martes, 28 de mayo de 2013

Ruta 40 en Bicicleta: Coyaguayma - Coranzulí

Viajar, es la más bella universidad que existe. Yiramundi

La noche más dura de lo que va del viaje y casi, de la vida. Los menos 7 grados que ostentó la madrugada en Coyaguayma, congeló las ideas, el aire, el material y las bicicletas. Pues, nunca estuvimos en Siberia, pero estuvimos cerca de vivirlo.


 Sin dudas, Poli, fue el más perjudicado, por no tener carpa y su sueño se vio quebrado por las cuatro paredes del Centro Social, que hicieron de cámara frigorífica en la puna jujeña. En tanto, Luna, los hermanos Niggli y Garay, durmieron sumergidos en su propia respiración.

Desayuno mediante, nos decidimos empezar la cruzada hasta Coranzulí, un pequeño pueblo sumergido entre montañas y ríos. Donde su altitud alcanza los 4000 msnm, con previos picos de 4400 y 4200 metros.

Sumado a esto, el frío mañanero jugó un factor importante, en la respiración y en el accionar. Pues, la falta de aire y la agitación cardíaca, hicieron disminuir el ritmo deseado. Sobre todo, Poli, fue quien más lo sintió.

Después de los primeros 10 km, nos topamos con un arroyo congelado, que atravesaba la carretera. Nuestra incredulidad, por semejante oasis de hielo, hizo que detuviéramos la marcha y entre risas y fotos, sellamos dicho paso para la prosperidad. Poli, quien venía golpeado por el frío, se atrevió a cruzarlo con la “jirafa” y rompiendo el hielo a su paso, pudo llegar al otro lado de la ruta.


Por lo tanto, nosotros, decidimos esquivar el espejo de cristal y rodamos por el costado de la RN 40. El “negrito” Luna, como habitualmente ocurría, rodaba en la delantera del pelotón junto a Gonzalo, mientras que Marcos y Poli, llevaban su ritmo. Paralelamente, Garay, acompañaba desde el vehículo y hacía su aporte de auxilio, por si un soldado se caía físicamente.

De esta manera, fuimos hacia el horizonte y los carteles de vialidad nos indicaban el destino. En estos viajes, entendemos que dos más dos, no siempre hacen cuatro. Aprendemos, las ciencias que los científicos dicen que no son ciencias, leer las casualidades y el azar. Un aprendizaje, que te saca un poco de la encerrona de la sociedad.

Finalmente, llegamos al destino marcado, en el mapa de Marcos. Coranzulí, un pueblo de 420 habitantes, aproximadamente a 257 Km. de San Salvador de Jujuy y a 53 Km. de Susques, por la Ruta Provincial Nº 74.


Es un pequeño pueblo de mineros que sufrió notablemente el cierre de los yacimientos de la región y que ahora apuesta a la producción de camélidos, sobre todo llamas, que encuentran un entorno natural favorable para su desarrollo. Muchos de los pobladores,  abandonaron el pueblo en busca de oportunidades laborales y ahora están retornando.

El pueblo tiene comisión municipal, una iglesia, sala de primeros auxilios, destacamento policial y una escuela primaria. Nosotros, nos hospedamos en la casa de Doña Lila, por $40 pesos cada uno. Donde nos duchamos, lavamos la ropa y comimos un rico estofado, a orillas del río. 

sábado, 25 de mayo de 2013

Etapa Coyaguayma - Coranzulí

Este recorrido tiene 46 km, en el cuál el viento cruzado fue un compañero que dificulto el trayecto. Sobre todo, en los últimos km.El frío, también tuvo su rol protagónico.



martes, 21 de mayo de 2013

Mina Pirquitas, a cielo abierto

Mina Pirquitas, es una empresa que se encarga de la extracción de minerales metalíferos no ferrosos, ubicada en en Norte de Argentina en la Provincia de Jujuy. 



La mina se encuentra en operación como una mina convencional a cielo abierto. El mineral es triturado y tratado en un pre-concentrador por gravedad antes de ser procesado en una planta convencional de flotación de mineral. 

Los concentrados de plata y zinc producidos en la planta se envían a diferentes fundidores en el mundo. Se espera que la producción para el año 2012 sea de 8.5 millones de onzas de plata.

