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jueves, 7 de agosto de 2014
Estación Copacabana
"Cuando se tapa la taza del baño, ¿qué
es lo que hacemos?, llamar al plomero (...) sin embargo el plomero no puede
arreglar, y nos dice: dame cinco bolivianos, ocho bolivianos, ¿para qué? para
comprar Coca Cola. Compra la Coca Cola y la echa a la taza del baño, pasan
minutos y ya está destapada (...) Imagínense, ¿qué químicos tendrá la Coca
Cola?". Evo Morales
El bus, caminaba de Puno a Copacabana por
los senos de la Pachamama y los rayos de sol, ingresaban por las ventanillas en
la madrugada naciente cuando un grupo de chilenos, luego de pasar el control
migratorio, exclamaban su inconformismo contra el pueblo boliviano por “como
tratan a los europeos” en este país.
Disgustados, afirmaban en grupo la bronca
de que se les cobre un canon por ingresar a Bolivia o que paguen de más por su
condición de gringo. Seguramente, el minúsculo grupo de viajeros trasandinos,
desconoce la historia de los pueblos de América del Sur y su mirada
eurocentrista les prohíbe sentirse parte de la herencia sanmartiniana.
Al escuchar estas afirmaciones, levantamos
la voz para llamarle la atención, diciéndoles si sabían como tratan los
europeos a los latinos que pisan su tierra y aún más, si eran conscientes del
saqueo que produjeron en los años de conquista y luego, en el colonialismo
liberal.
Por lo tanto, el bus, seguía acariciando el
lomo de la Pacha y el Lago Titicaca, nos bañaba en su esplendor. Pasado el
medio día, pisamos Copacabana y nos instalamos en el hostal “Sol de Mayo” por
$15 bolivianos por persona con agua caliente y cocina.
En el camino al hospedaje, nos cruzamos con
dos argentinos, Nahuel y Pablo, con los cuales compartimos las tres noches en
esas latitudes. Allí, decidimos conocer el pueblo y visitar la Isla del Sol
para embarcarnos en el inmenso lago de América.
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sábado, 2 de agosto de 2014
Estación Ollantaytambo
Para la lengua quechua, el nombre proviene
de la palabra Ollanta (que es el nombre de un capitán Inca) y del
término, tambo, una derivación española del vocablo quechua tampu; que
quiere decir, "ciudad que ofrece alojamiento, comida y consuelo a los
viajeros".
Este pequeño pueblo sumergido en la montaña
tiene un encanto particular, más allá de que esté en el Valle Sagrado, sus
callecitas empedradas y sus muros, le dan un sentido ancestral.
Nosotros, llegamos con el cuerpo castigado por las 9 horas de caminata por las vías del tren pero con el alma ensanchada
de felicidad. Por todo lo que habíamos vivido y por lo que aún teníamos que
procesar de lo acontecido. Y este pueblo, fue el lugar ideal para llevar a cabo
nuestros pensamientos.
El frío, se hizo presente por las noches y
el calor, quemó nuestros cuerpos durante el día. La inmensa ruina que viste la
zona norte del pueblo, nos sirvió de escenario para matear junto a unas piedras
y contemplar el viento, que acariciaba nuestro ser.
Allí, conocimos a unos artesanos, padre e
hijo, y fuimos cómplices de una charla que duro horas. Una charla que trató
temas de interés social, cultural y político y por los cuales, casi no nos
ponemos de acuerdo en muchos de ellos.
Así, nos fuimos a almorzar para luego
partir rumbo a Cusco, en donde nos esperaban las mochilas para seguir viaje
hacia Copacabana, Bolivia.
Ollantaytambo - El sector ceremonial
Estaba dedicado principalmente al culto de "Unu" o "Yaku"
(deidades del agua). Por ello, existieron una serie de fuentes que sirvieron
para este fin, como el Baño de la Ñusta, que es una de las fuentes labradas en
una sola pieza de granito, de 1.30 metros de alto por 2.50 metros de ancho. Es
una de las más conocidas y todavía fluye agua de su interior.
Este lugar está constituido por una corta planicie que lleva a un enorme cerro
en cuyos lados se ubican diversos monumentos arqueológicos. El principal de ellos
se ubica en la cima y es conocido como La Fortaleza o Casa Real del Sol.
Las Terrazas de Ollantaytambo
Hacia la derecha se ubican los andenes orientados hacia el lado de la plaza. El
grupo superior de éstos, destaca por el fino labrado de sus piedras y su
excelente ensamblaje. El último andén contiene el recinto con diez hornacinas,
llamado también, el Templo de las diez ventanas, y la Portada Monumental, cuya
función aún se desconoce.
Destaca también el Inca Misana, un acueducto tallado en las piedras de la
montaña, junto a una fuente litúrgica, pequeñas escaleras, y nichos de aperturas
falsas; que servían como lugar donde el Inca hablaba a su gente.
La posición privilegiada de Ollantaytambo, permitió que hubieran otros
edificios pequeños localizados estratégicamente en ángulos altos de las
montañas, para controlar el movimiento de la gente en el valle. (www.cusco-peru.org)
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Estación Machu Picchu
Macchu Picchu, pusiste
piedra en la piedra, y en la base, harapos?
Carbón sobre carbón, y en el fondo la lágrima?
