martes, 13 de octubre de 2015

Estación Villa La Angostura

“…para escribir el libro esencial, el único libro auténtico, un gran escritor no tiene que inventárselo, en el sentido usual, puesto que existe ya en todos y cada uno de nosotros, sino traducirlo. El deber y la tarea de un escritor son los de un traductor”
Marcel Proust


La Angostura, es una pequeña ciudad de los lagos patagónicos y sabía a priori, que me debía un regreso, ya que habían pasado 10 años de la última vez que la había visitado. Y salimos con Juli, por la nominada Ruta Nacional 40 cerca del medio día.
Cuando el sol, inmenso entre los cerros, alumbraba nuestro recorrido entre curvas y contra curvas. Y los mates con chipá, se fueron degustando con alegría y entusiasmo, mientras trabajábamos la memoria y nuestra historia. La de la familia, la infancia y el presente.


Porque, como dice Marcel Proust, “los trastornos de la memoria tienen mucho que ver con las intermitencias del corazón”. Y junto a los latidos de los tambores, nuestros corazones fueron danzando murga rioplatense, entre mate y mate, el cuerpo se dejó llevar, como el agua del río Bonito, que camina, todos los días, hasta desembocar en la Bahía San Patricio.
Seguramente, manifiesta Proust,  “la existencia de nuestro cuerpo, que nos parece semejante a una vasija es donde está encerrada nuestra espiritualidad, lo que nos anima a suponer que siempre están en posesión nuestra todos los bienes interiores, las alegrías pasadas y todos los dolores”.
Así, entre dolores y amores, pasamos Puerto Manzana, para luego llegar a la villa, que se encuentra ubicada a 870 msnm, al margen del Lago Nahuel Huapi, sobre los faldeos de los cerros Bayo, Inacayal y Belvedere.


El panorama, es inmensamente peregrino y se necesitan muchos ojos para alcanzarlo todo. Mientras la cámara disparaba diapositivas a mansalva, intenté llenarme el alma y los pulmones de azul clarito.
Respirando, la misma región que supieron habitar los poyas y los puelches, en el siglo XVII, rodeada de lagos, bosques nativos y montañas. Aunque el tiempo ha cambiado y mucho la fauna y la flora de aquellos tiempos. Porque el tiempo, transforma la realidad y deja a un margen, lo establecido y lo metafísico.
Así como la Pachamama, sufre el paso del tiempo y la ambición del hombre al servicio del capitalismo, nosotros, los humanos, también vamos mutando.
Aunque Proust, afirma “El tiempo que cambia a las personas no modifica la imagen que de ellas nos ha quedado. Nada resulta más doloroso que esa oposición entre la alteración de las personas y la fijeza del recuerdo cuando caemos en la cuenta de que tenemos una vida vagabunda, pero una memoria sedentaria (vol. VII)”.


Y entre la memoria, el pensamiento, la transformación y Proust, retomamos a la ciudad que nos vio salir. Bariloche, con el imponente Nahuel Huapi, fue el escenario del regreso y de la mutación, de aquella tarde.
Buen viaje y buenos vientos…

La localidad se encuentra a:
-  42 km del límite con Chile.
- 60 km de Villa Traful.
- 87,6 km de San Carlos de Bariloche.
- 92,2 km de San Martín de los Andes, por el camino de los 7 lagos.
- 479,4 km de Neuquén capital.
- 1634 km de la ciudad de Buenos Aires.

Próxima Estación, Santa Teresita… 

viernes, 9 de octubre de 2015

Estación "Memoria" Che Guevara

Hasta la victoria, siempre... Patria o Muerte

Comparto por esta vía una anécdota que me ocurrió un 9 de octubre en Bolivia: estaba en la fila de un banco leyendo la biografía del CHE, el libro, paradójicamente estaba tan vivo y la gente alrededor, tan seria, amargada como silenciada… y no aguanté de leerlo a viva voz, para llenar ese vacío existencial. Los guardias me hicieron callar y yo insistí, me quisieron quitar el libro, pero el CHE no los dejó. Finalmente, me echaron del banco y me quedé con el libro y el dinero sin cobrar. Ese día, sin almorzar y sin una moneda, fue mi pequeño pero sensato homenaje a Ernesto Guevara, en la tierra que lo asesinaron.


“Ningún revolucionario termina, sin prolongarse en su lucha y en su ejemplo. Su grito jamás se apaga, sin que encuentre el eco de mil gargantas jóvenes que lo renueven. Su sangre jamás se coagula, sin que la asimile la tierra por la cual la derramó”... El Che y Masetti en Sierra Maestra (Cuba)


Comandante Che, amigo incondicional de estas tierras, eres uno de esos hombres con que el destino regala raramente a la humanidad y se te extraña demasiado... "Es difícil unir tanta grandeza a su sensibilidad y ternura, a su riqueza humana. Demasiado cálido para tallarlo en piedra. Demasiado  grande para imaginarlo nuestro. Ernesto Guevara, argentino como el que más, fue quizás el más auténtico Ciudadano del Mundo" Tita Infante (1968)



Yo podría decirte Libertador o Guerrillero o Héroe cuando arreabas el tiempo de América y si finalmente te digo Humanista, resulta poco porque todo calificativo te limita, se desajusta a tu modelo y por eso, prefiero decirte CHE GUEVARA...