Su población urbana es de sólo 629 habitantes. En épocas de esplendor, llegó a albergar cerca de 2000 personas. Hoy, hay dos núcleos urbanos: uno administrativo (con oficinas, laboratorios, hospital, viviendas y capilla) y otro hacia el Oeste, a unos 7 kilómetros donde se encuentra "La veta" y donde estaba la mayor parte de la actividad extractiva.

En la misma se ubica una de las explotaciones mineras más importantes del país. La veta, contiene mayormente casiterita, un mineral que contiene entre otros elementos estaño, zinc y plata. Hay trazas de otros elementos como oro, plomo, iridio, paladio, tungsteno. También se han reportado pequeñas cantidades de minerales raros y radiactivos en algunos sitios de la mina.

lunes, 20 de mayo de 2013

Ruta 40 en Bicicleta: Liviara - Coyaguayma

El camino se mueve se adelanta,

se atrasa, te lleva para un lado

y te devuelve, te detiene,

te junta, te separa

y te vuelve a juntar… Yiramundi

Después de pasar la noche en Liviara, un pequeño pueblo de solo 63 habitantes, donde dormimos con comodidad, partimos rumbo a Minas Pirquitas, situada en el departamento Rinconada; en el distrito de Coyaguayma, a 355 km de la capital jujeña.

Según Osvaldo, un pueblerino de Liviara, “la carretera después de Minas mejora mucho, por el transito de los camiones que llegan hasta Susques para luego cruzar a Chile por el Paso de Jama.”

Con el frío, como fiel ladero en estas latitudes, empezamos a rodar los primeros 10 km. Nuestro recorrido, se hacía sentir en el relieve de alta montaña, con escasa vegetación, y laderas suaves y escarpadas. El suelo de la RN 40, es rocoso, pedregoso y por momentos, arenoso.

Después de tres horas, pasado el mediodía, llegamos a Minas Pirquitas. El viento, cruzado, se hizo sentir en los últimos kilómetros de pedaleo. Pero no llegamos cansados y sabíamos que al día siguiente, nos esperaba un día duro, de 62 kilómetros.

Por ende, después de un leve descanso, decidimos seguir viaje hasta Coyaguayma, un pequeño poblado a 12 km de distancia. Atrás, íbamos a dejar a una de las localidades más elevadas de la República Argentina con sus 4271 msnm.  

Las localidades de Olaroz Chico con 4544 msnm, y Pairique Chico, con 4633 msnm, (ambas situadas en la Provincia de Jujuy), están a mayor altitud, pero eran consideradas hasta el Censo nacional de 1991 como comunidades rurales dispersas. La mayor localidad argentina es El Aguilar, una pequeña ciudad minera ubicada en la misma provincia, con cerca de 4.900 metros de elevación y tiene 3.655 habitantes (censo de 2001).

Con la intención, de seguir sumando kilómetros, partimos a un desconocido poblado, en donde los oriundos de Pirquitas, no nos pudieron garantizar que haya alojamiento, para poder pasar la noche. Recordamos, que arriba de los 4000 msnm, el frío, a partir de la caída del sol se hace sentir y mucho.

Finalmente, después de una hora y media de pedal, llegamos al destino diario. Donde nos cruzamos con la presencia de Rubén, quién nos habilitó el centro comunal, para poder pasar la noche y resguardarnos del viento y del frío.

Etapa Liviara - Coyaguayma

Nuestro recorrido inicial era hasta Minas Pirquitas, que oscilaban los 32 kilómetros desde Liviara pero llegados al mediodía, decidimos seguir por la carretera 12 km para llegar a Coyagauyma y así, descontar la distancia a Coranzulí, nuestra próxima estación.


viernes, 10 de mayo de 2013

Liviara, la fundación de una familia


Una disputa familiar derivó en su fundación. Santos Eugenio Trejo vivía en Orosmayo y decidió fundar su propio pueblo, abandonando la pelea que mantenía con su padre por la conducción del centro vecinal. 



El 18 de septiembre de 1.997 se instaló a 5 Km. de Orosmayo. Al año se inauguró la escuela y llegaron 1.000 metros de PVC donados para instalación de agua. Las tierras se regalaban y Liviara se urbanizó pronto.