Fuego en el oro, y en él, temblando el rojo
goterón de la sangre?
Devuélveme el esclavo que enterraste!
Sacude de las tierras el pan duro
del miserable, muéstrame los vestidos
del siervo y su ventana.
Dime cómo durmió cuando vivía.
Dime si fue su sueño
ronco, entreabierto, como un hoyo negro
hecho por la fatiga sobre el muro.
piedra en la piedra, y en la base, harapos?
Carbón sobre carbón, y en el fondo la lágrima?
Fuego en el oro, y en él, temblando el rojo
goterón de la sangre?
Devuélveme el esclavo que enterraste!
Sacude de las tierras el pan duro
del miserable, muéstrame los vestidos
del siervo y su ventana.
Dime cómo durmió cuando vivía.
Dime si fue su sueño
ronco, entreabierto, como un hoyo negro
hecho por la fatiga sobre el muro.
Pablo Neruda
(Por Gonzalo Clandestino) Desde el momento que supe que iba a volver
a visitar-redescubirir la ciudadela del imperio Inca, se me hizo difícil
soñar-pensar como sería ese instante. Y así fue que conviví todo el viaje desde
Venezuela hasta Aguas Calientes.
Pasaron algunos meses, indescifrables momentos y muchos compañeros de ruta pero nada de estas acciones pudieron desvelar mi ensueño. Mientras todo esto ocurría, esa alegría estaba siendo recordada por la memoria y soñada por el sueño.
Pasaron algunos meses, indescifrables momentos y muchos compañeros de ruta pero nada de estas acciones pudieron desvelar mi ensueño. Mientras todo esto ocurría, esa alegría estaba siendo recordada por la memoria y soñada por el sueño.
En esta oportunidad, quise dejar a un lado
la mirada política para centrarme en la cosmovisión del santuario y así
relacionarme espiritualmente con el sitio arqueológico. Aunque, no siento
verdadero este nombre porque si el pasado no tiene nada que decirle al
presente, la historia puede quedarse dormida.
En tanto, la lluvia besaba la tierra y la
música se hacía escuchar sobre las chapas del alojamiento. El timbre del
despertador, me sacó del sueño y preparé cuidadosamente la mochila. Calenté el
agua para el mate, cargué la yerba, el termo y algunos panes.
Además, la mochila tenía la camiseta del
Diego del ´86 y la de Boca con la 10 de Román. No tenía demasiado peso, pero en
la caminata hasta la Ciudadela, se hizo sentir en los hombros. En el
transcurso, supe que no sólo portaba lo mencionado sino que la carga emocional
sobrepasaba mi cuerpo y se había acomodado en los bolsillos del morral.
Así, fue mi caminata de una hora por la
montaña. Encontrando historias perdidas. De triunfadores y derrotados. De
conquistadores y esclavizados. De quimeras y sueños. Como dice Eduardo Galeano
“desatar las voces, desensoñar los sueños”.
Escribo, entonces, mi viaje por el Machu
Picchu, queriendo revelar lo real maravilloso para descubrir lo real
maravilloso en el exacto centro de América Latina. Los Incas y su legado. Su
energía y su influencia en las nuevas civilizaciones.
Y todo sucedió. A medida que el tiempo se
transformaba en nubes, mis sentimientos se fueron agudizando hasta el punto de
poder comprender los años que tardaron en colocar cada piedra. En pulirla. En
darle forma y lugar. Para que aquella construcción de hace siglos, hoy se
mantenga en pie para que pueda gozar y viajar a la inversa.
Porque entendí que aquellas piedras
respiran. No sólo son piezas de museo o mesa sagrada o Inti Park. Si así lo
hubiese comprendido, al escribir estas líneas me sentiría vacío y lo hubiese
vivido como un paseo por el shopping en busca de una película.
Me conecté con la historia. Me dejé guiar
por sus rituales y por sus senderos. Caminé junto a ellos en la defensa de su
cultura. En la lucha por su identidad. Porque al fin y al cabo, somos lo que
hacemos para cambiar lo que somos.
La identidad, no es una historia muerta,
para fotografiarla en la vitrina de un museo, sino la siempre asombrosa
síntesis de la loca aventura de vivir en el mundo y sentirse representado, para
encontrar nuestras raíces y destino.
El sol, acribillaba a las nubes que no lo
dejaban librarse. Como los españoles a los Incas, en época de conquista. Y el
día se tornó gris, como la historia de estas altitudes. Y la llovizna, se hizo
presente.
La Pachamama, agradecida por las caricias
del cielo, me abrazó en su magnitud. Me hizo parte de su tierra. De su historia
y los ojos, se humedecieron. Miré hacia adentro, contemplé al viento que acariciaba
mi cara y dejé que silbara.
Estaba desnudo. Dueño de nada. Dueño de
nadie. Fui mi cara en el viento, a contraviento, y soy el viento que golpea mi
cara.
Después de unas horas, quizás muchas, fui
caminando hacia las afueras. Me senté en las escalinatas del descenso y
vislumbré la montaña. La lluvia, más intensa, se hacía añicos contra las
piedras y el agua, formaba senderos para alimentar a la naturaleza.
Finalmente, los sueños se fueron cumpliendo
y la memoria, que no se baña en amnesia, bailó y saltó en cada paso, en cada
huella. Machu Picchu, me abrió otra vez sus puertas y me quedé en su interior,
para siempre.