El Che es un símbolo de dignidad nacional... Para los latinoamericanos, que ya vivimos cinco siglos de humillación, un símbolo entrañable... Qué nunca confundió a Cuba con el paraíso. ¿Por qué nosotros vamos a confundirla, ahora, con el infierno? En Cuba, democracia y socialismo nacieron para ser dos nombres de la misma cosa; pero los mandones del mundo solo otorgan la libertad de elegir entre el capitalismo y el capitalismo... ¿Un mundo quien no se vende, se alquila? Radio Yiramundi 0,00 Mhz...


El eterno brillo de tus ojos, que iluminan mi camino... pienso en ti… junto a mis compañeros de ruta… en mis sentidos abiertos y conectados… y esperando en la quietud del silencio, deseando infinitamente, que caiga el universo en ti… en el manicomio ¿Quién está loco? Los cuerdos andan a cuerda, sueltos, en la locura del sol… ojalá salga el sol…


 “Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.” Ernesto Che Guevara


Al Che lo mataron en una escuela, en el mismo lugar donde nos inculcan Libertad, Respeto e Igualdad de Derechos, en fin, donde nos enseñan a luchar por nuestras ideas... allí, en una escuelita, Ernesto Guevara dejo la vida para dar un paso a la eternidad de la Humanidad... 


Habrá quiénes siguen su pensamiento, hay quiénes no, u otros que ni siquiera lo conocen, pero no hay duda que un pedazo enorme de la historia de la humanidad transcurrió en éste pequeño pueblo sumergido en cerros y olvidado hasta para los propios bolivianos... Radio Yiramundi, siguiendo su camino...


En esta fotografía, está la lavandería, tal cual se mostró al mundo el 9 de octubre de 1967.... Aún se podía percibir su cuerpo de valiente sobre una lona miserable, su melena guerrillera y su barba rizada. Al Comandante lo habían asesinado pero ya había nacido hacia la eternidad… Nos pareció haber estado allí, tantas veces leímos libros y revistas sobre el CHE y muchas fotografías hemos visto sobre la lavandería que el lugar nos pareció conocido... como que ya es parte de nuestras vidas... Radio Yiramundi


Notas de este blog dedicadas a Ernesto Guevara

- Marzo de 2008: redacción de nuestra visita a Vallegrande y a La Higuera (Bolivia) click
- Abril de 2008: el Diario "Pionero" redacta un informe sobre nuestro andar por Bolivia y la Ruta del Che (Argentina) click
- Octubre de 2008: Nota Homenaje al Comandante de América Latina (Bolivia) click
- Octubre de 2008: Otra vez, nos encontramos en Bolivia y el Che, ya es parte de nuestras vidas click
- Junio de 2015: Museo de la Revolución (Cuba) click
- Junio de 2015: Casa del Che de la Cabaña (Cuba) click
- Junio de 2015: Plaza de la Revolución (Cuba) click
- Junio de 2015: Santa Clara (Cuba) click
- Julio de 2015: Mausoleo Che Guevara (Cuba) click
- Julio de 2015: Plazoleta Che Guevara (Argentina)

jueves, 8 de octubre de 2015

Estación Villa Mascardi

"Virar el paisaje, mudar de dirección en su marcha, para que el horizonte se invierta, y convierta, la bóveda en suelo, y la tierra en nubes, para sembrar en lo alto, un recuerdo áureo, y vivir vertiendo, el vació del cuerpo y la belleza del alma... cuerpo, espíritu y corazón..."

Adriana Nivia


Bariloche tiene sus encantos, más allá de la nieve, los deportes extremos, el chocolate, la pesca o los viajes de egresados. Es, simplemente, con su prestigio de turismo internacional, por su naturaleza innata y por sus contrastes. Donde, los cordones montañosos y los bosques y lagos, le dan escenografía de mural.
Entonces, la mochila y el interés de emocionarse hasta enmudecer las retinas, están siempre intactas. Y se sale, a la calle, con o sin rumbo. Porque todas las latitudes tienen su magia. Y todos sus olores son diferentes. Y los colores. Y el viento. Y la energía. Y la vida, es diferente.
Y el camino, nos encontró rumbeando por la Ruta Nacional 40 hacia Villa Mascardi. Lejos del centro cívico y de la calle Mitre, pasamos por los barrios altos de la ciudad para sumergirnos en los labios del Lago Gutiérrez, de aguas glaciares.


Continuando por la mística 40, nos encontramos con el Lago Mascardi y posteriormente, el Lago Guillelmo. Ambos, con nombres de misioneros que anduvieron por estas tierras en el siglo XVII.  
Dejamos el auto, pegado a una tranquera y emprendimos camino hacia el lago. Dejando en cada huella, un historia por contar. Ya que, en estas tierras, los tíos y los primos, habían vivido la infancia y justamente, aquí, fue la primera vez que me hospedé en Bariloche, cuando era muy pequeño.
Por consecuencia, la nostalgia, nos embriagó en anécdotas familiares. Y la abuela Hortepe, fue la estrella que más brilló en la tarde soleada junto al lago. El mate, no se hizo esperar y fue, otra vez, un gran compañero.


Descubrirnos o redescubrirnos, fue el legado de estos viajecitos al centro de los lagos. Donde nos llevamos en las venas el agua de glaciar y de ríos. En los cabellos el viento. Y en el cuerpo, la tierra árida de la estepa.
Así, nuestro latir, compost de nuestra alma, se hace fuerte y hecha raíz en nuestro caminar. Fortaleciendo relaciones y sanando heridas. Para ver y observar, que el Mundo que nos rodea, lo transformamos a diario para crear un Mundo dentro de otros Mundos.