Ahora funcionan proyectos aurí­feros a cargo de siete familias. Otras tres pusieron una panadería que abastece a escuelas de la zona y de Piriquitas. La población aproximada de este pequeño caserío es de 63 habitantes.

La educación: La escuela primaria 197 de Liviara, primera comunidad aborígen de Rinconada, recibió una importante donación, en diciembre del 2012, desde la escuela Nª22 de San Francisco, de Bellocq.


El establecimiento, está ubicado al límite con Bolivia, a 4800 metros de altura sobre el nivel del mar, y actualmente cuenta con 34 alumnos. La mayoría de los padres trabajan en Minas Pirquitas y muchos otros viven de la agricultura y ganadería, y la vida de los habitantes es dura en la época invernal, cuando la escuela sufre escasez de recursos por el clima frío y seco de la zona. 

Ruta 40 en Bicicleta: San Juan de Oros - Liviara

La vida es un camino a largo plazo,
en la que tú eres maestro y alumno;
unas veces te toca enseñar;
todos los días te toca aprender...

Después de pasar una grata noche en la escuela, desayunamos con la premisa de llegar a Liviara y así cumplir la tercera jornada por la Ruta Nacional 40. El frío, que golpea duro por estas latitudes, había congelado los canales y ríos, de poca cause, que cruzan la carretera.



Ante el asombro de ésta novedad, Poli, se decidió cruzarlo a pesar de lo “peligroso” de mojarse hasta las rodillas. Pues, el hielo, se rompe con el paso de los rodados y uno, puede quedarse varado hasta la necesidad de tener que apoyar los pies.

Después, de esta “novedad” seguimos viaje a un buen ritmo, donde el camino, nos ofrecía abiertamente su gratitud. Las montañas, mayormente de color rojizo, le daban tonalidad al desgaste en las subidas. Además, de deslumbrarnos con lo que nos rodeaba, las charlas con los lugareños, le daban más color y calor a nuestro viaje.  

El andar por lugares donde habrían existido poblados antiguos, prehispánicos, es visto como muy riesgoso y causa de la enfermedad llamada "piadura" o "piyadura". Armando Paredes, nos dijo "La piadura, es cuando alguna persona va a una zona muy antigua, por ejemplo y se siente muy cansado, se acuesta y se duerme. A la noche siente que tiene mucho frío. Al día siguiente le empieza a picar todo el cuerpo."



Justamente, la Puna, tiene características muy diferentes a los Valles, la Quebrada y las Yungas, pues presenta una gran diferencia de temperatura entre el día y la noche, y debido a la altura sobre el nivel del mar, por arriba de los 3.000 metros – caracteriza al paisaje una mayor heliofania, con una temperatura más fría y un ambiente más seco.

Luego, de rodar 40 kilómetros, nuestros cuerpos, presentaban un signo de cansancio, que privó a algunos seguir a bordo de la bicicleta. La altura y la constante arena, que presentaba la carretera, fueron los principales impedimentos de ésta etapa.

Pero, los que siguieron arriba de las “nenas” la Madre Tierra, les regaló una bajada intensa, de curvas y contracurvas, en un camino accidentado por la geografía. Donde la montaña, hacía sombra de un lado y el vacío, se hacía sentir, por el otro. Allí, el “negro” Luna y Gonzalo, se amigaron con el viento y llegaron a Liviara, un pequeño pueblo, que los hospedó después de una larga jornada.

Con la llegada, la buena noticia, fue que íbamos a descansar sobre un colchón, después de tres noches, en el centro comunitario, en donde también conseguimos un televisor para captar algunos canales por la antena pública. Rocío, la encargada del lugar, nos confirmó “gracias a esta medida, podemos mirar algunos canales” aunque manifestó “yo, tengo DirecTV, porque agarro más canales”.

Por la noche, cenamos en el comedor, un rico estofado, con vino y postre. La noche, se estaba poniendo fría y nosotros, nos fuimos a dormir.