(Por Tamara Dardick) Tres horas de caminata por los andenes de
una vía con destino a la peregrinación del camino de la vida. A pasos lentos, el cuerpo se cansa.
Y, como en la vida misma, unos rezagados mientras otros se adelantan, se presentan
tantas incertidumbres como certezas: el encuentro de vos caminando contigo.
Escalón tras escalón el cuerpo se desliza por las entrañas de la
Pacha. Allá a lo alto descansa en la noche “La Gran montaña”, de la explotación
inmoral a la que es sometida cada mañana. Con la Madre Luna recuesta sus sueños
mutilados hasta que el Padre Inti, la despierta para enviarla a una nueva
jornada de trabajo. Decidí correr por entre las entrañas de esta montaña
violada hace varios siglos atrás, sumergirme en la cuna de una ciudad saqueada,
también en la modernidad.
Cuando alcancé la cima no pude evitar que
se perpetrara el llanto: -¡Perdón, Pacha
por haberte profanado tanto! Sucumbí en el encanto de la inmensidad mientras
Wayna me invitaba a que descansara a su
lado: sentí una inmensa necesidad de entender el mecanismo con el que funcionan
las redes de la codicia. Dejar de pertenecer a la raza blanca que todo lo
destruye, todo lo atraviesa y todo lo capitaliza. Quise dormir eternamente
abrazada al cándido silencio que emana de la madre incaica…
Varias horas camine sobre las cornisas de
terrazas vacías y recostada en sus bordes me llené de memoria y de energía.
Allí arriba la historia se rebela ante los ojos de aquellos que son dignos de
la verdad: Tupac vive y por las noches frecuenta la ciudad.
No se podrá desprender la ciudad inca de
los vicios perversos de los opresores que hoy ofrecen sus muros a precios de
mercado. Sin embargo estamos los otros, aquellos que decidimos redimir tanta
falta cometida, haciendo renacer la memoria. Pedimos permiso para entrar en su
vientre e intentamos torcer el destino a la que fue sometida… caminamos por sus
pieles y comulgamos con su verdad.
“El último escalón. Respiro profundo.
Inhalo. Exhalo. Sorbo de mi cuerpo unas gotas de saliva. Transpiro. Respiro.
Resisto. Me pierdo en el silencio de las voces ensordecidas y vuelo… Me olvido
por un momento que pertenezco a la raza que esclavizó tu cuerpo y te condenó al
fracaso. Me olvido de esta guerra eterna entre conquistadores y conquistados.
Asumo la fe que me permite creer que vas a volver a ver a tus hijos ofrecerte
rituales de amor. Inti, entonces resplandece en su lecho perpetuo. Tupac viaja
a mi lado y confiesa que por las noches renace del sepulcro y envilece tantos
muros saqueados. El último escalón. Una casilla de boletos de bus a diez
dólares por persona, más abajo ese cartel. Allá, en el primer escalón”
Me despedí de Machu embriagada de las voces
de los callados. La lluvia moja mis pasos lentos. En un refugio de piedra le
prometí a Wayna regresar algún día. El Machu me mira imponente, en sus
entrañas, las almas de sus hijos sometidos sueñan con ser libres.
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martes, 29 de julio de 2014
Estación Camino al Machu Picchu
De Cusco a Aguas Calientes
Mientras observo la página en blanco, me rasco la barbilla,
pensando en la ardua tarea de escribir el viaje hacia el Machu Picchu.
¿Por dónde empezar? ¿Qué detalles redactar? ¿Juzgarlo o solo
describir lo acontecido? Pues, intentaré meterlos en el viaje, sudando a
nuestro lado para que sientan nuestras vibraciones.
Bien temprano, sumergidos en una atmósfera viajera, partimos
rumbo a Hidroeléctrica, paso previo por Urubamba, Ollantaytambo, Santa María y
Santa Teresa.
Vale aclarar que no solo fue un rally de ciudades y pueblos,
sino un viaje agotador por las montañas de la Madre Tierra: cuestas, curvas
contra curvas, puentes, empedrado, pavimento, ripio, precipicios y sobre todo,
un conductor inapropiado para dicho recorrido.
El valle sagrado, se acontece violentamente de esta manera
pero tampoco quisimos ser parte del sistema establecido y abonar los u$s 85 que
cuesta el puto tren de Cusco a Aguas Calientes.
Por entonces, cerca de las 17 horas llegamos a la estación
Hidroeléctrica, en donde le dimos comienzo a la travesía por las vías del tren.
Los 11 kilómetros que nos separaban del pueblo se vivieron
con diferentes matices. Cada uno, sintió la experiencia en carne propia:
algunos la gozaron, otros lo sufrieron y todos la volamos.
En el camino, la estrella de fuego se apagó y la oscuridad
envolvió nuestros cuerpos en el tramo final. Las linternas, hicieron de faro
para iluminar nuestro andar.
Aguas calientes
Una vez en el pueblo, sufrimos el acoso del capitalismo en
su mayor esplendor. Los hoteleros, atribuyendo que era temporada alta, subían
los precios por “la oferta y la demanda” haciendo un estudio de mercado según
la ocupación de sus habitaciones.