Hasta la próxima estación, Villa La Angostura.

sábado, 3 de octubre de 2015

Estación Centro Cívico

Somos mensajeros de la lucha y la verdad.
Somos peregrinos de la amada libertad…
Raly Barrionuevo 

El sol, estrella de fuego, alumbró mis pasos y los de Julieta, donde dejamos las huellas por la calle Onelli. Una vez solo, baje las escaleras hasta la avenida 12 de octubre y me dejé llevar por el viento y por el agua del lago.

Así, caminé hasta toparme con la Avenida Juan Manuel de Rosas y visualicé el Centro Cívico y todo su esplendor arquitectónico y su entorno, característico propio de las regiones montañosas y boscosas de las películas hollywoodenses.
Subí las escalinatas que cruzan la calle Reconquista y me senté a observar, que no es lo mismo que mirar. Y la bandera Argentina, hacía piruetas en el mástil por el fuerte viento. Y el Reloj de la torre de la Municipalidad, señalaban las 18 horas del día. Que de a poco, se estaba haciendo noche.
En tanto, saqué el mate, le puse yerba y cubrí la boca del mate con la mano. Lo invertí y sacudí para mezclar la yerba, para que los palitos se ubiquen en el fondo del porongo. Una vez que la yerba quedó a unos 45 grados, vertí un poco de agua para que se hidrate la yerba mate. Coloqué la bombilla con fuerza y disfruté del aire patagónico.

Y entre mates por medio, se acercó Francisco, un abuelo barilochense y con voz ronca, por el frío y por el whisky, lanzó unas cataratas de palabras, en donde me explicó, lo que mis ojos observaban: “Este es el destino de la actividad cívica y social de la ciudad con el Municipio, la Oficina de Turismo, la Policía Provincial, la Aduana y el Juzgado de Paz”.
Mientras, cebé otro mate y le convidé. “Aquí –y tragó saliva- se encuentra la Biblioteca Sarmiento, cuna del conocimiento barilochense.” Y me aconsejó “hay que estudiar, para ser alguien en la vida”. Aunque, este buen hombre, quizás no sepa que para “ser” alguien en la vida no hace falta ser abogado o contador público. Pero acepté sus palabras y sus enseñanzas, sin refutarle ni un guiño.
Con poca agua en el termo, nos saludamos. Y por último, sentenció “Acércate al Museo Patagónico, que es muy lindo.” Y me quedé con la magia de una arquitectura relacionada con el paisaje natural de la zona, enmarcando la vista al lago Nahuel Huapí y los cordones Montañosos.


Aunque, en el centro de dicha arquitectura, hay un nombre en discordia. Defendido y odiado a lo largo de la historia argentina. Julio Argentino Roca, el genocida de los Pueblos Originarios, fue el Comandante de las tropas que asesinaron a miles de indígenas en la denominada “Campaña del Desierto”.
De la mochila, sacó un artículo de Osvaldo Bayer, que se publicó el 8/11/14 en Página 12 y lo leo ante el inverisímil monumento: “Se han cumplido cien años de la muerte de Julio A. Roca. El diario La Nación, su defensor constante, dedicó mucho espacio para recordar la fecha de la desaparición de ese presidente argentino. 
En una página entera, los historiadores Ceferino Reato y Mario “Pacho” 0’Donnell volcaron –con todo entusiasmo– su apoyo a esa figura tan discutida de nuestra historia. Reato lo calificó nada menos como “el mejor presidente de la historia nacional”, y O’Donnell trató ya en el título de su colaboración de desmerecer a aquellos autores que tienen a la Etica como medida definitiva para calificar a un protagonista de la Historia. Titula O’Donnell “Un caudillo objetado por un revisionismo malentendido”. Bastaría tocar un punto no mencionado por los dos historiadores para rebajar moralmente los argumentos de ellos.
Ambos callan una realidad: no mencionan el capítulo donde este protagonista de nuestra historia pisotea para siempre los principios de la Ética que debe impulsar la vida de todo ser político. Es cuando Roca, como comandante del Ejército, lleva a cabo el genocidio indígena y el presidente Avellaneda avala todo ese inmenso crimen. Y también cuando los prisioneros indígenas –hombres, mujeres y niños– son ofrecidos como esclavos en las plazas públicas de Buenos Aires. Para comprobarlo no hace falta más que leer los periódicos de Buenos Aires de 1878. Un ejemplo lo dice todo. 
El diario El Nacional, de Buenos Aires, expresa en su edición del 31 de diciembre de 1878: “Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperación, el llanto no cesan. Se les quitan a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”. Esta crónica de esos días lo dice todo. Por eso hay que leer los diarios de la época para comprender toda la realidad y la crueldad empleada por Roca y sus tropas…”


El texto, es largo y profundo, pero ya no puedo más. Me fui, mirando el piso, decorado por pañuelos blancos de lucha y resistencia, de las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo, que custodian, paradójicamente, al acto militar más sangriento de la Patagonia.

Próxima Estación, Villa Mascardi…

lunes, 28 de septiembre de 2015

Estación Circuito Chico

"...Con los pies en el suelo.
Las alas en el cielo.
El corazón en las manos.
Y el espíritu en todos lados..."
- Arnau de Tera –

El sol calentaba la tarde del sur y nosotros (con Flor) nos encontramos en un auto sin rumbo cierto. La idea, que no siempre es una buena idea, era ir al lago y a medida que fuimos circulando, el destino se fue presentando sin ciencia cierta.