Etapa: San Juan de Oros - Liviara

En esta etapa, realizamos la suma de 51 kilómetros. Aquí, no se ve reflejado el pueblo La Ciénaga, donde pasamos la noche, en donde tuvimos que desviarnos unos Km de la Ruta Nacional 40. Sin dudas, la bajada a poco de llegar a Liviara, fue la máxima adrenalina que nos toco vivir por el momento.


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lunes, 6 de mayo de 2013

Ruta 40 en Bicicleta: Santa Catalina - San Juan de Oros

El frío se hizo sentir con la noche y al despertar, el sol nos regaló un poco de calor en la puna jujeña. Mientras los chicos iban camino a la escuela, nosotros desarmamos el campamento para iniciar el camino hacia San Juan de Oros.


Pues, nos esperaban 63 km de ripio por la dificultosa Ruta 40, donde en el km. 40 íbamos a sufrir el pico máximo de 4300 msnm para luego sí, descender hasta los casi 3600 metros del pequeño pueblado de 55 habitantes (censo 2001)

El pueblo de cuestión, San Juan de Oros, está ubicado en el Departamento de Santa Catalina de la provincia de Jujuy y se encuentra, casi sobre la confluencia del arroyo Oros sobre el río Grande de San Juan. Tradicionalmente, la principal actividad económica, es la cría de llamas y el lavado de oro. Actividades, que hoy, casi no se llevan a la práctica.

En el camino, mágico por cierto, nos encontramos con el cartel que señalizaba el km. 5000, sin dudas, parada obligada para ratificarlo con una foto para la prosperidad. A su vez, al costado de la ruta, frenamos en una escuela primaria, donde su directora, nos invitó a conocer el establecimiento y nos llevamos un grato recuerdo de los peques.


Por ese entonces, la Ruta 40, tiene 11 kilómetros de rodaje junto al río, donde las piedras, el agua y la Pachamama, se sienten en su máxima expresión. Duro pero excitante carretera, entre un anillo de cerros colorados y vegetación, que le daban color y calor, a la previa del pico máximo de la jornada.

Después, de las paradas programadas, para consumir las energías dejadas en el camino, seguimos rumbo al pequeño pueblo. Justamente, la hora que ganamos en lo personal en la pequeña escuela de frontera nos hizo perdernos de lo programado y la tarde, se empezó hacer noche.

Cerca de las 18 horas, llegamos a un paraje escasamente poblado, que decía San Juan de Oros. Son 7 casas, de las cuáles, dos tienen techo y una capilla. Pues, sus habitantes, que son lavadores de oro y pastores de llamas, están repartidos en la soledad del lugar donde funciona la Escuela Nº 368 Madre Alpons M. Eppinger. En el establecimiento, los chicos disponen del servicio de un comedor escolar que a muchos de ellos les asegura la ración de alimento del día.

Inmediatamente, Pablo, Gonzalo y Walter, fueron a Misa Rumi, un pequeño poblado a 5 km para conseguir un lugar a donde acomodarse pero regresaron sin resultados positivos. Donde, se decidió seguir por la Ruta 40 y desviarse unos kilómetros para hacer noche en Ciénaga.

Donde, una vez que hablamos con el delegado del pueblo, nos prestaron el Salón de usos múltiples de la escuela para que pasemos la noche.


Cabe recordar que en 2008, comunidades originarias de esta localidad entre otras se mostraron contrarias al desarrollo de la minería en la zona.  En donde, por un comunicado dirigido al Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, las comunidades originarias del departamento de Santa Catalina, hicieron llegar su reclamo en torno a la explotación, cateo y pedimentos de emprendimientos mineros que el Gobierno de la provincia concede a empresas en esta zona de la puna jujeña. 

La nota estuvo firmada por representantes de las comunidades de El Angosto, La Ciénaga, San Francisco, Cabrería, San Juan de Oros, Oratorio, Puesto Grande, Hornillos, Yoscaba, Pasajes, Cieneguillas, Rodeo y Santa Catalina, refiriendo textualmente “no aceptar las imposiciones unilaterales y violatorias de la ley general de ambiente Nº 25.675 del gobierno de la provincia de Jujuy, al otorgar autorizaciones mineras” (Agencia COPENOA).

jueves, 2 de mayo de 2013

Etapa: Santa Catalina - San Juan de Oros

En esta oportunidad, realizamos la misma cantidad de kilómetros que el día anterior, 63 en total pero tuvimos que pisar una altura máxima a las 4200 msnm. A su vez, sufrimos un desnivel acumulado de 940 metros. 