Por esta situación, tardamos casi 2 horas en alojarnos en el
Hotel Wayna Picchu por 20 soles cada uno con servicio de agua caliente, toallas
y WI FI.
Allí, pasamos dos noches de mucha emoción y cansancio, ya
que fuimos temprano a la ciudadela (ver aparte) y para iniciar el camino de
vuelta, el último día nos acostamos temprano para preparar la caminata de
regreso.
De Aguas Calientes a Ollantaytambo (KM 82)
Con las retinas henchidas de paisajes. Con los pulmones
inflados de emociones y con los corazones latiendo con la historia, empezamos a
caminar en el kilómetro 110 hacia la meta final del 82. Las mochilas iban
cargadas de frutas, agua, mate y algo de ropa.
A los 28 kilómetros de recorrido, decidimos partirlos para
que el viaje resulte placentero y no una carga para nuestra memoria. Entonces,
cada 5 Km caminados, hicimos una pausa para alimentarnos y refrescarnos.
Pero no sólo de frutas y agua, alimentamos nuestros cuerpos,
la energía que llevábamos encima y la que íbamos recargando a cada paso, fue lo
que provocaba nuestros movimientos.
Así fue que cada una hora y media fuimos descansando y
meditando lo realizado, lo transitado. Aunque, pasarán muchos días, quizás
meses o años en comprender el viaje exterior y el interior.
Porque en este viaje, la mente queda presa de la luz, del
espacio, del viento, de las temperaturas y de la historia. Y es en él donde
buscamos los valores espirituales del retiro, no para escapar de la realidad,
sino para descubrirla.
El kilómetro 82 no fue un destino. Fue el comienzo de un
nuevo viaje por la vida, donde ya no habrá piedras ni rieles de ferrocarril que
entorpezcan el camino sino que habrá abrazos, encuentros, alegría y llantos por
lo sucedido.
Recomiendo este camino. Lo describo con pasión cada vez que
un viajero me consulta sobre el mismo. Nunca había pensado en hacerlo una vez y
menos aún, después que Tama y Leo, se animaran, en realizarlo en dos
oportunidades.
Gracias Pacha querida, sin ti, sería un plástico más del
inmundo sistema capitalista…
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Estación Cusco
Llegamos a la capital incaica desde Ica. Allí arribamos a tomar el bus que
saldría a las siete de la tarde sin embargo, partió tres horas después de lo
establecido.
La
oferta y la demanda son la causa prima que prioriza cualquier excusa en boca de
los vendedores de pasajes en las
terminales peruanas. Vendiendo derechos al mejor estilo libre mercantilista,
los precios de los pasajes aumentan de un día para otro hasta en un cincuenta
por ciento y sin previo aviso. Así, los bolsillos de los consumidores se vacían
en un itinerario cuyo destino final es la máxima expresión de la plusvalía
capitalista: - “Son fechas patrias, por eso el aumento”
-“¿Pero
si ayer vine y me dijiste que el pasaje salía cuarenta soles?!¿Cómo puede ser
que de ayer a hoy haya aumentado el doble?!”
-“Los
precios vienen de Lima. Nosotros no los ponemos”. (…)
-
“¡En su país será como usted dice, pero acá las cosas son de este modo”!
Y
entre dites y diretes, las objeciones y
argumentos corrían abruptamente por la ruta de la desconsideración y el abuso.
Y entendimos, entonces, las reglas de este circo capitalista que nos somete a
determinaciones extremas y actitudes despiadadas que se repetirían lo mismo en
Cusco que en Lima, igual en Ica que en Aguas Calientes, en Cochabamba que en
Oruro.
Finalmente,
pagamos los pasajes y dieciséis horas después llegamos a destino. El viaje fue
algo así como el calvario de tres peregrinos que se encaminan hacia la redención.
En un bus “de primera”, ahogados por el calor del sol, transitamos la carretera
sobre ripio duro, entre cornisas de acantilados subiendo tan alto que podíamos
tocar las nubes con nuestros dedos.
Nunca
llegaban las tres de la tarde a posarse en el reloj. Se aletargaba la llegada
sumida en la espera de la ciudad perdida.
Con
los cuerpos exhaustos y la mente adormecida, bajamos del bus en la terminal
cusqueña. Ahí mismo, casi al mismo tiempo en que volvíamos del
desfallecimiento, Yuri nos ofreció hospedarnos en su hostal. Yuris Hostel house cuenta con una cocina y
baño con ducha caliente. Pagamos quince soles cada uno en las noches que allí
nos hospedamos.
Hermosa
ciudad Cusco. Por sus calles de piedras adoquinadas la historia se camufla
entre muros incaicos y recuerdos mudos, disfrazados de incas modernos que se
venden por una foto y hoteles de lujo. Cada rincón de sus esquinas recoge
leyendas de civilizaciones antiguas escritas por españoles en lenguas
vernáculas.
El
silencio de los olvidados se hace eco en los muros vivos que despiertan una
conciencia muerta: se revuelven los cuerpos mutilados de la historia entre el mercado San Pedro y
las iglesias de la corona. Llora Tupac el desapego de la memoria clausurada por
el sistema. Mira a su pueblo doblegarse ante el vil metal de los
conquistadores. Solitaria y nuevamente conquistada, ciudad incaica que hoy
vende los resabios de su historia a la malicia capitalista que todo lo corrompe
y todo lo convierte en un producto del mercado.
