 2016

Fragmento de 10.6 segundos

Abrir el tupper y encontrarme en el Mundial ´86. Pues, tengo la honestidad de recordarlo, toda la vida y el deber de la memoria. A Maradona, le debo lo dos goles a Inglaterra y jamás lo voy a juzgar con lo que hace con su vida pero si le voy a agradecer lo que hizo con la mía…


“Antes de tocar por última vez el balón con su pie izquierdo, a las trece horas, doce minutos y treinta segundos del mediodía mexicano, el jugador argentino ve que ha dejado atrás a Peter Shilton; ve que Jorge Valdano arrastra la marca de Terry Fenwick; ve que Peter Raid, Peter Beardsley y Glenn Hoddle han quedado en el camino; ve a Terry Butcher que se arroja a sus pies con los botines de punta; ve a Jorge Burruchaga que frena su carrera con resignación; ve a Héctor Enrique, todavía clavado en la mitad del campo, que cierra el puño de la mano derecha; ve a su entrenador que salta del banquillo como expulsado por un resorte y al otro entrenador, el rival, que baja la mirada para no ver el final del avance; ve a un hombre pelirrojo con una pipa humeante en la primera bandeja de las gradas; ve la línea de cal de la portería contraria y recuerda el rostro del empleado que, durante el entretiempo, la repasó con un rodillo; ve nítidamente a su hermano el Turco que, con siete años, le echa en cara un error que cometió en Wembley en un jugada parecida, ve los labios sucios de dulce de leche de su hermano cuando dice: 

“La próxima vez no le pegues cruzado, boludito, mejor amagále al arquero y seguí por la derecha»”.



Ve el rostro de su hermano con la luz de la cocina donde ocurrió la escena, ve la picardía con que lo miraba; ve, detrás del arco, un cartel que dice Seiko en letras blancas sobre fondo rojo; ve las uñas pintadas de verde de su primera novia, el día que la conoció, y ve a esa misma chica, ya mujer, amamantando a una niña; ve una pelota desinflada y se ve a él mismo, con nueve años, que intenta dominarla; ve a su madre y a su padre que arrastran, con esfuerzo, un enorme bidón de kerosén por una calle de tierra en la que ha llovido; ve una taquilla, en un vestuario de La Paternal, que lleva su nombre y su apellido en letras flamantes, ve su orgullo adolescente al leer por primera vez su nombre y su apellido en la taquilla; ve un estadio, sus tablones de madera, y ve también que un día el estadio entero, y no solo la taquilla, llevará su nombre.

El jugador argentino ha controlado el aire de sus pulmones durante nueve segundos, y ahora está a punto de soltar todo el aire de un soplido.

Al revés que todos los rivales y compañeros que ha dejado atrás, él puede respirar con su pierna izquierda, y también puede intuir el futuro mientras avanza con el balón en los pies. 

Ve, antes de tiempo, que Shilton se arrojará a la derecha; ve la intención segadora de Terry Butcher a sus espaldas, se ve a él mismo, muchos años más tarde, con un nieto en los brazos, visitando la entrada del Estadio Azteca donde se levanta una estatua de bronce sin nombre: solo un jugador joven con el pecho inflado, un balón en los pies y una fecha grabada en la base: 22 de junio de 1986; ve una rave en Londres donde dos chicos de quince años escapan de una multitud que se burla; ve un departamento en penumbras donde solo hay una mesa, dos amigos y un espejo sobre la mesa; ve a una muchacha en una playa del trópico que se deja besar por un chico que lleva puesta una camiseta argentina; ve un enjambre de periodistas y fotógrafos a la salida de todos los aeropuertos, de todas las terminales, de todos los estadios y de todos los centros comerciales del mundo; ve a un niño embobado con un videojuego en la ciudad de Leicester, mientras su hermano vigila por la ventana que no aparezca el padre; ve el cadáver de un hombre viejo que ha muerto en Ginebra ocho días antes de ese mediodía, un hombre que también ha visto todas las cosas del mundo en un único instante.

Ve Fiorito de día; ve Nápoles de tarde; ve Barcelona de noche.