Ruta 40 en Bicicleta: La Quiaca - Santa Catalina

Ésta etapa, no presentaba demasiadas dificultades, ya que el camino es bastante regular y las subidas no son tan marcadas. De esta manera, se tomo la modalidad de pedalear 10 km y hacer una parada, para hidratarse y consumir alimentos.

lunes, 29 de abril de 2013

Ruta 40 en Bicicleta: La Quiaca - Santa Catalina


Jujuy, ¿cuándo volveré?
Ya me estoy volviendo tiempo.                                                                                                                                            
Volveré cuando el viento,
arriero de mil caminos,
corra soplando hacia el Norte,
tropereando mi destino.
Jorge Cafrune


Con el grupo completo, por la llegada del “negro” Luna a La Quiaca, se inició el camino hacia La Quiaca. Walter, en la conducción del vehículo de apoyo, junto a Gonzalo, quién se intoxico en Yavi y no estaba en condiciones de pedalear. Por lo tanto, el viaje se inició con tres bicis sobre el terreno.

Ésta etapa, no presentaba demasiadas dificultades, ya que el camino es bastante regular y las subidas no son tan marcadas. De esta manera, se tomo la modalidad de pedalear 10 km y hacer una parada, para hidratarse y consumir alimentos.

Santa Catalina, es la localidad más boreal de la Argentina, ubicada al norte de la Provincia de Jujuy, a 63 kilómetros de La Quiaca por la Ruta Nacional 40, entre los paisajes impactantes de la puna, este pueblito que supiera crecer con la actividad minera de la región invita a descubrir el espíritu inconfundible del norte argentino.

Cerca del medio día, a falta de 25 km del destino final, almorzamos al costado de la carretera, nos distendimos un rato y Gonzalo se subió a la bicicleta, para cerrar el tramo de la primera jornada. Donde con Marcos y Pablo, terminaron en la sala de primeros auxilios en busca de oxígeno, por el apunamiento frecuente, que lo hostigo durante todo el día.

El camino, presente muchas montañas que se elevan casi hasta los cuatro mil metros, que  impactan con su majestuosidad y sus relucientes tonos rojizos. Entre ellas, apareció un puñado de casitas, recorridas por calles estrechas y empedradas para disfrutar de una tranquilidad envidiable. El cartel, indicaba, que habíamos llegado a Santa Catalina.

El pueblo, que se estaciona a los 3770 msnm, tiene 332 habitantes estables, un municipio, dos escuelas, la iglesia, un centro de salud, dos hospedajes, un único teléfono público  y la comisaría. Pues, el paseo por este pequeño rincón sorprende con una Iglesia que data del siglo XVII. Un tono blanquecino la pinta mientras su torre se eleva sobre la puerta principal dividida en dos pisos que culminan en un campanario. Los altares originales fueron reemplazados debido a su frágil estado de conservación, el resto del edificio se encuentra ostentado el estilo colonial que le dio vida.

Nosotros, con el permiso de la intendenta, armamos campamento al costado de dos canchas de fútbol, donde había parrillas y bancos con mesa. Allí, colocamos las 3 carpas, para descansar los huesos y acomodar las ideas en las nubes jujeñas.

Curiosamente, los chicos de la zona, incrédulos por nuestra llegada en bicicleta, se acercaron al campamento y le prestamos las “nenas” para luego, ponerle en la computadora “la era de hielo 4” y hacerle un mini cine en las gradas de la canchita.

Por nuestra parte, Walter, cocinó un guiso con carne de llama, para restaurar energías y ni bien el día se hixo noche, nos sumergimos en la carpa para aventurar el día siguiente.

Etapa: La Quiaca - Santa Catalina.

En éste trazado, nos separan de ambos puntos 63 km en grava y en donde alcanzaremos un desnivel acumulado de 590 metros. Pues, pasaremos por los pueblos Toquero, Pueblo Viejo, Cieneguillas y Puesto Grande.