El
show de la conquista encuentra su trono a orillas de “la gran montaña”: desde
Cusco a Aguas Calientes, el regocijo del mercado silencia las voces de los
desterrados y la historia derrotada, comercializada, ultrajada y prostituida,
encuentra su cobijo en los pasos de aquellos que caminamos rezagados,
escupiendo al sistema y haciéndonos eco del recuerdo y la memoria.
Después
de dos días de caminar sus calles, partimos de Cusco temprano, camino a
Hidroeléctrica. A las siete y media de la mañana nos subimos a una combi que
nos conduciría a un encuentro con nosotros mismos.
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sábado, 26 de julio de 2014
Estación Huacachina
La ruta nos estaba esperando y nosotros partimos con la
dolida derrota del mundial pero predispuestos a seguir buscando nuestra
realidad. De Paracas, un taxi nos acercó al cruce de Pisco y la Panamericana
para subirnos a un bus de la flota Flores para hacer escala en Ica y luego
llegar a la laguna de Huacachina.
Ya que no cuenta con un mercado o una casa de comidas para
un bolsillo de mochilero. Por ende, nuestra decepción no fue muy abrupta porque
aceptamos de ante mano las palabras del parcero y su vivencia.
De todas maneras, subimos loas altos médanos convertidos en
montañas de arena para apreciar el Oasis de América desde las alturas y lejos
de lo comercial.
A continuación, les describimos como se vende la pachamama en huacachina.com y como pierde su
significado, a pesar de la hermosa leyenda que acompaña a este sitio del mundo:
Ubicado aproximadamente a 5 horas al sur de lima, Huacachina se encuentra ubicada a solo 3 kilómetros del centro de la ciudad de Ica. Huacachina recibe una gran cantidad de turistas extranjeros y nacionales que vienen por dos razones fundamentales: algunos desean relajarse y disfrutar de un ambiente agradable y tranquilo bajo el cálido sol, y otros se antojan prefieren la adrenalina de subir las dunas en carros areneros (tubulares) y hacer "sandboard", deporte que consta en deslizarse por las dunas sobre una tabla.
Aunque Huacachina es menos famosa que Machu Picchu, Cuzco, y el Lago Titicaca, una visita a su ambiente relajado y arenoso absolutamente vale la pena. Huacachina tiene mucho para ofrecer los turistas, y esperamos verlos acá pronto y ayudarles con cualquier pregunta que puedan tener.
Hay varios versiones de la leyenda acerca de la creación de
Huacachina, y normalmente cuentan asi: Hace siglos había una hermosa princesa Inca que estaba
caminando en el desierto, cerca de su casa. Ella andaba con su espejito, donde
ella siempre se miro a su hermoso reflejo. Pero cuando ella subió el espejo, de
repente vio un hombre detrás de ella, mirándole desde muy cerca. Asustado, ella
dejo caer el espejo y cuando se había roto, los pedazos de vidrio se
converieron en la laguna de Huacachina.
En esto punto de la leyenda, los versiones toman rutas
diferentes:
Un versión dice que la princesa empezó a huir del lugar, con
su manta rascando al suelo. Eso causo la creación de las dunas que alardean el
oasis. Otra versión dice que la mujer se quedo en el oasis, y se convertido en
una sirena. Cada año, cuando una persona sin suerte se ahoga en el oasis, la gente
dice que la sirena lo ha jalado.
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Estación Paracas
Luego de unos dias en Lima, partimos rumbo a Pisco para luego
terminar el viaje en Paracas, ciudad donde desembarcó San Martín. La ciudad de Paracas que
(en quechua: para, ‘(lluvia) y Aco, arena, Paraaco "lluvia
de arena" castellanizado a "Paracas"’) es una localidad portuaria
de la costa sur del Perú, capital del homónimo distrito, en la provincia
de Pisco, dentro del departamento de Ica.
Pero nuestra visita tuvo la intención que Leo se bañe en el
Pacífico pero el frío y los vientos fuertes solo permitieron que se moje los
pies. Para ello, nos alojamos en Wily´s House por 10 soles cada uno con cocina
y TV.
En nuestra estadía, vivimos con armonía los atardeceres en
rondas de mates y contemplamos la intensa geografía que rodea la ciudad.
Justamente, alquilamos unas bicicletas y fuimos rodando hasta la Reserva Natural
de Paracas que fue creada en 1975 con el
fin de conservar una porción del mar y del desierto del Perú, dando protección
a las diversas especies de flora y fauna silvestres que ahí viven.
La entrada al Parque cuesta un valor de 10 soles por persona
pero Gonzalo habló con los boleteros y pagamos 5 soles cada uno. Con el viento
en contra y algunas cuestas en el trayecto, decidimos recorrer 16 km y
descansar en la playa roja.
Aquí, nos dejamos llevar por el viento y comimos algunas frutas y tomamos
unos mates para luego retomar el camino de vuelta. En tanto, en la reserva, existen y observamos una gran
variedad de peces, como el lenguado, tollo blanco, bonito, tramboyo, raya,
chita, sardina, mero, pampanito, anchoveta, corvina, lorna, pejerrey, jurel,
liza, machete y las sardinas.