Ve el estadio de Boca a reventar y él está en el medio del campo pero no lleva un balón en los pies, sino un micrófono en la mano; ve a un anciano en el aeropuerto de Cartago, que espera a su hijo en el último vuelo desde México, para abrazarlo y consolarlo; ve un tobillo inflamado; ve a una enfermera de la Cruz Roja, regordeta y sonriente; ve todos los goles que ha hecho y los que hará; ve todos los goles que ha gritado y los que gritará en su vida entera; se ve, con cincuenta y tres años, mirando desde el palco la final del mundo en el estadio Maracaná; ve el día que verá a su madre por última vez; ve la noche en que verá por última vez a su padre; ve crecer a todos los hijos de sus hijos; ve los dolores de parto de una mujer que está a punto de parir un niño zurdo en Rosario, un año y dos días más tarde de ese mediodía mexicano; ve un espacio mínimo, imposible, entre el poste derecho y el botín de Terry Butcher. 


Cierra los ojos. Se deja caer hacia adelante, con el cuerpo inclinado, y se hace silencio en todo el mundo. 

El jugador sabe que ha dado cuarenta y cuatro pasos y doce toques, todos con la zurda. Sabe que la jugada durará diez segundos y seis décimas. Entonces piensa que ya es hora de explicarle a todos quién es él, quién ha sido y quién será hasta el final de los tiempos.”

* Por Hernán Casciari
* Relato publicado en la revista Orsai.
* Este post, explica porque en cada viaje llevo la casaca 10 del “Pelusa”.

Lee el post: Estadio Azteca 

miércoles, 8 de junio de 2016

La gente que me gusta...

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.


 Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme.
La gente que tiene tacto.

Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.

A estos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.


La gente que nunca deja de ser aniñada.

Me gusta la gente que con su energía, contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

La gente que lucha contra adversidades.

Me gusta la gente que busca soluciones.


Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.

Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.

MARIO BENEDETTI

miércoles, 1 de junio de 2016

Pedalear en la Altura

En la web pedaleando ruta 40 redactaron un informe sobre los cuidados que hay que tener en cuenta a la hora de encarar un viaje por las montañas.
Nosotros, sufrimos varios síntomas de los que se reflejan en el artículo, que dejaremos a continuación para que los biciviajeros se hagan carne de estas palabras...

Buenos vientos...

Nota:click


lunes, 23 de mayo de 2016

Córdoba en Bicicleta: Regreso a San Marcos

Lo mejor de los viajes es lo de antes y lo de después.
Maurice Maeterlinck.

Depende de que lado se lo analice, un viaje empieza y termina y vuelve a empezar. Por que el regreso a un lugar, no quiere decir, explícitamente, que uno haya terminado o llegado.


Pues, citando al maestro Eduardo Galeano, recordar, del latín re-cordis, es volver a pasar por el corazón. Y los viajes, pasan una y mil veces por el corazón y la mente, luego del destino marcado en el mapa.
Y en esta disyuntiva, regresar a San Marcos, no fue más que acordar el acto con las palabras, que también viene del latín: a (proximidad) y cordis (corazón). Es decir “unir los corazones”.
Y así, pedaleé por la Ruta 28 hasta el cruce con la Ruta 38, que me iba a depositar en los aposentos de San Marcos, una vez que gire los 119 kilómetros de distancia, entre un punto y el otro.
Ahora que lo escribo percibo la poca distancia trazada en el mapa, cuando el googlemaps te marca el tiempo en automóvil: 1 hora y 34 minutos. Y sabiendo que en bicicleta, en este recorrido, dejé el alma y el cuerpo para llegar a destino.
Las ondulaciones, el viento cruzado (en contra de mi humanidad), el cansancio y el dolor persistente en la rodilla derecha, fueron mis demonios a vencer en aquella nublada tarde cordobesa.
Convencimiento y fortaleza mental, fueron los argumentos para seguir en cada pedaleada y sobrellevar el espíritu de un guerrero. Pues, en estas circunstancias, uno mismo es el factor de energía.
Nadie, hará por uno el esfuerzo que se necesita para sobrellevar ese camino. Así es y así se disfrutan los viajes en bicicleta. Todo se simplifica a uno mismo: pedalear, descansar, alimentarse, hidratarse. Así, cíclicamente a lo largo del recorrido.


¿Y que nos queda? ¿Qué recordamos? ¿Fotos? ¿Paisajes? ¿Qué hay al fin de este viaje? Pues, viajar en el llano, ser un transeúnte más, respirar las calles, sentir los aromas, vivir con los colores, hablar con la gente y compartir un mate en una esquina, lo guardaré en mis recuerdos.