Y ahí, cuando descubres tu camino, ya no hay marcha atrás. Sólo quedó seguirlo aún sin saber a dónde llegaríamos. Y empezamos a recorrer kilómetros y besamos las orillas de Playa Bonita y un poco más adelante llegamos al pie del cerro Campanario, donde hay elevadores que trasladan al viajero hasta la cumbre.
Pero nosotros, no teníamos cumbre ni elevadores en nuestro camino, sólo era ir. Y a todo esto, sobre el lado derecho de la carretera, el Lago Nahuel Huapi, que todo lo contemplaba.
Y la primavera, floreciendo en los poros de las retamas amarillas, zigzagueando el camino asfáltico y la vida, que te lleva para un lado y te devuelve, hacia la dirección contraria.
Y los cerros, puntas de algodón apuntando al corazón del cielo: Tronador, catedral, Otto y López. Casi todos nevados, como helados de crema, deleitaban el paisaje.


En tanto, el sol, se fue escondiendo entre las montañas. Mostrándonos desnudos ante tanta inmensidad. Y frente a nuestros ojos que no terminaban de mirar, un espejo de agua, que nos devolvía sombras, para reconocernos, que es suficiente para empezar a cambiar. Y cambiarnos.
Caminando por el Puente Romano y por la vida, fuimos acariciando toda la naturaleza que nos abrazaba en el sendero. Y Flor, incipiente estudiante de las plantas y sus orígenes, iba relatando sus dichas y sus propiedades.


Entonces, reconociendo su vida, sus respiraciones y su sentir, fuimos un cóctel de vida. Entre las hierbas, el agua, el aire y los cerros.
Ya de regreso, por la carretera 77 hacia Bariloche, tomamos unos mates con la panorámica del LLao LLao y el lago Perito Moreno. Y el movimiento fue una eternidad. Donde el alma sobrevoló nuestros cuerpos, acariciando los cerros y el viento, susurro patagónico, hizo vibrar los cimientos de la Pacha.
Como una grieta, a pura lentitud, fue abriendo nuestro camino. Cambiando. Transformando lo que fuimos hace un instante. Y nos fuimos, para volver, a lo que no queremos ser.
Así, el mate, se enfrío como la tarde. Y nos despedimos…

Hasta la Próxima Estación, Centro Cívico.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Estación Cerro Catedral

"En algún momento de su vida, por leyes universales de atracción, 
el soñador y su sueño por fin se encuentran."
Yiramundi

En el post anterior, describíamos que la ciudad, tiene dos caras o más. Y como el ser humano, uno quiere conocerlo todo, como es por dentro y por fuera. Lo que se muestra al viajero y la realidad de los que viven a diario, entre el viento y el polvo.


Entonces, con Raúl y Flor, lugareños por elección, fuimos hacia el Cerro más codiciado para los deportistas extremos del sur argentino y por ende, para los que poseen un poder adquisitivo para llevar a cabo dichas disciplinas.
Y para relacionarme de manera más instruida con el Cerro y sus actividades, ingresé a la web welcomeargentina.com/catedral y de entradita, se puede leer “Hablar de San Carlos de Bariloche es también hablar de su cerro Catedral, cuyo nombre se debe a que sus cumbres semejan las torres de un templo medieval. Su majestuosidad es conocida por los esquiadores de todo el mundo”.
En donde dan a conocer la otra mejilla, de esta hermosa ciudad. El lado turístico, que está a tan sólo 20 kilómetros de Bariloche y a 1.030 metros de altura sobre el nivel del mar, donde “el cerro Catedral parece querer unir la tierra con el cielo”.


Según dicha web, es pionero en Sudamérica, y “hoy es el centro de esquí más completo del país y sigue modernizando sus instalaciones para ofrecer al visitante la más avanzada infraestructura”.
En esta oportunidad, no utilizamos ningún servicio del cerro ya que sólo fuimos a apreciar la inmensidad de sus cimientos y el negocio inmobiliario que sobrepasa cualquier especulación económica.
En donde, también, garantiza la falta de nieve natural porque cuenta con un avanzado sistema de fabricación de nieve que “da como resultado copos reales que cubren una superficie esquiable de alrededor de 10 hectáreas”.


Sin dudas, que el “negocio” no se corte, es la premisa de este cerro. Donde, según welcomeargentina.com “Solo hay que acercarse hasta allí. El cerro Catedral, en la mítica San Carlos de Bariloche, tiene todo lo que necesitan el esquiador y su familia. La nieve está asegurada”.
En conclusión, salude al muñeco de nieve, le di un mordiscón a su nariz de zanahoria y caminamos rumbo al auto, que lo habíamos estacionado en el parque público porque todo, casi hasta el aire que se respira, tiene un valor económico.