Pero quizás el último día, el cual vivimos la final del
mundial, quedará guardado para siempre. La malegría envolvió nuestros cuerpos
cuando el alemán vulneró al portero argentino y las chances de volver a gritar
campeón se disolvían como el tiempo.
En fin, nuestro destino que es viajar no lo frenaría una
pasión futbolera por tanto, armamos las mochilas para partir rumbo a la nueva
estación…
Desembarco de San Martín:
El llamado Desembarco de San Martín marca el
comienzo de una serie de episodios de la historia peruana de gran
significación para la organización política que adoptaría la Sudamérica independiente.
El 20 de agosto de 1820, partió de Valparaíso, Chile,
con destino al Perú, la Expedición Libertadora del Perú al mando
del generalísimo José de San Martín.
El desembarco se produjo sin novedad en la bahía de
Paracas en la mañana del 8 de septiembre. Tomó varias horas el
cuidadoso arribo a tierra de las tropas, municiones y artillería. Al momento
del arribo un pelotón de caballería del virrey que custodiaba el
lugar huyó hacia el norte. En la ciudad de Pisco hizo otro tanto el
jefe militar español de la plaza, coronel Químper.
San Martín instaló su estado mayor en una
antigua casona ubicada a menos de 50 metros de la plaza mayor. Allí trabajó y
residió durante algunos días, definiendo la estrategia militar a seguir en
suelo peruano y complementariamente vislumbrando lo que sería la primera bandera y
el primer escudo del Perú independiente.
Antes de caer la noche del 8 de septiembre, mediante
una imprenta portátil perteneciente a su ejército, San Martín emitió su primera
proclama desde suelo peruano, firmada:
“San Martín. Cuartel general del Ejército Libertador en
Pisco. Septiembre 8 de 1820. Primer día de la libertad del Perú..."
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domingo, 20 de julio de 2014
Estación Lima
Arribamos a la capital peruana bien temprano, cuando el sol todavía remolón, comenzaba a abrir sus brazos sobre la ciudad limeña. Desde Trujillo, tomamos un bus directo por 80 soles ($286) que nos dejó en la terminal.
Lima está ubicada en la costa central del país, a orillas
del océano Pacífico, conformando una extensa y populosa área urbana conocida
como Lima Metropolitana, flanqueada por el desierto costero y extendida sobre
los valles de los ríos Chillón, Rímac y Lurín.
Con el sol naciente, caminamos unas quince cuadras hasta la
plaza San Martin, en búsqueda de un hospedaje que se amigara con nuestro
presupuesto.
Impotente de bronca y congoja, Tama salió a darle revancha a
la adversidad que se manifestaba delante de sus narices y le abofeteaba la
mejilla. Finalmente conseguimos alojamiento en donde morar por cuarenta soles
la noche, en una habitación para tres con tele y baño con ducha caliente.
Allí descansamos de la inhospitalidad con la que nos
recibían nuestros hermanos peruanos. Al otro día, por la noche, nuestros brazos
abrazarían con encanto a nuestro amigo Leito en el aeropuerto internacional de
Lima. Hasta allí nos dispusimos alrededor de las nueve de la noche del martes
ocho de mayo. A las doce del dia miércoles,
recibimos al tercer yiramundi.
Hermosa fantasía, ésta de abrazar tan fuerte a un hermano
que viene a tu encuentro desde tu tierra para agasajar tu camino con su
compañía.
Los tres yiramundis festejaron el sueño de ver en una final
a la selección argentina después de veinticuatro años. Y así, entre tanto sueño
tejido y tangente, andamos caminando de regreso a nuestra tierra santa, en
búsqueda de tesoros que nada tienen que ver con metales preciosos o dinero vil.
Respiramos los callejones de los limeños, las expectativas fueron las mismas
que nos esperan en cualquier esquina de cualquier ciudad capital.
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viernes, 18 de julio de 2014
Estación Trujillo
La carretera, a veces, es un enemigo de sentimientos y
desencuentros. Pues, dejar Mancora tuvo un sabor amargo por la energía que
vivimos con la banda argentina, uruguayos, colombianos y otras especies de este
mundo.
Pero la inminente llegada de Leo y el próximo destino,
Trujillo, nos esperaban con ganas de encontrarnos. Así fue que partimos de la
playa a las 10 de la noche para llegar a la ciudad nombrada a media mañana.
El bus nos dejó en la panamericana o mejor dicho, nos abandonó
en la entrada de la ciudad y desde allí caminamos con las mochilas rumbo al
casco antiguo. A pocas cuadras de la plaza mayor, encontramos un hostal por 30
soles la habitación con TV y agua caliente.
Una vez ubicados, fuimos a recorrer a la tercera ciudad más
poblada de Perú, que en el año 2014 cuenta con una población estimada de
788 236 habitantes. Siendo que la fundación española de la
ciudad fue oficializada por el conquistador Francisco Pizarro el 5
de marzo de 1535 con la instalación de su primer cabildo. En 1932, se
convirtió en el escenario de la llamada “Revolución de Trujillo”.
Pero nuestra visita tenía un sentido más amplio que era ir a
la ciudad de barro más grande de América, Chan Chan y también descubrir y
conocer la cultura Moche. Para ello, fuimos al sur de la ciudad de Trujillo, a
8 km de la ciudad, dentro de la campiña de Moche.