Así, son mis viajes. Así, me gusta vivir. Actualizándome. Nutrirme del otro. Ser parte del Todo. Hasta el infinito y mucha más carretera.

martes, 17 de mayo de 2016

Mi libertad no huele a shopping


Lleva sólo aquello que puedas cargar contigo,
para no tener que ir perdiendo cosas por el camino.
Lleva sólo aquello que puedas cargar contigo,
pero por encima de todas las cosas,
nunca te olvides de ti mismo.

- Arnau de Tera -

jueves, 12 de mayo de 2016

Córdoba en Bicicleta: Cabalango

“La aventura es un camino. La aventura real – autodeterminada, automotivada y a menudo riesgosa- te fuerza a tener encuentros en carne propia con el mundo. El mundo tal como es, no como te lo imaginas. Tu cuerpo va a chocar con la tierra y tú serás testigo de eso. De esta manera te verás obligado a lidiar con la bondad ilimitada y la crueldad insondable de la humanidad –y quizás te darás cuenta que tú mismo eres capaz de ambas. Esto te cambiará. Nada será blanco y negro nuevamente”.  Mark Jenkins


Era momento de partir. Después de respirar el aire libertario en el Museo del Che Guevara, me esperaba la carretera en todo su esplendor. Sol y viento en contra.
No siempre, el escenario es el propicio para rodar en dos ruedas, a veces o siempre, la naturaleza nos pone a prueba el carácter, la autodeterminación, el amor propio y sobre todo, la superación constante.
“Aneurisma”, había leído por ahí, que “cada momento puede ser el último”, y así arranqué, sin la menor premonición, en total ignorancia del futuro. Pedal y más pedal, para enfrentar al fuerte viento que cruzaba mi proyección. Y los carteles de kilómetros recorridos que disminuían en dirección a Villa Carlos Paz.
Una vez llegado a la rotonda de Falda del Carmen, me senté en la sombra para darle aire a mis pulmones y a mis piernas. Extenuado, por cierto, por primera vez en el viaje. El viento, que siempre fluye y que es un gran compañero rutero, me estaba dando una gran paliza.
Y escogí la libreta de la alforja, para alimentar mis pensamientos y leí una frase de Freya Stark: “Viajar logra lo mismo que los buenos novelistas consiguen hacer con la vida cotidiana cuando la enmarcan como si fuera una foto en un portarretratos o una gema en un anillo, de manera que las cualidades intrínsecas de las cosas se vuelven más claras. Viajar logra hacer eso con la materia de la que está hecha nuestra vida cotidiana, dándole los contornos nítidos y significados del arte”.
Levanté la vista y rodeado de árboles y sierras, me dí lugar a disfrutar el cansancio en mi cuerpo. Y me vi desde otra perspectiva, emocionado por el presente a pesar de lo que aún me restaba por llegar.
Así, enfrentando al viento y a mis propios miedos, pedaleé hasta la intersección de la Ruta 20. Frené en la colectora y escogí doblar hacia la izquierda, en busca de la conexión que me deposite en la Villa para luego seguir viaje hasta Cabalango.
Pues, el viento, seguía en su papel de enemigo íntimo. Y la autopista, con sus ondulaciones, provocó más que una desazón en el trayecto. Hasta que llegué a la Avenida San Martín y propicié descansar junto al río San Antonio.
Veinte kilómetros me separaban de Cabalango y del tan esperado encuentro con Martín, en donde iba a descansar en mi estadía en aquella localidad. Y ya con el viento del otro lado del dique, todo se veía más encantador.


Con el cansancio a flor de piel, avance sin obstáculos hacia Tanti, por la Ruta 28. Y visualicé el cartel que indica Cabalango y giré por la callecitas de la sierra para abrazarme con Martín y dejar que el destino se haga presente.
Y allí, la distancia nos acercó y nos sentimos vivos en una sensación de no haber perdido tiempo. Como decía Prado, en el film “Un tren nocturno a Lisboa”, en donde había preguntado si el alma era un lugar de los hechos o si los hechos alegados eran sólo las sombras engañosas de historias que nos contamos, sobre los demás y sobre nosotros mismos…
¿Tú que dices?