Hasta la próxima estación, Circuito Chico…

martes, 22 de septiembre de 2015

Estación Bariloche

Amor – Ayün (aiñ)
Hablar en mapudungún con relativa conciencia del significado es hacer hablar a la sinfonía de los elementos del agua, de la tierra, del cielo y del fuego. Por lo tanto pronunciar una palabra indígena equivale a poner a danzar todas las cosas.
Lengua Mapuche


Después de 17 horas de viaje, ya estamos en Bariloche y en familia. El cuerpo llegó extenuado, aburguesado de la butaca del carro pero la mente, relajada y los pulmones libres por el viento que nos llevó y nos amontonó.
Entre abrazos y risas, nos recibieron. Contento por el reencuentro con la gente linda del sur, surgió el fuego, el asado y el buen vino. Y como todo argentino, clandestino, burlamos la autoridad en Río Colorado para poder ingresar a la provincia de Río Negro medio costillar y algo más (sabiendo, a priori, que la carne que transportamos de manera ilegal en el vehículo estaba libre de aftosa).
Y la ceremonia del campo, empezó a hacerse ceniza en la Patagonia, entre montañas y ríos, en el Alto de la ciudad. Donde, a diferencia de la provincia de Buenos Aires, se le llaman los barrios bajos.
Aquí, Flor y Pedro, están haciendo su morada a puro corazón. Donde la energía y la fuerza de la juventud, radica en el esfuerzo diario de poder construir una vivienda digna y llena de amor. Envueltos en polvo de tierra. De hogares precarios. De banderas de Boca y de River. De perros callejeros. De familias numerosas. Y a veces, de tiros y corridas y gritos.
Entonces, este ambiente, tan hostil para algunos y gratificante para otros, es el escenario de una ciudad que tiene dos caras. Pero, más allá de esta descripción, la dignidad del ser humano no tambalea por estas circunstancias sino que se fortalece y se hace pilar de la vida diaria.


Porque reconocernos, nos hace adultos para volver a ser chicos y recordar, que el mundo sin MIEDO se puede cambiar, porque nos hace cambiar y cambian los planes y las ideas de lugar, nos lleva a otro lugar, lejos de la ciudad, de la cordura y el bozal.
Salud camaradas, levantamos la copa y nos abrazamos. La vida es el hoy, el sueño es el mañana. Vivimos para vivir, con el corazón latiendo, de amor y fraternidad.

Hasta la próxima estación, Cerro Catedral…

sábado, 19 de septiembre de 2015

Estación La Carretera del Viento

Algunas veces es preciso silenciarse, salir de la escena y esperar que la sabiduría del tiempo termine el espectáculo...
Guardioes de Atinis

Y la mochila se volvió a abrir. Después del regreso de Cuba, todo había tenido una simple armonía. Hasta que apareció un viaje de ida y vuelta al sur argentino. Y hasta allá fuimos, con la inigualable condición de viajero incansable. 

De Santa Teresita a la meta, San Carlos de Bariloche, nos separaban un poco más de 1600 kilómetros y un estimativo de 17 horas, como anunciaba un camino de Google Maps.
La carretera, con sus contradicciones y paradojas, nos esperaba mansa y cansina. Pues, el vehículo, fue acariciando el pavimento para disfrutar del atardecer y del viento.
En tanto, Raúl, descansaba con los ojos bien abiertos, pensando en nada o simplemente, respirando. Gonzalo, sentado al volante, le daba sonido a “Louder Than Words” de Pink Floyd.
Así, mientras el día se hacía noche, llegamos a Tres Arroyos para cargar combustible y tomar un café. También, para estirar las piernas y creer que aún no habíamos recorrido nada, ni siquiera el 50% del camino.
Pero en este circo caliente, todo puede ocurrir. Y llegando a Bahía Blanca, nos deshacemos del GPS y escogimos otro camino, ya que Raúl, fue victima de un zarpazo en un viaje anterior, por el camino de las vías. 

Entonces, pasada la medianoche, llegamos al control de Río Colorado y seguimos camino hasta Choele-Choel, en donde volvimos a cargar combustible y cambiamos de conductor. Y entre risas y mates, la madrugada se fue haciendo de día.
Y llegando a Neuquén, por la R22, el amanecer se hizo presente en el horizonte. Justamente, la carretera atraviesa por el medio la ciudad capitalina del sur y los semáforos y el transito, se hace espeso a cualquier hora del día.
Una vez, pasado este tramo, todo es cuesta abajo. Los camiones y los ómnibus, son los obstáculos a pasar en la angosta línea asfáltica.
Y cuando se transita por la R237, el paisaje se hace encantador, bordeando el Río Limay y cruzando El Chocón y otros afluentes.
A media mañana, cuando chispeamos el cartel que indicaba Piedra de Águila, ya sabíamos que nos quedaban un poco menos de 3 horas de viaje. En donde, uno se deslumbra por la naturaleza inmensa que lo apaña. 

El embalse Alicura, te llena los ojos y los pensamientos de agua. Gigante, besados por grandes montículos de piedra que se hacen llamar montañas, es todo lo que la ruta te regala en esos 200 kilómetros de distancia. 
Hasta que después de una curva interminable, se puede observar el Nahuel Huapi y toda su historia. Chiquito, como una maqueta de cartón, se percibe la ciudad de Bariloche y todo su encanto.
Llegamos, así, con 17 horas sobre las ruedas de nuestro cuerpo, a la casa de Raúl y a Bariloche, la encantada del sur argentino.     


Próxima Estación, Bariloche

viernes, 11 de septiembre de 2015

Estación Patagonia

"Contempla cada camino de cerca, entonces hazte esta pregunta crucial: ¿me lleva el corazón por esta ruta? Si lo hace, entonces el camino es bueno. Si no es así, es inútil..."
Carlos Castaneda

Hoy me levanté sabiendo que iba a ser un día intenso. El sol, que está opacado por el frío, no hace brasitas en el aire. El viento, junto a la mar, lo empujan hacia el cielo y lo estacionan nuevamente en el invierno que, testarudo, no quiere quedarse en el olvido.