Este complejo arqueológico fue la capital de la cultura Moche,
entre los años 400 y 600 d.C. Su extensión actual es de 120 hectáreas. Está
conformado por las huacas del Sol y la Luna, y el área urbana. Fueron los
primeros conquistadores españoles quienes le dieron los nombres de Sol y Luna,
creyendo que dichos templos habían sido construidos por los Incas en honor a
sus dos principales dioses.
Nosotros fuimos a la Huaca de la Luna, ya que la del Sol está
siendo investigada científicamente y por ende, permanece cerrada al público. El
ingreso, con el carnet de estudiante nos costó 5 soles.
Podemos decir que la huaca de la Luna, es una obra maestra
del genio creativo humano. Sus 12 mil metros cuadrados de murales polícromos
son un ejemplo destacado de la tecnología constructiva de tierra que los moches
dominaron a la perfección.
En la web www.huacasdemoche.pe se puede leer que “No tiene
referente en el mundo en términos de diseño y complejidad de sus pinturas
murales. Su riqueza iconográfica y estética es de un valor universal
excepcional que responde a un patrón que se manejó a lo largo de siete siglos.
También constituye un testimonio excepcional de la tradición cultural moche
porque en ella se materializa el poder político a través de las ideas
religiosas, donde el templo, el espacio más sagrado en la comunión entre el
hombre y sus dioses, se asocia a la montaña sagrada, escalera al mundo de las
divinidades y divinidad misma…La huaca de la Luna es en realidad un complejo
arquitectónico compuesto por dos templos sagrados con forma de pirámide trunca,
denominados Templo Viejo y Templo Nuevo, construidos completamente de tierra, a
donde solamente ingresaban personas privilegiadas, ya sea para rendirle culto a
sus dioses o para ofrendarles su vida”.
Leyenda Cultura Moche
Cuenta la leyenda que durante la “era de los gentiles”, dos
hermanos, habitantes del lugar, encontraron una pequeña serpiente de dos
cabezas a la que adoptaron, llevándosela a vivir con ellos. Este animal no era
una serpiente común, era un demonio que crecía día a día, de manera
exponencial, conforme se alimentaba. Cuando la serpiente alcanzó el tamaño de
un hombre, los habitantes del pueblo obligaron a los hermanos a deshacerse de
ella, pues ponía en peligro no sólo la vida de los animales que criaban, sino
la de los mismos vecinos. Muy a su pesar, los hermanos condujeron a la
serpiente hasta el mar donde, con engaños, la abandonaron. La serpiente, al
darse cuenta de que había sido abandonada, inició el viaje de regreso a la casa
de los hermanos.
En su camino, el ofidio de dos cabezas fue comiéndose todo
lo que encontraba a su paso, incluidos hombres y animales grandes, como las
llamas, ganando cada vez más y más tamaño. Uno de los vecinos del pueblo, la
vio venir a lo lejos y dio la alarma en el pueblo. Todos sus habitantes
emprendieron una huida que los llevó hasta las faldas del cerro que ahora se
conoce como cerro Blanco.
En el momento en que la serpiente de dos cabezas llegó a
ponerse a tiro para devorarlos, el cerro Blanco se abrió y por él entraron todos
los pobladores de la aldea, cerrándose a su paso. Cuando el peligro pasó, los
hombres salieron desde las entrañas de la montaña tras lo cual esta se cerró.
La línea negra que atraviesa el cerro Blanco sería la cicatriz que quedó tras
esta experiencia sobrenatural. Viendo que este cerro era mágico y que el dios
de la montaña les había ayudado a ocultarse de la serpiente, los hombres
construyeron en su honor el templo que ahora conocemos como la Huaca de la Luna
y vivieron a sus pies, fundándose la ciudad que ahora los arqueólogos y
conservadores tratan de entender, desentrañando sus secretos para el mundo.
Chan Chan
Por la tarde, luego de almorzar y de maravillarnos con la
cultura Moche, fuimos camino a Huanchaco para llenarnos de polvo y arena en la imponente
ciudadela de la cultura Chimú. También en esta oportunidad, abonamos la mitad
de precio e ingresamos por la suma de 5 soles.
Desde la carretera, se puede observar lo que queda de Chan
Chan (sol resplandeciente) ya que el sitio arqueológico cubre un área
aproximada de 20 kilómetros cuadrados. La zona central está formada por un
conjunto de 10 recintos amurallados (llamados "ciudadelas") y otras
pirámides solitarias. Este conjunto central, cubre un área de 6 kilómetros
cuadrados, aproximadamente. El resto, está formado por una multitud de pequeñas
estructuras mal conservadas, veredas, canales, murallas y cementerios.
Nosotros, visitamos una de las “ciudadelas” y nos quedamos anonadados
ante semejante arquitectura en arena, arcilla y barro. Las figuras en las
murallas, representan la vida que llevaban estas civilizaciones antepasadas en
donde se reflejaba el mar, la pesca, la luna, el sol y los peces, entre otras
figuras.