Próxima Estación, San Marcos

viernes, 6 de mayo de 2016

Estación Museo Che Guevara

"Toma, es sólo un corazón,
tenlo en tu mano
y cuando llegue el día,
abre tu mano para que el sol lo caliente..."
Che Guevara

La clara razón de mi visita a Alta Gracia, fue la mera presencia de la casa Villa Nydia, donde el Comandante y su familia, vivieron algunos años por la salud del por entonces Ernestito.
En bicicleta, con el equipaje listo para seguir por la carretera, me hice un lugar para la memoria y la historia. Y llegué con la emoción de un niño y con el aprendizaje de la vida.


Desde La Higuera a Valle Grande, de Santa Clara a La Habana, de América Latina a Alta Gracia y la extrañable transparencia de su querida presencia. En todos los caminos, su imagen, vertiente de colores y luz para un mundo más justo y verdadero.
Pues, caminé despacio, delicadamente cada habitación del museo-casa. Me hice carne de su pasado y presente, respirando su infancia y juventud.
Me puse en su mirada, que se reproducía en mí, y desde esa perspectiva, absorbido me reflejé en él. La forma en que veía y que ha aparecido - pensé - nunca había sido así durante un minuto en mi vida. No en la escuela, no en la universidad, no en mi práctica. ¿Es lo mismo con los demás: que no se reconocen a sí mismos desde el exterior? ¿Que la reflexión parece como un escenario lleno de distorsión grosera? ¿Que, por el miedo, que tenga en cuenta una brecha entre la percepción que los demás tienen de ellos y la forma en que se experimentan a sí mismos?


Y entre tantos interrogantes, me detuve en “la poderosa” y esa gloriosa moto que lo llevó a rodar por el cono sur de América junto a Alberto Granados. Que linda locura llevaban estos tipos –pensé en voz alta- y un empleado del museo, me dijo “vos también tienes la tuya, que llegaste en bici hasta este sitio”. Y me reí, claro, separando las grandezas del Ché y su brazo libertario.
Y me senté en el patio, junto a él, manipulado por un artista, con un habano en la mano, saboreando el tabaco y con la mirada limpia. Ahí, me despedí de Alta Gracia y agradecí su presencia. Su legado. Su historia.


Porque si no creyera en el delirio, en la esperanza de sus palabras y de sus actos, todo mi caminar por América, sería una mochila de fotos y anécdotas y dejaría a un lado, el aprendizaje de los barrios vulnerados, de la lucha constante de las clases trabajadoras, el respeto a la madre tierra y sobre todo, el valor de las relaciones humanas.
Aquí, es cuando me miro hacia adentro y agradezco los kilómetros que llevo en el corazón y en el pensamiento, para ser un servidor de la nueva era.


Próxima Estación, Cabalango   

lunes, 2 de mayo de 2016

Córdoba en Bicicleta: Alta Gracia

De nada importa lo que un día hiciste.
De nada importa lo que un día viviste.
De nada importa quien un día fuiste.
Sólo importa todo lo que aprendiste.
- Arnau de Tera -

El sol, tenue, entró sin permiso por la ventana de la vieja hostería y me despertó, su inmensidad. Al mismo tiempo que las flores abrían sus pétalos y los pájaros cantaban su himno mañanero.
Doña María, ya andaba por los pasillos de su hospedaje, haciendo el desayuno a cuatro futuros serviles de la Patria, que con la cabellera rasurada y con la mirada ceñuda, tenían que acudir a sus estudios militares.


En tanto, me acerqué al comedor a servirme el desayuno y María, amablemente, me acercó el café, el pan y el dulce. “Coma bien mi hijo, que tiene que esforzarse en el camino” me dijo con voz de abuela y agregó “¿hasta donde va?”.
Su mirada limpia, me brindó confianza para pedirle que se siente conmigo y le contesté “Hasta Alta Gracia pero si el camino me presenta otro sitio, hasta allí entonces”. Sin entender mucho de lo que le decía, sugirió que vaya con cuidado y que iba a rezar por mí. Le agradecí su amabilidad y me despedí con un beso y un abrazo.
Ya con el equipaje en la bici y con una leve llovizna que limpiaba mi cara, salí a pedalear por la Ruta 38 hacia el sur de Córdoba. Los 16 kilómetros que me separaban de Cosquín, iban a hacer claves para los 70 kilómetros de la jornada. Y pedal contra pedal, me acerqué a la ciudad del Folclore y del Rock Argentino. El río, del mismo nombre, recorre el contorno de la ciudad y por la carretera, se puede apreciar el Cerro Pan de Azúcar, llamado por los pueblos originarios del lugar “Supaj Nuñu” (Seno de Mujer).