Entonces, septiembre, el mes del lazo con la tierra, se hace escuchar. Y yo, con la mirada en el sur, parezco una semilla por germinar. Aunque siento que estoy germinando hace muchos días y varias noches. Porque estoy viviendo en tierra fértil y que el riego de mi corazón, de mis ideas, de mi acción, es natural.
Y ante tanta energía, me dejo llevar por el mundo de la carretera. Porque somos energía y después objetos o ¿somos cuerpo y después almas? Si no sabemos responder esta pregunta o no empezamos con la premisa de que es un mundo de energía, creo que nunca seremos capaces de percibir energía directamente.
Es tan raro viajar y hermoso, a la vez, que las sensaciones vibran por dentro. Estallan. Y vuelven a estallar. Eso es el viaje en mí. Una explosión de energía, que revolucionan mi mundo interior y lo canalizo con lo que observo y miro, que no es lo mismo, pero es igual.
Así que, somos quienes somos por un montón de razones. Y quizá nunca conozcamos la mayoría de ellas. Pero aunque no tengamos el poder de elegir de dónde venimos, todavía podemos elegir adónde vamos. Todavía podemos hacer y sentir. Y podemos intentar sentirnos bien con ellas...

Próxima Estación, Bariloche

jueves, 13 de agosto de 2015

Estación: Hasta Pronto, Cuba

Cuando eres buen observador, todo el mundo es tu maestro…

Me voy de la isla con el sentimiento de haber concretado mi sueño rojo pero me voy triste, con nostalgia e incertidumbre. Si, con la rara sensación de haber caminado por América Latina, por la carretera y por la historia, en busca de un ideal.

Y me fui de Cuba, con la incipiente bandera imperialista gringa ondeando en el cielo por los fuertes vientos de la revolución. De una revolución que no se cansa pero que como la bicicleta, si uno no pedalea, se cae.
Y acá estoy, frente a una notebook, algo que es casi lejano en Cuba. Porque allí se vive lejos de los iphone, de los laptops, de los celulares y de toda tecnología que separe al ser humano del otro.
Y aquí sigo, respirando la brisa de mar de mi pueblo. Añorando la explosión del cañonazo de las nueve, el atardecer en el Malecón y las calles sin peligros. Los amigos de Camagüey. La compañía de Arístides en Santa Clara. Y la imagen del Che, a lo largo de toda la isla.
Aún sigo triste, porque ni bien pise Buenos Aires, empecé a ver la desesperanza de los niños sin posibilidades a un plato de alimento y a una infancia digna, en la que sólo se dediquen a vivir-jugando.
Recuerdo con nostalgia, cuando camínanos desde Calzada y E, en el Vedado, hacia la Plaza de la Revolución por la Av. Paseo. Recuerdo, que fue una caminata intensa, a la hora del medio día cubano, cuando el sol explota en los cuerpos que habitan la ciudad capital y el aire que se respira, era agobiante como la ofensiva de la columna N°8 de Santa Clara.
Y la incertidumbre, que aún sigue escarbando mis pensamientos, me bañó el cuerpo cuando visualice el epígrafe del Comandante Guevara y de Camilo, ante la mirada de Martí. Y vibré con la historia y con el presente.
Porque en Cuba no hay delitos y por ende no hay inseguridad pero de Cuba se habla y se dice, todo el tiempo. Se habla de “libertad” y en una radio suena Silvio “vivo en un país libre cual solamente puede ser libre en esta tierra en este instante”… Libertad en salud pública y libertad en educación pública y gratuita. Libertad de vestirse con la bandera yankee y libertad de escuchar a Michael Jackson.
Y me guardo para siempre, a Yohan y a Arístides, cubanos de 25 y 72 años, cada cual con sus vivencias y experiencias, defendiendo lo hecho por la revolución y su legado. Y también, los interrogantes que flotan en mi cuaderno de viajes, que aún no supe disipar o que no es el tiempo de resolver.

Próxima Estación, Esperanza...

sábado, 8 de agosto de 2015

Estación Ferrocarril: Tren de Santiago a La Habana

-Adivinanzas
En los dientes, la mañana,
y la noche en el pellejo.
¿Quién será, quién no será?

Todos, nos decían que no tomemos un tren en Cuba porque nunca uno sabe cuando llega a destino. Nosotros, con la locura de ir descubriendo con nuestro cuerpo todo lo que está en nuestro paso, compramos el ticket de Santiago a La Habana.
Caminando, con las mochilas al hombro, llegamos a la Estación del Ferrocarril, el reloj señalaba las 23:35 de la noche. Y el tren, supuestamente, a las 23:55 partiría rumbo a la capital.

-El negro.
Con ser hembra y no ser bella,
harás lo que ella te mande.
¿Quién será, quién no será?

Una vez ubicados en el coche y después de haber escuchado algún “yuma” por nuestra presencia, la alineación empezó a moverse a la hora señalada. Pues, para el destino final, nos esperaban 16 horas y varias estaciones: Bayamo, Camagüey, Ciego de Ávila, Santa Clara, Matanzas y La Habana.

-El hambre.
Esclava de los esclavos,
y con los dueños, tirana.
¿Quién será, quién no será?

Y en la incomodidad del tren, nos acomodamos para hacer un viaje placentero, entre el olor a baño y a comida, entre los gritos de los vendedores de alimentos y las voces de los pasajeros, entre la oscuridad de la noche y el ruido metálico del avance de la formación.
Todo fue tomando forma y sentido. Viajamos sabiendo a priori que mucho de esto íbamos a vivir y esquivamos la comodidad del bus a pocos días de regresar a la Argentina.