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Entrevista: Canal 6 de La Quiaca

Cuando emprendíamos viaje a Yavi, un notero y camarógrafo del canal, nos corrieron por las calles de La Quiaca, para interiorizarse de nuestra travesía.

sábado, 27 de abril de 2013

Capilla de San Francisco (Yavi)


En 1682, Juan Fernández Campero y Herrera y su esposa, pusieron la piedra fundamental de la capilla de su hacienda en San Francisco de Yavi. La construcción de esta capilla, finalizó en el año 1690, y hoy, podemos admirarla tal como era en aquella época, salvo pequeñas modificaciones. Sus líneas arquitectónicas son de gran sencillez y belleza.

Si bien, el edificio fue terminado en 1690, sufrió sucesivas modificaciones durante todo el período colonial. En 1707, el matrimonio Campero obtuvo el título de marqueses de Tojo, y Yavi se convirtió en sede del Marquesado. Desde allí se administraban todos los pueblos de la Puna. Muy cerca de la frontera con Bolivia se escalona el pueblo con su iglesia, el edificio más destacado, junto con la casa del marqués de Tojo.

El púlpito, los altares, y los retablos, son realzados por una cubierta de láminas de oro. Posee cuadros y notables esculturas de madera, como las de San Francisco, San Juan Bautista, San José, Santa Ana y San Joaquín, que fueron traídos desde el Cusco. 

Según una antigua descripción, "tiene once ventanas, las diez de ellas de más de dos varas de alto y una de ancho que, en lugar de vidrieras, las ocupan piezas de ónix blanco de cuatro dedos de grueso, transparentes como el cristal, traídas a mucha costa de más de 200 leguas, que dan claridad admirable a toda la iglesia". 

La arquitectura de la iglesia, se caracteriza por el notable juego volumétrico producido por la yuxtaposición de los cuerpos de la nave principal, la capilla de las ánimas y la torre campanario.

Sin dudas, lo más notable está en su interior, de diseño muy simple pero excepcionalmente rico en su adorno, comenzando por los herrajes de sus puertas y la estructura de madera del coro; se destacan también el retablo y el púlpito -tallados en madera- y el Sagrario, magnífico trabajo de orfebrería. Los muros laterales tienen pequeñas aberturas con placas de alabastro, que permiten una suave iluminación natural de la nave.

Estación Yavi


Ya instalados, al final de la Ruta Nacional Nº 9, a 3.442 msnm, y a 289 kilómetros de San Salvador de Jujuy, en el límite con la vecina nación de Bolivia, acomodamos nuestros bultos y agarramos las bicicletas, nuestras fieles compañeras, por primera vez en el viaje.

Nuestro breve destino, a 16 Km de La Quiaca, por ruta asfaltada, y en la limpidez de su cielo, nos esperaba el pueblo de Yavi. No obstante, a pocas cuadras del hotel, nos interfiere en el camino, un notero y una cámara del canal 6 de la televisión local, para realizarnos una entrevista, por la travesía trazada. (ver vídeo).

Los libros, dicen que el bronce y el oro, constituyeron sin duda el histórico pueblo de Yavi, verdadero oasis en la aridez puneña. Hoy, el pueblo está parcialmente despoblado, donde sus casas son de adobe, con típicos techos de cañas, barro y paja, -sin dudas- adecuado abrigo para las heladas noches puneñas.

El viaje, fue placentero y no presentó inconvenientes, ya que sólo sufrimos una elevación de 300 metros a la salida de la ciudad, para luego, descender bruscamente por el pavimento y transitar con altibajos a lo largo de la ruta 5.

Cerca del mediodía, llegamos al histórico pueblo, para asentarnos en la plaza y tomar unos mates con dulces, y recorrer sus calles de piedras y su antigua iglesia. La plaza del pueblo, no tiene más de 20 mts2 y Elisa, su cuidadora, mansamente riega lo poco de tierra que conforma su contorno. Pues, de lunes a viernes, realiza su trabajo de cuatro horas. Sentándose cada media hora a esperar que el sol le de sombra sur en su cuerpo, para ir a alimentar a sus niños.

Después de las 14 horas, retomamos la carretera que nos depositaría nuevamente en La Quiaca, donde ya nos encontraríamos con el "negro" Luna y a esperar la noche para que al otro día sí empezar el trayecto de la ruta 40 por la puna jujeña.