Así, me empapé de esta ciudad, de la imprenta de sus paredes ilustradas y maquilladas con arte callejero y de su entorno natural, que avasalla a cualquier ser vivo. Santa María de Punilla y Bialet Massé, fueron las postas de los kilómetros siguientes. Hasta llegar al lago San Roque y su inmensidad.
Allí, relaje la mirada y la intensidad del cuerpo. Sentado al lado del camino, me dejé llevar por el pensamiento y escribí… “Hay cosas que son demasiado grandes para nosotros los seres humanos: el dolor, la soledad y la muerte, sino también la belleza, lo sublime y la felicidad. Para ellos hemos creado la religión. ¿Qué pasa cuando la perdemos? Esas cosas son todavía demasiado grandes para nosotros. Lo que queda para nosotros es la poesía de la vida individual. ¿Es lo suficientemente fuerte como para soportar los abates de la sociedad establecida?”.


Sin respuestas, me hice materia con la bicicleta y rodee por la autopista el final del Dique San Roque para retomar la Ruta 73 y pedalear hasta Falda del Carmen y hacer la última escala de la jornada.
El sol, se había adueñado del cielo, esquivando las nubes y empujando la lluvia hacia otras latitudes y la tarde se iba completando con un vientito caluroso con dirección nordeste.
Así, con el cuerpo casi entero, llegué pasada las 15 horas a la ciudad de 40 mil habitantes pero con vida de pueblo. Histórica y pintoresca localidad, fundada en 1588 por un casco de estancia de jesuitas.


De esta manera, fui a descansar al Hostel Alta Gracia, situado a pocas cuadras del centro histórico de la ciudad. Y a pensar, si vivir es suficiente para ser feliz y que somos criaturas estratificadas, llena de abismos, con almas de azogue, con las mentes cuyo color y cambios de forma se dan como en un calidoscopio que se agita constantemente.

Próxima Estación, Che Guevara

jueves, 28 de abril de 2016

Córdoba en Bicicleta: Valle Hermoso

"Marcel Proust solía decir que la exploración verdadera no consiste en ver nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos"

El sol ya estaba vestido de manera pomposa por las nubes y yo seguía dando vueltas alrededor de la bici, buscando que todo esté lo más perfecto posible para poder empezar a rodar por las sierras. 


El negro Marcos, fiel a su costumbre de supervisarlo todo, me corrigió el equipaje y colocó el aislante en el volante, “no tiene peso” me aclaró y afirme su apreciación. Entonces, inflé las cubiertas por última vez y me despedí de Yacumama y de su gente.
Sólo, pedal contra pedal, salí vía La Falda. La mañana, gris y con algunos rebeldes rayos de luz, me iluminaron en mis primeros kilómetros por la Ruta 38.
Sin un apoyo humano solvente que te invite a seguir cuando uno flaquea o quiere compartir lo sucedido, fui yo mismo, conversando con mi interior, el que siempre me invitó a ir por más.
Porque entendí, que el verdadero director de nuestra vida, es la oportunidad - un director lleno de crueldad, la misericordia y el encanto cautivador- donde las piernas te piden a gritos una pausa y posteriormente, se regocijan de alegría por lo entregado o el hambre, que a priori te mentalizas parar cada 10 kilómetros y el vientito a favor o una linda pendiente te invitan a seguir un poco más.

Justamente, viajando en bicicleta, lidias con tus egos a pura pasión. Siempre, intentando un poco más. Siempre, mirando hacia el futuro.
Así, pase por el poblado de Capilla del Monte, posteriormente por San Esteban hasta que decidí hacer escala en La Cumbre. Donde descanse en el verde césped de su rotonda para alimentarme y beber sin apuros para respirar el momento, sentir la fuerza de los latidos y para abrazarme a la inmensidad de la Pachamama, que me cobijaba.
Y en el relajo, tuve tiempo de escoger la birome y escribir mis pensamientos: “¿Está de manera que todo lo que hacemos se hace por miedo a la soledad? ¿Es por eso renunciamos a todas las cosas que vamos a lamentar al final de la vida? ¿Es por eso que tan pocas veces decimos lo que pensamos? ¿Por qué si hacemos nos aferramos a todos estos matrimonios rotos, las falsas amistades, fiestas de cumpleaños aburridos?”
Y seguí, en ese instante, no tenía tiempo de responder todas las incertidumbres surgidas sino que aún me separaban 15 kilómetros para llegar a La Falda. Y varios vaivenes ruteros para gastar energías en otras acciones.
Así fue que, pasadas las tres de la tarde, me hice presente en el pueblo serrano, el de las 7 cascadas y verdes y rocosas sierras. Pero la suerte no me acompaño a la hora de alojarme y decidí avanzar hasta la localidad siguiente, Valle Hermoso, esperando un mejor porvenir.