-La caña.
Escándalo de una mano
que nunca ignora a la otra.
¿Quién será, quién no será?

De esta manera, estábamos cerrando una etapa en la isla, conociendo también sus lados más profundos y menos turísticos. Donde un haitiano nos hablaba de Maradona y se nos hinchaba el pecho. O una cubana, con calzas pintadas con las estrellas y los bastones, nos afirmaba “mi abuelo luchó en la revolución y como cubano, estaremos siempre agradecidos al Che Guevara”.
En tanto, cuando la luz brilló en el horizonte y penetró las ventanas, para  iluminar el vagón, salieron las primeras rondas de mate con pan y jamón. Y un francés, se arrimó a conversar y a degustar del “clásico” mate rioplatense.

-La limosna.
Un hombre que está llorando
con la risa que aprendió.
¿Quién será, quién no será?


Y así, fuimos consumiendo los minutos del reloj y del tiempo, que no fue ameno con nosotros sino un aliado compañero del viaje. Porque el tiempo que es vivido con alegría e ilusiones, se convierte con el pasar del tiempo en un aliado de los recuerdos memorables. Eternos. Que se encarnan en el sentir del corazón y bailan en la memoria que no quiere morir de Alzheimer.

Poesía Adivinanzas (Nicolás Guillén)

miércoles, 5 de agosto de 2015

Estación Santiago de Cuba

Cuando el fin de los tiempos se aproxime,
Y al orbe desolado
Consuma la vejez, tú, Mar sagrado,
Conservarás tu juventud sublime.
José María Heredia

Por la mañana, caminamos hacia la terminal de Holguín para escoger el bus que nos lleve hasta Santiago de Cuba, la ciudad más caliente de la isla y la segunda en densidad de población.


Después de cinco horas, pisamos suelo santiagueño. Y la plaza de la Revolución, junto al monstruoso monumento a Antonio Maceo, fue sorprendente como el intenso calor de la tarde. Pues, desde el cemento, emergía un calor que hacía sudar hasta al más fanático hincha de River Plate.
Y con nuestras mochilas al hombro, caminamos por la Avenida de Los Libertadores hasta la parada de un camión. Nuestro destino era ir al Parque Céspedes, para ubicar alojamiento en el casco antiguo de la ciudad.
Allí, arrendamos un departamento completo por $15 CUC (dólares) la noche. En donde descansamos de manera privilegiada con vista al mar y a dos cuadras del Parque, corazón de la calurosa ciudad.
Justamente, los habitantes viven con orgullo de su lugar y subrayan las influencias arquitectónicas que componen el Centro Histórico y sobre todo, el imponente Castillo del Morro (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO).
Además, de las reliquias urbanas, Santiago (fundada en 1515) es el lugar de donde partió el por entonces alcalde de la ciudad, Hernán Cortés, hacia la conquista de México y fue la primer capital de la isla por la trascendencia de esclavos africanos para trabajar la tierra.
También, nació el poeta José María Heredia, uno de los precursores del romanticismo en la lengua española, y yacen los restos mortales de José Martí,  el Héroe Nacional y el más grande revolucionario y pensador cubano.


Por su parte, el Parque Céspedes, es eje de reuniones sociales cotidianas, donde todas las noches, cuando la temperatura oscila los 30°, la gente se acerca a compartir la música y el ron. Ya que esta ciudad es sinónimo de celebraciones, sobre todo en épocas del Festival del Caribe.
Pues, su proximidad con Haití y Jamaica y otras islas tropicales ha dotado a la ciudad de un espíritu caribeño distintivo que se aprecia en su arte y vestimenta. Aquí, es donde vimos una gran influencia de Rastafaris, dato que en otras ciudades de la isla, no es anecdótico.
Y siguiendo con la historia de la ciudad y de la isla, es trascendental mencionar el “Cuartel Moncada”, donde hoy es un edificio escolar llamado “26 de julio”. Sin dudas, fue uno de los puntos principales que nos llevó a visitar esta ciudad. Aún, se pueden ver los disparos en las paredes y el fallido intento de tomar del cuartel por Fidel Castro en 1953: “Los muros se salpicaron de sangre: en las paredes las balas quedaron incrustadas con fragmentos de piel, sesos y cabellos humanos, chamuscados por el disparo a boca de jarro, y el césped se cubrió de oscura y pegajosa sangre. ...yo sé que sienten con repugnancia el olor de sangre homicida que impregna hasta la última piedra del cuartel Moncada.” (1)

Fuerte es la imagen de lo que fue y de lo que hoy en día representa para el pueblo cubano. La historia, viva en las paredes y en cada niño que estudia en la primaria de este edificio. Nos fuimos en silencio, interpretando que la historia se puede palpar y sentir, más allá de estudiarla en un libro o en una web.
Finalmente, después de tres noches y de caminar entre el gentío y visitar el cine y la casa de la música y el museo del ron y el puerto, partimos como los caracoles con la casita al hombro. Una noche cerrada, nos despidió de la calurosa ciudad. El ferrocarril, era nuestra próxima estación.