Próxima Estación, Santa Catalina.

jueves, 25 de abril de 2013

Estación Buenos Aires - San Jerónimo - La Quiaca

La partida, se inició en Santa Teresita, donde Marcos, Gonzalo y Pablo, cargaron el vehículo de ilusiones y otras yerbas. Pues, en Buenos Aires, se realizaron los últimos detalles y se unió el "negro" Luna, para determinar el equipaje a llevar.


Después, de lo mencionado, se cargaron las bicicletas y se rumbó directo a la provincia de Santa Fe, donde lo esperaba Walter y la familia de Kucha, para festejar su cumpleaños y agasajarlos con una rica comida campestre.


La jornada, se celebró con vino, muy rica carne y guitarras y estremecedoras voces, que hicieron de la noche, una contienda cálida y familiar. La noche no fue larga, sino más bien, folclorista y corta, para que los visitantes, no se durmieran en el umbral. 

A la mañana siguiente, junto al alba, los "aventureros" salieron hacia el norte de nuestro país, donde se iniciaría el camino hacia la puna jujeña, por la mágica ruta 40.

El viaje fue denso y cansador, ya que a las 23 horas, recién pisaron la ciudad de La Quiaca, donde cenaron en un pequeño comedor y se alojaron, en un hotel cercano a la avenida mayor.

De esta manera, dieron inicio a una nueva conquista, que Marcos Niggli había señalado meses atrás, sentado en una computadora. Donde trazo las etapas, muy duras por cierto, día por día, marcando las alturas a subir, las cuestas a bajar y los caminos a trazar.



Donde el ripio, la grava, la arena, las piedras, el serrucho, serían los testigos del andar de la bicicleta y la altura, sobre todo, el "enemigo" a enfrentar. Y decimos enemigo, porque contra el apunamiento, el dolor de cabeza y la falta de aire, no hay remedio alguno, sino acostumbrar al cuerpo a dicha realidad.

El té de coca, muy habitual por estas latitudes, seguramente, será nuestro aliado principal, para combatir los 3500 mts de La Quiaca y los 4895 mts de altura del Abra del Acay, el pico máximo de una ruta nacional de América.

En eso estamos, a la espera de la llegada del "negro" Luna, para partir a Santa Catalina no antes, rodar hasta Yavi, un pequeño pueblo a 16 km de la ciudad fronteriza de La Quiaca, para probar nuestras bicis y sobre todo, nuestros pulmones.

viernes, 15 de marzo de 2013

La Quiaca a San Miguel de Tucumán en Bicicleta 2013

Leía unos artículos de epopeyas históricas y batallas personales y encontré un texto de Koldo Campos Sagagseta de "Sueños e Ilusiones" que se refería a la diferencia entre soñar e ilusionarse. 

Decía que, "para soñar, yo cierro los ojos y que para ilusionarme los abro…y cierro todos los demás sentidos prescindiendo hasta de ese que llaman común, y así quedarme a solas con mis ojos y sin que ningún otro sentido los distraiga de la ilusión, de la risa espontánea de un momento feliz, del alborozo de un chispazo fugaz."

Y afirmaba, entre tantas ilusiones que "los sueños, tienen siempre un largo recorrido y necesitan de todos los sentidos, hasta de los ojos, cuando atinan a ver a través de la memoria y son capaces de escrutar, incluso, las ausencias."

Radio Yiramundi, se atreve a decir que "soñamos con biciletear hasta la nubes para ilusionarnos con poder volar".

martes, 12 de marzo de 2013

Convide rutero (Abril 2013)

El concepto, yiramundi, significa caminar hacia los mejores humus, la mejor gente, la mejor tierra. La que implica una constante y doble caminata: una hacia afuera, hacia el encuentro con los otros y otra hacia adentro de cada uno, en busca de emociones, esperanzas, sueños y pasiones que definan y orienten nuestras acciones. 

 

miércoles, 24 de octubre de 2012

Abya Yala, por la carretera

Los que compartimos el espíritu viajero, sabemos que el viento nos guía y nos amontona...



 
 
 

               
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