Porque en bicicleta, por experiencia, no es conveniente retroceder y ceder kilómetros ya recorridos. Y Valle Hermoso, fue mi cuna de descanso, un pequeño pueblo anclado en la misma carretera de 6 mil habitantes.
Doña María y su amabilidad, me recibieron en la Hostería Mic-Bel por $200 con merienda y desayuno. Un baño caliente recargado por energía solar y el partido de Boca Juniors por Copa Libertadores, fue la relajación exacta para el día siguiente.

Próxima Estación, Alta Gracia.

martes, 26 de abril de 2016

Que la vida siempre te encuentre con un ticket...

Me senté frente al computador para ver-observar-analizar “Tren de noche a Lisboa” y viaje en un coche junto al profesor. Caminé su historia, respire la brisa de mar y balbuceé en sus palabras…


“No me gustaría vivir en un mundo sin catedrales. Necesito su belleza y grandiosidad, en lugar de los colores sucios de los uniformes militares. Amo las poderosas palabras de la Biblia. Necesito la fuerza de su poesía. La necesito contra el decaimiento del lenguaje, y las consignas inútiles de los dictadores.
Pero hay otro mundo en el que no deseo vivir, un mundo en el que el pensamiento independiente es despreciado y las cosas que mas aprecio, denunciadas como pecado. Un mundo donde nuestro amor es exigido por tiranos opresores y asesinos. Y lo más absurdo, la gente es exhortada desde el púlpito a perdonar a estas criaturas y hasta amarlas.
Es por esta razón, por la que no podemos simplemente poner la Biblia de lado. Tenemos que desecharla completamente. Ya que sólo habla de un Dios vanidoso y arrogante. En su omnipresencia, El Señor nos vigila día y noche. Toma nota de nuestras acciones y pensamientos, ¿Pero qué es un hombre sin secretos, sin pensamientos y deseos que él y sólo él conoce? ¿Dios nuestro Señor, no considera acaso que nos roba el alma con su curiosidad desenfrenada? un alma que debe ser inmortal… Pero, ¿quién seriamente querría ser inmortal?  ¡Qué aburrido saber lo que sucede hoy, este mes, este año… no importa! Nada tendría importancia.


Ninguno de los aquí presentes, quiere saber lo que sería vivir eternamente. Y es una bendición no saberlo nunca.  Os puedo asegurar una cosa, sería un infierno este eterno paraíso de la inmortalidad. Es la muerte y sólo la muerte, lo que le da a cada momento belleza y horror. Sólo a través de la muerte el tiempo es algo vivo. ¿Por qué Dios no lo sabe? ¿Por qué nos amenaza con una eternidad que sólo puede ser insoportablemente vacía?"...


* Discurso que Amadeu do Prado recita durante su acto de graduación.

jueves, 21 de abril de 2016

Estación San Marcos Sierras

“No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego.
Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino”
Horacio Quiroga


Sujetos que se convierten en objetos que rodean tu vida, te dan un pellizco y nos recuerdan que, si pasamos por la vida adormilados, vamos dejando atrás la oportunidad de vivir en mayúsculas.
No hace falta ser espía, ni abogado o formar parte de una empresa para vivir de verdad. Pero sí aprovechar los momentos, no posponer eternamente el comenzar a perseguir nuestros sueños (alguno, aunque sea humilde, que nos haga avanzar).
Entonces, nos invitan a correr unas veces (tras lo que deseamos) y a parar otras; porque a menudo merece la pena llegar cinco minutos tarde a un encuentro para escuchar a un músico callejero que, sin saberlo, está tocando nuestra canción.
Y con la lluvia haciéndose añicos en el parabrisas del auto, llegué a San Marcos Sierras, pequeño pueblo ubicado al Noroeste de Punilla, emplazado en un valle rodeado de montañas, ríos y bosques nativos, con un marcado acento en el cuidado del medio ambiente. 