(1) Castro Ruz, Fidel (1981). «La historia me absolverá». La Habana: EDITORIAL: Editorial de Ciencias Sociales. ISBN.  

viernes, 31 de julio de 2015

Estación Guardalavaca (un paraíso colonizado)

Esa agua que salta en mi imaginación
es más real que ningún otra
porque baña mi espíritu y me calma.
y es el agua más segura que conozco.
Cuando el ave atraviesa los océanos
no piensa que es tan cruel la lejanía. 
José Lezama Lima

A casi 60 kilómetros de Holguín, se encuentra esta hermosa playa de 5 kilómetros marítimos de mar turquesa. Y hasta allí fuimos, con las palabras de Marcos y Celeste, afirmando esta acción.


Desde Holguín, no hay muchas opciones para llegar más allá que es la urbe más cercana. Una web de turismo cubano, informa que “no hay acceso directo en ómnibus a Guardalavaca desde La Habana u otras ciudades o destinos de Cuba, es preciso viajar hasta la ciudad de Holguín con Viazul o Astros (las principales compañías de transporte por ómnibus, buen confort, aire acondicionado, puntualidad) y desde allí hasta Guardalavaca en taxi (35-40 CUC), u ómnibus locales (estos últimos incómodos, impuntuales, pocas frecuencias).”
Nosotros, no le hicimos caso sumiso a estas palabras y desde Holguín, fuimos en bus hasta la playa. Es cierto, la movida no fue simple pero certera. Desde las dos torres más altas de la ciudad, a 200 metros del estadio de pelota, salen los taxis y las guaguas para esa dirección. 
Desde esta parada, escogimos una guagua hasta Rafael Freyre por $5 pesos cubanos cada uno. Y después de media hora de viaje, hicimos combinación hasta Aguada La Piedra por el mismo valor. Y de allí, caminamos casi 2 kilómetros hasta Guardalavaca.
La caminata, por el costado de la carretera, fue junto a un guajiro a caballo, que nos relató su historia de vida y de los campesinos en época de revolución. El calor, también tuvo un papel influyente, ya que los dedos del sol, disparaban con firmeza hacia nuestros cuerpos.
Finalmente, cerca de las 11 de la mañana, llegamos a Guardalavaca, uno de los primeros lugares visitados por Cristóbal Colón a su llegada a la isla. Que hoy, después de la caída del bloque soviético y la apertura económica, tiene mucho de aquellas épocas de piratas y colonos.
La playa, paradisiaca y con mucha vegetación, es de las más visitadas en la isla y a nuestro entender, la más linda y placentera del viaje. Pues, los bares, restaurantes, hoteles y ferias, son parte del paisaje y ensucian la mirada de los viajeros amantes de la naturaleza.


El regreso a la ciudad, no fue menos trágico que el viaje de ida. Desde la misma playa, hablamos con un chófer y nos subimos a su guagua. Abonamos $1o pesos cubanos cada uno y fuimos sentado en el piso. Mientras que las butacas iban colapsadas de cubanos en fiesta, tomando rhon y gritando y comiendo.

Pero a Guardalavaca, si visitas Cuba, tienes que ir, sea como sea, pase lo que pase. Próxima Estación, Santiago de Cuba…

lunes, 27 de julio de 2015

Estación Holguín (Cuba)

A la lid, holguineros valientes
No temáis del tirano la saña
Ni dobléis como siervos la frente
Ante el déspota inicuo de España
Himno Holguinero 

A las cinco de la mañana, sonó el despertador, y tuvimos que tomar una de las decisiones más difíciles del viaje, que era dejar Camagüey y las amistades. Aunque uno se vaya de la ciudad la energía y el abrazo es eterno. Esa gente linda, de la casa de 3 pisos que supo acogernos, no se olvidarán, jamás.
Y la mochila, pesaba más de lo habitual, por los obsequios recibidos, por los libros de dignidad y por el sentimiento regado. Así, a pasos cansinos, fuimos en busca de la guagua que nos acerque al terminal rumbo a Holguín.


Sin dudas, esas son las situaciones más duras de un mochilero. Dejar el apego y caminar, sin mirar hacia atrás. Porque el presente y el futuro, puede ser aún mejor. Pero, vale aclarar, no olvidar lo vivido, nunca. Justamente, es el aprendizaje del viaje. Es lo que buscamos en cada paso que damos.
El bus, hizo su trayecto, besando las hiedras del suelo cubano. Hasta llegar a la ciudad de Holguín, ciudad histórica del siglo XVIII, fundada en 1545 y tierra del Mayor General Calixto García Iñiguez.


Yohan, nos había comentado que íbamos a la Ciudad de los Parques y no se equivocó. Una vez en la terminal local, tomamos una guagua para acercarnos al centro histórico de la ciudad y bajamos en el parque Calixto García (ex Plaza de Armas). Donde se encuentran el Museo Provincial La Periquera, Monumento Nacional; la Galería Ballado, del Fondo Cubano de Bienes Culturales; el Cine Martí, la Casa de la Cultura, la Casa de la Trova y el teatro Guiñol. 

 A dos cuadras de allí, nos hospedamos por $12 CUC la noche, en una habitación de casa de familia. Y en este hospedaje, pasamos dos noches, en donde recorrimos la ciudad en todas sus latitudes.
En donde disfrutamos de la tradicional “noche holguinera” cerca del estadio de pelota. En la avenida XX Aniversario, los preparativos desde temprana hora, auguraban una linda jornada de música, tradición y comida.
Después de las nueve de la noche, caminamos hacia la avenida y Holguín estaba de fiesta. Parecía un carnaval. Alegría, bailes, actividades recreativo-culturales y variadas ofertas gastronómicas formaron parte de un conjunto de acciones que disfrutamos en plena cielo cubano.