Según Lizardo Tavera “la ciudadela por su gran volumen y su
antiguo prestigio de haber sido la capital de un importante y rico reino, Chan
Chan ha estado presente en el interés de los viajeros e investigadores desde
hace siglos. Sin embargo, hay que hacer notar que las menciones y referencias
de este sitio en los documentos más antiguos, después de la conquista española,
son escasos, o se refieren a él como una ruina. Es por eso que se postula, que
tras la conquista Inca, Chan Chan (en un tiempo, rival del Cusco) fue saqueada
y destruida (aproximadamente en el año 1470) y cuando llegó Pizarro (1532) esta
ciudad era sólo un pálido reflejo de su viejo esplendor, habitado por pocas
personas de escasa importancia política y económica”.
Para el arqueólogo Kolata, “Chan Chan no se construyó en un
solo momento, y en base al estudio de los adobe propone 3 momentos en la
historia urbana de esta ciudad. La etapa uno, correspondería al núcleo
original, formado por las ciudadelas Uhle y Chayhuac. Posteriormente creció
hacia el oeste, con Tello y Laberinto, esta última, la primera en usar la
división tripartita de su espacio interior. En la etapa dos se construyen Gran
Chimú y las edificaciones de los sectores norte y oeste. La etapa 3 está
marcada por la construcción de las 5 ciudadelas restantes”.
Leyenda
Vino del mar, no se sabe de dónde, en una flota de balsas,
con toda su corte y guerreros, llegó a la costa norte de lo que hoy es el Perú,
en el valle de Moche y fundó un reino. Su nombre era Tacaynamo y fue el primer
soberano de Chan Chan, la ciudad más importante de Chimú. Tuvo un hijo llamado
Guacricaur, y éste, uno al que llamó Ñancempinco. Fueron diez los reyes de esta
dinastía. El último, Minchancaman fue derrotado por los Incas, quienes
destruyeron la ciudad y dividieron al reyno. Así cuenta la leyenda de
Tacaynamo, recogida en el documento "Historia Anónima" escrita en
1604 por algún cronista español, que narra la fundación de Chan Chan y del
reino de Chimor.
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sábado, 12 de julio de 2014
Estación Mancora
El sol matutino quebraba la soledad del asfalto sobre la
Panamericana, caminamos cinco cuadras hasta el “Camping de Tito” y allí moramos
doce días a diez soles cada uno. Armamos nuestra carpa y tomamos unos mates. El
lugar cuenta con cocina, un ambiente común con hamacas y televisión, baños con
ducha y un patio central que une las distintas galerías techadas donde se arman
las carpas. Cubren la totalidad del espacio, miles de granos de arena que
ambientan la calidez del camping, ubicado a una cuadra del mar.
Ubicados y relajados, salimos a recorrer las callecitas de
este pueblo que alguna vez supo verse ahogado por el pacífico bravío que se
enoja salvajemente durante la corriente del niño.
Allí, construimos cimientos de amistad que se tejieron entre
mates, guitarras, tambores y melodías diurnas. Muchos fogones fueron testigos
de charlas a orillas del mar, entre guitarras y buena hierba.
Trece soles alumbraron nuestros días: Oski, Ale, Tony, Ema,
Facu, “el Parce” Nelson, Nico “la rubia”, Tavo, Flor, Sergio, Kyle, los
uruguayos Noe y Nico. En inmensa comunidad fuimos concertando verdades
supremas, ésas que los libros son incapaces de relatar. Verdades que emergen
del alma descuidadamente y nos marcan para el resto de la vida.
Testigos fueron las callecitas de Mancora y las orillas del
mar, testigos las palabras en una noche estrellada. Testigos los atardeceres
naranjas mientras la redonda rodaba sobre la arena, testigos los dioses
ancestrales que nos reconocieron en esta comunión. En el ritual llevado a cabo
cada mañana, los mates endulzaban horas de arte, enredados en alpaca e hilos de
colores. Tejieron cimientos las cuerdas de una guitarra y los tambores
resonantes de un cajón peruano. Enlazados en la indescriptible inmensidad de la
luz, sabíamos que nos sentíamos familia, que construíamos en cada almuerzo,
sentados en una mesa larga, comida que alimentaba nuestros cuerpos y también
nuestras almas. Caminamos rendidos a los pies del camino, rodando como niños
sobre un medano muy alto. Cada jornada se vistió de risas y anécdotas,
confesiones de vida y lágrimas y cariño.
Sin encontrar mayor respuesta que la causalidad el mejor
paisaje que nos regaló la Pacha fue esta familia de locos lindos, seres de luz
que nos hicieron inmensos.
Amaneció el día de la despedida y un nudo en la garganta
oprimía el pecho. A la nochecita nos despedimos de cada uno de nuestros hermanos,
nos abrazamos como si fuese el último abrazo pero también el primero. Buenos
deseos, buen camino, buena vida al regreso:-“Nos vamos a volver a ver”- nos
dijimos al unísono, sabiendo que significaba algo más que un simple deseo.
El bus con destino a Trujillo paró sobre la calle a las diez
de la noche. Abrazamos a Nico, a Noe y a Sergio Y emprendimos viaje camino
hacia el sur.
La serenidad que trasciende al tiempo y al propio espíritu
se encuentra cuando logramos alcanzar ese punto máximo de entendimiento: cuando
comprendemos que no somos sin los otros más ellos nos complementan y nos
trascienden. Entonces la serenidad se vuelve plena. Magia, diversidad,
autonomía, felicidad, tristeza, alegría, fraternidad. Familia.
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