Y me abracé con Marcos, mi amigo, que hizo de anfitrión en mi estadía en Yacumama, sitio de hospedaje ecológico y de talleres de bio-construcción. En donde surgieron los vasos de vino, mucha risa y compromiso con la vida misma y con la Pachamama.
Esta característica de pueblo ecológico se evidencia en el aire que se respira, en sus calles de tierra, en la abundancia de pequeños productores (sobre todo de miel) y en la feria artesanal del pueblo.
San Marcos, es además, uno de los asentamientos hippies más importante del país, rodeado por el río San Marcos y el río Quilpo.
Pues, aquí, obramos en la construcción de un techo con arena volcánica, cal y agua, junto a Gonzalo y Mark, propietarios del complejo.
Así, fueron mis días aquí. De manera tal que sólo resta agradecer la amabilidad de los locales y del negro Marcos, fiel compañero de la vida. En definitiva, la bicicleta, me estaba esperando, para rodar por las sierras y el vientito en la cara, extraña ya esa adrenalina de libertad…

Próxima estación, La Falda… 


Yacumama: es un emprendimiento en permacultura iniciado en el año 2011 con la adquisición de dos hectáreas de terreno en el pueblo de San Marcos Sierras, Córdoba, Argentina. El terreno está cubierto en su mayor parte por monte nativo en recuperación – antiguamente era una chacra – y la idea es permitir su recuperación con el menor impacto humano posible. Entre las árboles y arbustos del monte nativo encontramos en nuestro terreno: chañar, molle, mistol, quebracho, algarrobo, tusca, espinillo, tintitaco, brea, garabato, jarilla, así como muchos tipos de plantas medicinales y aromáticas.
En estos años nos hemos dedicado especialmente a la construcción con materiales naturales, utilizando la mayoría de las técnicas conocidas (cob, quincha, superadobe, ladrillos de adobe, paja encofrada…) y experimentando con nuevas soluciones, así como con energías renovables, baños secos, huerta orgánica y tecnologías apropiadas, como ser los lavarropas a pedal y la energía solar, entre otras.


El futuro de la humanidad será sustentable o no será. Desde Yacumama esperamos aportar nuestro humilde granito de arena en esta empresa.

Fuente: http://yacumama.com.ar

lunes, 18 de abril de 2016

Ayúdenme a mirar

Somos viento, nosotros. No el pecho que nos sopla.
Somos palabra, nosotros. No los labios que nos hablan.
Somos paso, nosotros. No el pie que nos anda.
Somos latidos, nosotros. No el corazón que lo pulsa.
Somos puente, nosotros. No los suelos que se unen.
Somos camino, nosotros. No el punto de llegada ni de partida.
Somos lugar, nosotros. No quien lo ocupa.
No existimos, nosotros. Sólo somos.
Sup Marcos


Me fui. Nos vamos siempre en realidad cuando queremos escapar de la realidad abstracta de la sociedad establecida y opresora.
Mentida y oscura sociedad, manejada por políticos incoherentes y adherentes al establishment impuesto por la bandera de estrellas y bastones, que pisa cabezas, que aborta países y descuartiza la historia, vivida y sentida.
Entonces, ahí, es cuando uno se escapa a respirar. A sentir la Pachamama. A abrazarse a los más natural. A conocerse a uno mismo, sin intermediarios ni medios de comunicación.
Y así, la carretera, me fue fiel en mi camino a Córdoba, justamente, la provincia que más voto sacó el actual presidente argentino. ¿Contradictorio? No, justamente, sus sierras, sus aguas y su vegetación, son el escenario que elegí para rodar con la bicicleta y despojarme de todo prejuicio establecido.
Soltarme, limpiar el cuerpo de podredumbre y fluir en el andar de dos ruedas mágicas impulsadas por mi fuerza interior y por la energía de la Tierra.
Tienes que respirar, me dijo un amigo hace un tiempo, cuando el aire se vuelca insoportable para no lastimarte.
Y fui, entonces, hacia el aire de las cumbres.

Próxima estación, San Marcos Sierra…  

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Fuego Interior

“Todo tu cuerpo está lleno de fuego y también de espíritu –me dijo- ocupamos el cien por cien dentro de ti. El aire son tus maneras de pensar y ascienden si eres ligero. De agua tenemos más del 80 %, que son los sentimientos y se evaporan. Y tierra somos menos del 20 % ¿Qué te cuesta cargar con eso?...”

Abuela Margarita


Entrevista completa: click